Mail-support

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© Rob Bremner

Señores de Gmail:

Les escribo porque estoy interesada en recuperar correo personal que en su momento se intercambió desde este correo en cuestión con el propietario de la dirección nn@hotmail.com.

Los correos datan de cinco años a esta parte. He tratado por las vías normales y en su momento los recuperé. Pero en un rapto de violencia y despecho tecnológicos los volví a borrar. Y luego los hice desaparecer de la papelera, de enviados, de guardados y de todo resto de ciberespacio con el que me crucé tan inoportunamente.

Entiendo que a ustedes los problemas personales de los cibernautas les importan un pito. En realidad la falta de esos mails no es un problema, sino que es una cuestión de recupero de bienes personales. Si es que al correo entre dos personas que se conocieron antes de ayer –alrededor de los años 80- se le puede llamar bien personal.

Entiendo que la inteligencia artificial estaría dando pasos agigantados hacia una comunicación más eficiente y cercana a la humana. Pero de todas maneras no nos estaríamos entendiendo.

Vuelvo a llenar el formulario y la respuesta sigue siendo la misma: un frío formulario en respuesta del anterior formulario intitulado “Notificación de Gmail sobre tus correos desaparecidos”. Que vuelva a cambiar la contraseña y a revisar la configuración de privacidad.

Es cierto. Cuando los borré alegué que no hay que hacer acopio de cosas del pasado. Pero bueno, yo soy cosa del pasado, si nos ponemos a evaluar que nací en los 70; y no por eso me envío a la papelera de reciclaje.

Creo firmemente y en defensa de mi actitud arrebatada, que un amor imposible y epistolar es un bien personal. Yo diría que dos personas que se quieren pero no se atreven a concretar son un baluarte; digamos que merecerían ser nombrados patrimonio de la humanidad. Una humanidad en donde la gente se escribía usando tal cantidad y variedad de  palabras, de manera tan extensa, que el Diccionario de la Real Academia Española amanecía feliz y chocho de la vida. Nada de microcuentos ni relatos breves.

Y es ahí donde está el punto sobre el recupero de esta correspondencia electrónica: apostar a que lo escrito pueda convertirse en promesa y proeza, ya que el tiempo aún no da su veredicto, no termina de desgastar ni de encender, ni de acelerar o de parar. Que para que sea loable, para que deslumbre, debería quedar una situación material que determine que: Pucha!!!: estos dos sí que fueron aguerridos e insistentes; aunque nunca ninguno se atreviera a dar el primer paso.

Dale Gmail, vos podés.

Patricia Lohin

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