272 pasos

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Te vas.

Una tormenta de viento

Altera la noche silenciosa.

Luego se instala

-Rítmica y persistente-

La lluvia.

Lluvia e insomnio:

Dos ritmos de jazz.

Mariposas blancas apoyadas

Sobre las almohadas desordenadas

Me acompañan en mi ritual

De revisión de instantes

Ya transformados en recuerdo.

Recuerdos y aromas.

Quisiera volver.

El tacto explora la piel adormecida,

Y los colores que ahí nacen,

Hacen estallar confetis de estrellas sobre un lienzo.

La nocturnidad me trae el eco de tu voz,

E intento acurrucarme en el acento final

Que le das a tus oraciones,

Pero el sueño no llega.

La lluvia ya lavó los 272 pasos

Que hay desde tu puerta a la mía,

Las hojas,  que a la hora de la cena crujían

Ahora se adhieren húmedas

En los bordes de las aceras,

Mientras el semáforo intermitente

Espera la señal para convertirse

En amo y señor del tránsito.

Y nosotros aquí, allí,

En todas partes, en ninguna;

Sin más luces rojas o verdes ni amarillas

Que intenten ordenar la itinerancia de datos

Entre tu intelecto y el mío.  

Las sombras se van nutriendo

Con pinceladas grises y marinas;

La noche etérea amanece

Y el café humeante aporta la tinta

Que escribirá tu primer poema de otoño.

Patricia Lohin

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