Vaivén

Lit et Deux Tables de Nuit Salvador Dalí

Me senté a escribir y de pronto todo parecía una porquería. Muy empalagoso, muy autoayuda, muy personal, muy impersonal. Sería que hoy me levanté despeinada, y olvidé ofrecer esa sonrisa especial que tenía guardada para salir de casa.

Si bien el corazón estaba manso y en paz, la noche me sorprendió con una sobre actividad cerebral, mental, diabólica, mirando como la noche daba lugar a la luz del alba y se llevaba consigo las horas que podrían haber significado mi descanso.

La última copa de vino que bebí junto con mi comida “vianda a domicilio”, no alcanzó para acallar los murmullos que desde algún lugar venían fastidiosos e insistentes. Me estaría convirtiendo en la típica mujer que se acuesta con el pote de helado a llorar frente a películas románticas?

Ya no importaba cuánto escribiera, cuánto limpiara o me ocupara, o trabajara, o caminara perdiéndome entre la gente en el centro. No había lugar en el que pudiera escapar de mis propios pensamientos que no hacían más que preguntar: y ahora qué?

Por primera vez no quería huir. Eso era bueno. O no?

 

Nada de rutas anónimas y kilómetros gastados para irse lejos de uno mismo. Buen intento para otras ocasiones similares, malo para el bolsillo, inútil para el alma, sabiendo que nos persigue a todos lados y será nuestra sombra aún en la noche.

Proyectos dispersos sobre mi mesa de trabajo me daban una perspectiva distinta de hacia dónde iba. Tal vez no estaba evaluando bien la situación. Las afirmaciones que había hecho apenas en agosto, llegaron a la costa en diciembre, muchas o pocas horas, depende, pero estaban materializadas y yo ahí, viendo qué hacer con todo eso.

Si, hoy me levanté sin mi mejor sonrisa, un día gris que podría convertirse tal vez en otro color con un poquito de onda.

La noche me encontrará conmigo misma y con otra copa de buen vino, buscando el sueño reparador o al menos un turno para firmar un contrato con mi mente, uno en el que yo me comprometa a escuchar durante el día y ella a callarse por las noches.

 

El “Mirage” Salvador Dalí

 

“Tu caricia no me afecta,

yo la puedo tolerar,

sin mover una pestaña,

sin parar de controlar


cada cosa que digo,

ningún gesto de más,

de lo que pase aquí dentro

no te vas a enterar.

Él desgrana moralejas

y analiza el porvenir

está jurando que la quiere,

que no se va a repetir.

No me rindo tan fácil,

ya me supo doler,

no me cuentes el premio

que no voy a caer.

Ya no más de tu vaivén,

no ves que ya está,

no tiene revés.

Ya no puedo recobrar

aquella emoción.

Se desdibujó”.

Vaivén – Jorge Drexler

 

Femme – Salvador Dalí

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