No estamos eximidos



Danae  – Gustav Klimt

Ser huérfano, eso me exime

Nací no sé de dónde

Y vivo no sé por qué

Estoy eximido de añorar

Porque no tengo recuerdos

Y el futuro aún está por llegar

Soy huérfano, eso me exime

De ver envejecer mi espejo

De escuchar testamentos

De apilar fotos

Vivo aquí pero no ahora

Todavía no empecé la hoja

Y el futuro está por llegar.


The Maiden – Gustav Klimt

Todo está por llegar, incluso,  a dónde deseábamos llegar y llegamos es un destino no reconocido por nosotros. De pronto llegar se parece cada vez más al “puse rumbo al horizonte” del Nano, una travesía de nunca acabar. No porque nos entretenga algo más en el camino, o porque el trayecto haya sido largo. A veces ocurre que ese trayecto es tan movidito que cuando llegamos decimos ¿para esto he pasado por tanto? Otras,  las expectativas realmente eran de película, inaceptables salvo para un argumento de ciencia ficción.

De lejos se ve más claro a veces y otras se ve más fantástico de lo que es.

Irma es una mujer mayor, matriculada, con un alto nivel cultural e intelectual. Tuvo la posibilidad de trabajar en diferentes puntos del mundo, y también la posibilidad de anclar luego de tanto vagabundear, en una aldea con playa durante diez años. Con tantos puntos cardinales se me ocurrió sugerirle que escribiera, si después de todo hoy en día uno de los best sellers por estos días es una narración de un año sabático viajando por tres países distintos.

Y me dijo que no valía la pena hacer un libro de relatos de viajes. No, claro que no. Entonces recordé que el paraíso se lleva con uno, primero; y segundo que de afuera todo se ve más sabroso sobre todo cuando resalta la diferencia de una persona que puede hacer relatos de viajes, mundos, costumbres; y de otra que no ha salido más lejos que doscientos kilómetros a la redonda. Pero si la segunda –insisto- tiene el paraíso consigo y esa capacidad de saborear la vida que uno no tiene aún tomando un café en alguna callecita francesa?

Se por haber visto en los ojos de Irma que su vida fue y es apetecible, pero también que a veces magnificamos nuestras propias faltas de experiencias, olvidando el detalle.

La cosa es que un día nos decidimos, ponemos la mira en el objetivo. Otro día llegamos, y el caso es que cuando llegamos no disfrutamos, no tenía tantas luces y colores como esperábamos. Si era amor ya no se sale el corazón por la boca, si era trabajo ya no entusiasma tanto y se convierte en rutina, si era un viaje a un lugar soñado nos damos cuenta de que el cielo es el mismo que el de nuestro pueblo, y que nuestro estado de ánimo puede desteñir hasta el océano más turquesa.

Tenemos tantas cosas por arreglar que no sabemos por dónde comenzar. Estamos inapetentes por un lado y por el otro ávidos de nuevas experiencias, pero no movemos. Nos subimos a cuanta cosa termine en autoayuda hay, hacemos diván, pilates, yoga, comemos chocolate y salimos a correr, tomamos yogur, hacemos el amor –o tenemos sexo como quieran-, leemos alguna frase motivacional y seguimos esperando que algo de todo eso haga su efecto.

Son tantas las personas que lo consiguieron o que aún sin haberlo conseguido –ni Dios sabe qué es lo que hay que conseguir- dicen cómo conseguirlo que ya estamos mareados. Que lo del librito no concuerda con lo que dice el psico, que la religión menos concuerda con nada, que el agujero espiritual no se llena con ningún residuo, que es tal el mambo, que no se sabe quién empezó. Porque según tal o cual estudio sociológico la culpa es de los padres, o de las mujeres que se independizaron, o de los hombres que se feminizaron, o de las computadoras, o de los juegos de guerra, o del gobierno, o de los precios, o porque cada vez hay más homosexuales y que no hay hombres. Y siempre hay una explicación para todo, y demasiadas explicaciones para una sola cosa.

Y por su puesto yo no tengo la respuesta a tanta cosa complicada. Porque el amor llega pero hay que alimentarlo, los hijos vienen pero hay que cultivarlos, los años pasan y no hay que quedarse. Somos todos huérfanos llevando a cuestas nuestro propio manual que vamos adecuando según las circunstancias.

Y tal vez, después de tanto mareo, llega Juan, o María y te miran con esos ojos profundos y serenos, con esa actitud despojada y sencilla, y te dicen que la vida es y punto, sin rollos y sin mambos.

Adán y Eva – Gustav Klimt

No te podés perder es fácil

Del vientre saltás al piso

Previo paso por brazos

Y cunas mecedoras

Del piso al pupitre

Y del pupitre

Saltar sembrando vientres

No te podés perder

No queda otra que avanzar

Que mecer, que caer

Que morir y renacer.

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