Incentivo docente

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© Mauro Macchioni

 

Te estaría necesitando –como odio la palabra necesitar- como incentivo docente. Esa cuota extra que se pagaba en la boleta de impuestos inmobiliarios y que a algunos les servía para algo; poco, chico y  diminuto, pero algo.

A mi me serviría hoy tal cuota. Tal ves para comprar un chocolate aireado que endulce un poco el paladar ante tanta miseria “infraurbana”.

Necesito tu incentivo. Lo niego y a cambio me disfrazo de payaso, de bailarina, de entretenimiento. Me río con tus chistes y asiento cuando es algo serio. Por aquí no pasa nada. Sólo soy una máquina expendedora de “oíres”.

¿Durante cuánto tiempo estará bueno -digo yo- seguir haciendo ésto?

Si a mí si me pasa de todo y vos no preguntás.

Soy  una tormenta enfrascada, que no encuentra la salida, y por ende no tiene resolución.

Una convulsión que no se detiene, la calma que no llega. El sol que se esconde y aún así sigue siendo de día. Furia e impaciencia contenida. Cansancio crónico por lo que deja de brillar y se vuelve obsoleto, inevitablemente, con el desgaste del tiempo. Vos estarías siendo obsoleto. Seguramente yo también esté para el desguace.

Pero no te lo digo. Temo decirlo y ser ignorada.

No quiero conformarme con chupar el dedo que pasa por la cobertura de la torta. Quiero un pedazo de torta del bueno. Pero la vitrina está cerrada con llave, y otro tiene esa llave. Otro come la torta mientras yo estoy en el frasco mirando la torta girar y girar.

Desde ahí dentro te veo mover la boca. Me fui a otro planeta. Necesito abstraerme. Vos no te percatás de nada. Decíme qué medicación tomás para girar sólo alrededor de tu persona.

Seguís hablando sin mirar adentro del blanco de mis ojos, no vez el remolino que se forma en mis pupilas, no interpretás el vasto silencio que viene luego de que me retiro de tu presencia. Nada que esté fuera de tu territorio te interesa. Y yo estoy en otro país cruzando el Pacífico.

No  puedo reprocharte que no me escuchés, mientras tejés al aire teorías disparatadas sobre el medio ambiente, la política actual o el precio del estacionamiento medido.

Lo obsoleto es seguir en el frasco y no salir volando.

Patricia Lohin

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