Absurdas rendiciones

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Leo las frases ajenas de amor y desamor. Creo que las segundas ganan en adherentes y adeptos. Hay más gente viviendo el pesar de un desamor que moscas y mosquitos en una laguna durante el verano.

Las frases hablan de destiempos, de desencuentros, desengaños, y cualquier otra palabra que comience con des.

“¿Por qué no nos conocimos antes?” “ ¿Por qué no nos conocimos después?” “Ojalá nuestros caminos hubieran terminado juntos.”

El desamor se alimenta con el tiempo que juega en contra, uno de los dos que no juega, o la cobardía de no jugársela. No hay palabra que rime más con amor que juego, sino pregúntenle a Sabina.

Algunas otras palabras las he olvidado, tal vez porque araño las paredes con tal de  no sentir ese vacío expectante del desamor que carcome hasta las células. Prefiero la nada misma al desamor o irme a otro planeta inexistente aún, convertirme en  El Principito y preocuparme sólo de contemplar a la rosa. O por qué no quedar suspendida entre Marte y Júpiter, con un hermoso traje de astronauta y chupando una sonda para alimentarme. O simplemente sentarme al sol, al fondo del patio, meciendo mi alma, acunando los sueños y recomponiendo soledades; mientras tejo una manta infinita como Penélope. Excusas miles para esperarte.

Llevamos tantos siglos de frases y poemarios dedicados al tema que pareciera que no queda más nada por decirse. ¿O cada amor trae la impronta de nuevas palabras con nuevos significados?

Todo lo que quería decirte ya lo ha escrito otro, ya lo ha cantado alguno, ya han rasgado las cuerdas de aquella guitarra con nuestra melodía. Incluso tu piel de lejos se ve surcada por millones de caricias en las que otros han puesto sus esperanzas. ¿Cabrán las mías?  ¿Qué habría de novedoso en mis caricias? Yo tan lejos y con nada que decir.

Ni siquiera la frase “ojalá te hubiera conocido antes” cuadra.

Es que te conocí antes.

El destino se ríe de nosotros, igual que se ríe de los que retuercen abandonos y cuentan los días, como si ese contar apaciguara la ferocidad de los sentimientos de los dolientes.

Te conozco desde casi siempre, vaya novedad, como quien se conoce de otras vidas, pero en realidad sucedió en ésta. ¿O será de los sueños tal vez?

¿Realmente circularemos juntos en espiral una y otra vez hasta completar redondos, cuadrados y hexágonos? No estoy segura de querer padecer ni siquiera otras vidas. Hoy estoy tan cansada que ni siquiera me reconfortaría una taza de chocolate caliente.

Mientras,  afuera, en el resto del planeta, los hermosos siguen soñando y sembrando este universo de frases célebres y tiernas palabras a sus amorosos y a sus desenamorados, reclamando territorios que alguna vez pensaron suyos. Ese es el error, creérsela e intentar plantar bandera en otros cuerpos, asfixiando almas que nacieron libres.

Ahora que ya he vuelto a los lugares que amé sólo para constatar que de mis huellas no queda nada; ahora que me encuentro a la vuelta de la esquina, distraída entre el canto de los pájaros y negándome a deshojar las  margaritas del cantero de la vecina del frente; ahora que aún me asombra la vida –por más que lo niegue- y que ya he dejado de pedir.

Ahora que aún te sigo soñando, aunque me tome estos cinco minutos tan necesarios para actuar esta rendición absurda en donde todo es  mentira.

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