La pava

Baltus – Girl and cat

Dejé el zaguán detrás de mí, sintiendo la puerta arrastrarse pesadamente

mientras emitía el mismo quejido de todas las mañanas.

No quise quejarme yo también, después de todo ya estaba libre,

caminando bajo la sombra pobre de los sauces que lloraban sobre la avenida.

Un rato antes la había ligado la pava, la de acero inoxidable,

que hueca de agua temblaba sobre la hornalla.

El último grito que escuché antes de lanzarme fuera contenía varias veces la palabra pava,

por lo que supuse que ésta y yo teníamos el común no sólo el nombre

sino también tanto vacío en la panza y en el alma.

Al cruzar las vías, en la plazoleta de las dos hamacas,

me encontré con otra cara joven ajada. Juntas caminamos hasta la escuela,

en donde en una carrera de obstáculos saltamos airosas todas las burlas.

En el salón, el chillido de la tiza dictatorialmente afirmaba:

Hoy es un día soleado.

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