“Conozco a un hombre y lo amo.”

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Eugene Monks

Las historias de amor deberían de poder narrarse en una sola oración:

“Conozco a un hombre y lo amo.” “Conozco a una mujer y la amo.”

Simple, sencillo, devocional, inspirador, armonioso.

Amo. En esa palabra diminuta de tres sílabas está el secreto de todo. Sí, de la felicidad también. Amar y ser correspondido, desear a diario el bienestar de esa persona.

Según Cyrano de Bergerac “El amor es la pasión por la dicha del otro.”

Si todo fuera tan sencillo, los psicólogos, parapsicólogos, tarotistas, videntes, laboratorios fabricantes de psicotrópicos y aledaños estarían en la lona o al menos con un ochenta por ciento menos de lucro. Estarían cesantes. Exagero?

Es cierto, miles de personas son infelices crónicos, algunos con excelentes expectativas de vida y de curarse, muchos no verán la luz. Se puede reducir un poco tanto cataclismo con amor?

Lo mío es la utopía, lo admito. El amor cuando termina lo hace contaminado con cuestiones terrenales, absurdas. Es como echarle agroquímicos a las verduras de la huerta. Es juntar el cielo con la materia.

Pero la utopía rompe corazones. Los soñadores son los primeros en fallecer de amor. El corazón se quiebra, se derrama, hace implosión y arrasa con la vida tal como la conocemos. Y la oración pasa a ser: “Alguna vez amé a alguien que conocí.”

“Conozco a un hombre, hoy o ayer. Hoy y ayer. Qué más da.

Escucho su respiración por las noches y rezo por él, para que viva una eternidad respirando al lado mío.

No dejo de olerlo ni de mirarlo. Lo escucho aunque se me va la vida en ello.

Mientras el tiempo transcurre, quedamos congelados en instantáneas Polaroid. Y somos felices.

Nos reproducimos, enseñamos, trabajamos y nos decimos buenas noches con las piernas entrelazadas y cansados.

Tenemos sueños y los escrituramos mientras el polvo del piso es barrido hasta debajo de la cocina. No sé quién o qué muere, pierdo el instante y la noción.

No quedan rastros del arma asesina. Bailamos en la cocina, pido perdón, pago las facturas, redacto el epitafio y me declaro asesina, no sin antes pedir un último baile, mi amor.”

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