Entre hojas

Sandra Bierman – The garden of Eden

 

Mi patio ya está cubierto de hojas, algunas se escapan por debajo de las puertas, no importa si es la puerta trasera o la principal. Se cuelan sin permiso afirmando su presencia. Cariñosamente las devuelvo a la vereda, sin preocuparme por erradicarlas.

Creo que mis vecinos me miran mal por no juntarlas, y  de sumar adeptos iniciaría un movimiento “pro no quememos las hojas en otoño”. Cierro la puerta antes de que alguno me pida que me sume al exterminio y vuelvo a mis pensamientos.

Mientras espero que el resto de mi piel caiga junto a los recuerdos que golpean cada tanto insistentes por volver, trato de cerrar el paso a la incertidumbre, y caigo en el devaneo de relatos ajenos.

La nada aparentemente espera en el horizonte, y yo busco en los detalles diarios una chispa, un pétalo de rosa caído en la vereda o un destello en los ojos de alguien. Niego los lugares donde he amado como si nunca hubiesen existido, en un intento más por eludir el fracaso y aceptar lo inevitable.

Ante tanto vacio aparente, los cajones se van llenando de nuevas citas y frases, música distinta acompaña las horas, y por qué no alguna lectura que certifique que al menos en el papel tipografiado todo puede ser distinto.

Más de lo mismo: un amor inalcanzable para mortales terrenales se dibuja en las primeras páginas del libro decorado por círculos irregulares de varios colores. No me castiguen, fue compra compulsiva alguna tarde de sábado. En el relato ellos son hermosos –claro-, él deslumbra, ella seduce. Infaltable resulta en una buena narración que alguno de los dos dude, o haya tenido otros planes hasta ese momento, que tal un novio?,  que la vida y el corazón den un vuelco al unísono mientras ambos se mecen en alguna embarcación que se dirige hacia el atardecer del final de la vida tal y como era hasta ese entonces.

El amanecer resulta hermoso mientras ambos sortean los primeros obstáculos y saltan de las dudas a las certezas de saberse en casa.

 

Sandra Bierman – Expectations

Pero si esta fuera toda la novela, dejaría de ser tal para transformarse en un simple relato de la vida cotidiana de “dos” que se enamoran y creen que están tocando el cielo. O lo están tocando?

Por esta cuestión,  por marketing, porque escribe bien, por suspenso, porque hay que completar unas doscientas hojas para que sea novela, porque el amor si no duele en algún momento no es tal, y por otras cosas que desconozco, la fatalidad llega a mitad del libro, para sumir la historia en la desesperación de lo que parece perdido.

Golpe bajo, idealización, martirio y la pregunta: hasta dónde puede llegar uno por amor? Bueh, en un libro hasta el infinito.

Luego de un final feliz y esperado, con mis ojos secos –no se entusiasmen que no lloré- y habiendo adelantado alguna que otra página, vuelvo a mirar el patio. Ese mismo donde una vez iba a poner un banco de madera, como el de las plazas, para hacer lo mismo que estaba haciendo hasta hace un rato pero al lado de la ventana.

Por más que buscara el banco no estaba allí, ni yo en éste. Si seguramente enterrados en algún lugar, tal vez al lado del farol, media docena de proyectos que se esfumaron junto con un amor desgastado.

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