El día más pobre del año

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(Cuento)
Miré la billetera. me quedaban cincuenta pesos. El vacío existencial invisible ahora se propagaba como un incendio voraz hacia lo material.
El filósofo bien lo dice: que lo económico no nos angustie. A la mierda con la filosofía. 
Sobre las doce y cinco debía elegir entre medio atado de cigarrillos o un bife. Lo bueno del cigarrillo es que te quita un poco el hambre, y te deja con ganas de hacer círculos de humo en el aire, mientras tus pensamientos pasan por ese aro tenue como si fuera un león que cruza un arco de fuego. Lo malo del bife es que me podría dejar con ganas de más. La otra opción era ir al almacén de Pedro y pedir fiado otra vez. 
Mientras caminaba hacia mi departamento mascullando, vi en las vidrieras patéticas del centro que ya era vísperas de navidad. Otro año más. Mis expectativas de vida se estaban reduciendo a pasos agigantados.
Ahora no sólo estaba en mi cabeza el dilema del bife o los cigarrillos. 
Ahora el dilema era qué hacer si me quedaba un cuarto más de vida para seguir gastando. 


Un cuarto de vida… del cual tal vez diez años se extendiesen dentro de esta pocilga en donde he estado trabajando los últimos quince. No me quejo, gracias al trabajo automatizado, he podido acompañar mis noches solitarias con algún whiscacho barato y un cigarette de mejor calidad. 
Tal vez morir antes fuera un problema menor. Pero tener por delante veinte años, tener que vivirlos, elegir cómo, no llegar enojado como mi vecino que le pega al perro, resistir a la tentación de hacer cola fuera del mercado antes de las ocho de la mañana…eso era otra cosa. 
Miré la billetera. Aún estaban los cincuenta pesos sin multiplicarse, y debajo de un plástico amarillento la foto de mi compañera cuando era jóven. Aún la recuerdo sonriendo luego de que yo le decía “Qué linda que estás.” 
Con ella se fueron las luces de navidad, y las posibilidades de comer algo más rico que un bife. 
En definitiva, nada de lo que yo quería ese día, ese año o los próximos veinticinco podía comprarse con plata. 
Patricia Lohin
Imagen: © Liang-I Chang
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