Angeles caídos

 

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Vincent Giarrano

 

La ciudad está llena de ángeles caídos. No son visibles para cualquier mortal. Yo los estaría viendo y creo que algunos perros también. Lo sé porque cuando los ven, suben sus hocicos y orejas, en una actitud entre amistosa y recelosa.

Ya sé, ustedes piensan que estoy alucinando, les aseguro: también alucino.

Tienen la tez pálida, y en algunos especímenes se divisan diminutas líneas violáceas y azuladas que rozan la dermis. Sus ojos color azul líquido -enormes- miran asombrados el cielo, hoy inalcanzable. Tanto cielo y tan lejos para ellos -para mí ni hablar-. Hasta el arco iris marchó hacia otros lares, dejando vacante y desierto al firmamento.
¿Si tienen alas? Pues claro, pero están algo mojadas y marchitas, simplemente yacen al costado de sus cuerpos, entregadas a la eternidad del limbo. Sospecho que el combustible necesario para batirlas no estaría llegando desde los órganos vitales hacia éstas, por eso es que parecen más a punto de caerse que a punto de remontar. ¿Serán ángeles que ya no se enamoran?

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