Asfixia

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Il Yous Aime, c’Est un Secret – David Graux

Era de noche. El asfalto mojado evidenciaba que en algún momento algo de lluvia otoñal había caído durante el día. Los vehículos largaban vapores y smog. Ella se acercó a un auto y como si supiera abrió la puerta del acompañante. Sin entrar totalmente le preguntó al señor si necesitaba una acompañante. El señor en cuestión tenía sus piernas inhibidas, no así la parte superior de su cuerpo. Algo mayor, su cara denotaba confianza.

La respuesta a semejante pregunta fue que no, que aún era temprano para la satisfacción de algunas necesidades. Ella insistió en que podía conseguir buena mercadería y allí es cuando se sentó definitivamente en el asiento de acompañante.

Un diálogo sub realista comenzó. La mujer hizo lo de siempre, preguntar y escuchar. Geisha de las palabras y del oído, se aprestó a dar consuelo espiritual a un desconocido que lo necesitaba. El interpretó las cosas de distinta manera, tomó su cabellera fuertemente y llevó la cabeza de ella a la entrepierna.

Por un momento la mujer se sintió asfixiada. Con su cara entre las piernas muertas logró liberarse de la atadura, salir del auto y correr, tanto que entre la asfixia inicial el esfuerzo para correr era terrible…..

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Et Perle la Pluie – David Graux

Como quien está enterrado bajo tierra, sin aire ni protección entre el cuerpo y ésta, la mujer abrió su boca desesperada, se destapó y un vacío entre el pecho y la parte abdominal le indicó que se había dormido y que todo era una pesadilla.

Tal vez estuviese muerta y aún no se había dado cuenta. Entró en la ducha, higienizó y perfumó su cuerpo y salió a la calle. Tarde lluviosa de otoño. Sin casco atravesó la ciudad en moto y llegó a destino con su cuerpo frío y húmedo.

Abrió la puerta del departamento. Un fuerte aroma a cigarrillo invadía el lugar. Lo miró a los ojos. Se aproximó a saludarlo y su boca húmeda se apoderó de ella. Mate por medio se dedicó a escucharlo y comprenderlo. Era como un niño frente a ella, un niño enamorado de su maestra, pero sin manzana roja para ofrecer.

Luego de la charla y las sugerencias la pasión se encendió al lado de la cocina y su llama llegó hasta la habitación. Entre las sábanas, la asfixia….de correr ni hablar.

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