Entre líneas

Eric Kellerman

De pronto me puse a divagar, estoy sola, lejos de casa, cerca del agua, lejos de las comodidades. De pronto lo único que tengo para escribir son las hojas de un libro que estoy leyendo. Cómo sería escribir entre las líneas de un libro?

Opción A: atenerse a hacer apuntes sobre los párrafos leídos. Corchetes, párrafos subrayados, marcador flúo, resúmenes de coté, signos de exclamación e interrogación.

Opción B: ignorar totalmente las letras, las palabras, las líneas, escribir cruzado, atravesado, cortito en los márgenes, un poco más largo en el pie de hoja, hacer nuestra historia, ignorar lo escrito.

Si el libro fuera muy bueno –la discusión sobre qué es un libro bueno o malo no es tal, para gustos los colores-, en la primera opción estamos a salvo, escribiremos sin peligros, sin tropezar y sin pensar mucho, quitando un poco de aquí y de allá. Lo más osado que podemos hacer es ser un poco críticos, pero ningún intento por tirarse de un renglón o de una hoja. Eso sí, un futuro lector podría tener prejuicios si comienza a leer nuestras anotaciones, podría gustarle lo mismo que a nosotros o pensar lo mismo, después de todo así es como se forman las masas uniformes, uno piensa en blanco y todos los demás dicen “si qué bueno! revolution!”.

Para la opción B da igual la calidad del libro o su contenido, si está en nuestro idioma, si lo entendemos o no, si nos aburre o nos da risa. Acción desopilante la de escribir en un libro de algo que el propio libro no trata. Qué diría el futuro lector del mismo? Optaría por el libro o por nuestros apuntes? Nuestra lapicera se volvió loca y atrevida, desordenada, acalló las otras voces y se hizo protagonista. No copió frases ni palabras, las inventó todas. Pero también cometió errores. Y es ahí cuando nos preguntamos cómo llegamos hasta ahí?  Igual a no ponerse mal, ya es imposible volver atrás, tachar sería una locura, arrancar las hojas estropearía todo el lomo y atentaría contra la cordura de las otras hojas.

Entonces daremos vuelta la próxima hoja, y zigzagueando veremos cómo salimos de tal embrollo. Algunos a hacer como si nada, otros a empezar de nuevo, otros a explicar lo inexplicable, pero todos indefectiblemente a seguir para adelante. Y así llegamos al lugar en donde daremos el gran salto, la consumación, el final. La última hoja en blanco es el broche de oro para una línea o unas cuantas y de allí el gran salto a otro libro,  o aún mejor: a una hoja en blanco.

Eric Kellerman

“Sabes,

el geranio ha florecido

en mi casa.

Sabes,

sabes que cada mañana

el amor se levanta.

Sabes,

las lágrimas, el tiempo

las arrastra.

Sabes,

después del invierno

nace la primavera”.

Sabes – Joan Manuel Serrat – Fragmento

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