Un día perfecto

Carl Larsson “Sunday Rest”

Madrugada. Mis pies descalzos yacen sobre el piso de la cocina. El alba se ciñe sobre los álamos dispuestos en hilera al borde del canal. Mis pies que despiertan con el frío de los mosaicos y de allí en más, todos mis sentidos se van alertando. Sentí su olor, antes siquiera de verla: la reina de la cocina. Mi estomago crujió de satisfacción pensando en el mediodía y en un plato humeando el verde aroma de la albahaca.

Los utensillos forman un coro de ruidos: la pava, la cucharita contra la taza, los leños de la cocina, tapas y tapitas, tarros, sillas corriéndose, risas y manos buscando el azúcar: arena blanca y dulce, brillante y fiel compañera del mate, ensaimadas y quemaditos, alegre transporte de hormigas trabajadoras.

Llega la hora del recorrido por la quinta, frutos maduros, aguas, surcos, semillas de futuros manjares, me acompañan un sequito de mascotas mientras yo la busco con su piel rugosa pero suave, y la encuentro radiante a punto de caer de su rama. Dócil la mandarina abre y muestra sus gajos, siento su elixir deslizarse por mi boca y muero de amor.

Walter I. Cox “Wine for Two”

Ya de vuelta, la sombra del alero me atrapa y me acuno en la hamaca, mientras mi vista juega con los colores del piso, mosaicos con cuadros y triángulos caprichosamente alistados. Me paro, me ubico y voy caminando por una hilera saltando de dos en dos como cuando era chica y acortaba el camino hacia la escuela.

Los carrillones suenan, la noche cae rápidamente en un manto opaco y denso. Me despido del día con un breve recorrido hasta el molino, mientras las primeras gotas castigan de a poco mi espalda y recuerdo al paraguas inútil e incapacitado por mi eterno olvido, abandonado en el perchero de madera al lado de la puerta.

Ya vuelvo, y me seco al lado de la salamandra. La lluvia sobre el techo de chapas arma un soneto perfecto, me adormezco, y doy un sobresalto cuando tus labios se apoyan sobre mi frente: “-Ya es hora querida”.

P.D.: muchas veces no incluyo todos los apuntes de taller en mi blog, por la sencilla razón de que muchos son ejercicios con palabras, y juegos y demás yerbas que quedarían muy colgadas. Este apunte de taller, en especial, fue muy reciente. Dejando de lado el nivel de escritura que es muy discutible y amateur, marca otro pulso ajeno a las letras: el nivel en el que la que escribe se encuentra. Por eso quería compartir esta postdata, porque al terminar de leer el relato de este día, había compartido no solo un pequeño sueño escrito en papel, sino un estado de ánimo: para soñar hay que estar bien, o al menos no lo demasiado apesadumbrado como para no ver lo que deseamos. Ese es el día perfecto.

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