Jugando

Rayuela – Sabrina Dieghi

Entramos al banco totalmente desganados.

Una siesta menos y una cola más.

Calculamos que teníamos por delante noventa minutos de mansa espera. En un acto de pesimismo multipliqué mentalmente nueve personas por diez minutos de atención personalizada cada uno divididos por un solo cajero.

Maldije inmediatamente no haber llevado un libro.

Mi primera reacción alentada por la resistencia de mis piernas a permanecer paradas fue ocupar una silla, cuestión que duró la nada misma cuando la conversación de mis vecinos ocasionales sobre la insegura y desalentadora actualidad me espantó y volví a mi puesto en la cola junto a mi compañero.

Luego de dos o tres comentarios de rutina y un cliente que había superado ampliamente el promedio de tiempo estipulado, saqué lapicera y papel dispuesta a asesinar a los minutos que teníamos por delante.

¿Jugamos al ahorcado?

Y así cayeron minuto tras minuto, robando palabras como prohibido, perjudicial y aguarde de los carteles aledaños.

Tal vez me tendría que haber esmerado y en vez de prohibido, poner alguna palabra como otorrinolaringólogo o parangaricutirimicuaro. Pero qué más daba?

Al final no habíamos matado noventa minutos, sólo los habíamos hamacado un poco entre risas y errores hasta que se fueron volando.

P.D.: y si en lugar de colas con divisiones a los costados hicieran en los bancos una Rayuela? Llegaríamos al cielo!!!

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