Un millón de veces absurdo

Absurdo por una vez – Kate Nelson

Estoy sumamente cansada. Si te caes siete veces levántate ocho dice un proverbio chino que ahora está identificado en el Facebook dentro de las frases que Mafalda larga al azar. Si el principito estuviera en este planeta despotricaría contra el comportamiento de las personas mayores, es que acaso me he convertido en una persona mayor y no alcanzo a distinguir un elefante dentro de una boa?

Hay hechos que surgen de la nada y caen sin saber cómo ni porqué como bombas, y no se pueden cambiar, no puede hacerse otra cosa más que esperar. Ahí es donde me cuestiono si mi vida anterior fue muy monótona y aburrida o estaba piola. También me recuerdo esa maravillosa frase: ojo con lo que deseas.

Mi vida es un tobogán en donde no alcanzo a caer nunca, como en los sueños. A veces el período en el que me deslizo es largo, placentero y nada mejor como la brisa suave de otoño que acaricia mi cara.

Aquí debo hacer una breve interrupción, dado que he salido con una amiga, y me ha dicho lisa y llanamente que estos períodos de calma aparente van a desembocar en otra cosa. Sin ser Arjona me dijo te conozco, y seguro que tiene razón.

Volvamos.

Otras veces, la rectitud de la pendiente del tobogán hace las cosas sumamente vertiginosas. Vértigo. Creo que nunca me acostumbraré al vértigo. Tranquilidad, creo que nunca me acostumbraré a estar mucho tiempo tranquila. Un escozor me agarra cuando tanta paz torna las cosas monótonas, en cambio mi corazón suele palpitar desesperado cuando siento que la cuerda se corta justo al borde del precipicio. Es una nueva adicción o sólo el síndrome de la gata flora?

Es así como estando en una situación de desea estar en la otra y viceversa. Es así como hay épocas en donde uno dice estoy tranquilo, nada me conmueve lo suficiente como para empañar, renegar, despotricar. La vida es rosa. Pero tanto rosa…. Aburre. Ja Ja.

Mi vida actual y mi vida anterior de ser niña tienen una afinidad: lo desconocido y las supersticiones.

Kate Nelson

Ustedes dirán que a esta mujer se le chifló el moño definitivamente. Pero déjenme explicarles.

Cuando uno vive en una zona de vértigo, digamos un campo minado que tenemos que atravesar caminando, que empieza a hacer? Sabemos que debemos atravesarlo sí o sí porque no podemos volver para atrás. Si nos quedamos parados nos deshidrataríamos y moriríamos, entonces no queda otra que mirar al cielo pidiendo gracia divina y caminar hacia adelante.

Con los primeros pasos descubrimos que ciertas actitudes corporales nos ayudan esquivar las minas. Pero de pronto un cambio de postura, un paso más corto, un error de cálculo nos pone inmediatamente frente al peligro. Alcanzamos a sacar el pie pero la explosión deja sus secuelas y terminamos heridos.

Estas cuestiones son terribles. Empezamos a analizar los posibles lugares en donde supuestamente se encuentran las minas, la forma de caminar nuestra, la posición de las manos, si pestañeamos muy seguido, etc, etc.

Ahí es donde aparece el cuco de las supersticiones. Qué pasa cuando luego de que a las mismas acciones obtenemos los mismos resultados negativos al cuadrado? Pues dejamos de hacerlas. Pero cuando esas acciones son cosas pelotudas ahí entran a jugar los pensamientos irracionales sobre la relación entre el efecto de vestirse de rojo y por qué de eso resulta un mal día.

Cuando yo era chica, había quilombo en casa día por medio. Como buena niña que era y no escapando al comportamiento infantil casi normal, yo me echaba la culpa por ello. Para hacerla corta, yo había creado ciertas supersticiones. Si ponía la mesa de tal manera, si respiraba con pausas de un minuto, si hablaba lo necesario, si ese día me ponía un color de ropa que no llamara la atención, si dormía boca abajo en vez de boca arriba, si, si, si, entonces no ocurría nada, no había brotes, no discusiones. Pero cuando me relajaba, me olvidaba del ritual, entonces empezaban los problemas. Es absurdo pensar que cualquiera de estas cuestiones pueda tener una base científica, cuerda o que merezca siquiera charlarse en un café.

Hoy me encuentro en la misma situación, buscando comportamientos similares que desaten tormentas. Será el perfume? El color de ropa que me puse ese día? Que cambié el ringtone del celular? Que me puse otros aros?

Será el absurdo.

Que el final de esta historia,

enésima autobiografía de un fracaso,

no te sirva de ejemplo,

hay quien afirma que el amor es un milagro

que no hay mal que no cure

pero tampoco bien que le dure cien años;

eso casi lo salva,

lo malo son las noches que mojan mi mano.

Sin Tu Latido – Luis Eduardo Aute


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4 comentarios en “Un millón de veces absurdo

  1. Aunque te tengo un poco abandonada, te estoy acompañando en el tobogán de al lado…..me doy cuenta de que se trata…y si es verdad..ojo con lo que se desea….a veces se puede cumplir…

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  2. Si te dijera que todas esas cosas extrañas están dentro de lo normal…
    ánimo y adelante.

    (Me encontré con una entrada tuya del año pasado, mientras buscaba algo de Miguel Hernández para hacer referencia en mi casa; y me gustó)

    Besos.

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  3. Hola!!Encontré este sitio buscando info de Fader(el pintor)Cosas de la vida no??Buscamos algo y encontramos otra…dicen que la curiosidad mató al gato por suerte yo no lo soy…jeje Por eso e puse a leer.Y me sentí identificada con vos por dos cosas: una porque también a mi me dicen perra…(es una larga historia..)y la otra porque tus palabras se parecen mucho a las mias…te dejo un saludo y espero poder llegar a conocerte más…

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