Déjà vou

Everett Raymond Kinstler “High Noon, Maine”

Volvió aunque se había jurado y perjurado no hacerlo.

Volver es a veces como repetir de año, tener nuevamente el nuevo profesor, conocer todas las marcas en los pupitres, retroceder, girar la cabeza hacia atrás, desandar el camino, estudiar nuevamente esa materia odiosa, meter la pata en el mismo hoyo fangoso, salpicarse, escuchar la misma melodía.

Un Déjà  vou constante, esa locura cíclica de dar vueltas a lo vivido.

Volvió luego de un poco más de trescientas noches,  un poco menos de doscientos días lluviosos, un poco más de trescientos perdones y menos de dos mil lágrimas contenidas.

Pero volver a cursar requiere de manos cálidas, de un corazón candente y ojos abiertos y luminosos, para que con paciencia infinita acaricien los bloques de hielo hasta convertirlos en mares.

Se arriesgó.

Y cien días después de las trescientas noches, comenzó a surfear entre las olas de las nuevas oportunidades.

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