Qué hacer cuando no estás enamorado?

19149391_1365271873558551_2594280536599106564_n

©Leo Micieli

Primero aflojemos, que no hemos nacido enamorados. Nacimos llorando, y una vez pasado el llanto, hombres y mujeres nos hemos enamorado de nuestras madres, algunos con grandes e inmediatos desenamoramientos, como quien escribe.

Pero no estoy aquí para hablar de mi madre.

Hablemos sobre qué hacer cuando no estamos enamorados, o cuando no queremos a una pareja, o cuando no tenemos a una pareja a la que no queremos.

Porque aunque esto último resulte paradójico, tener a una pareja que está agonizando y no tiene futuro, da mucha perspectiva de futuro, da hasta esperanza: porque “cuando me separe” al fin conoceré una pareja acorde. Se están riendo? No? Pues comiencen a reír que encima es beneficioso para la salud.

Por estos años he visto tantas publicaciones sobre el karma, el hilo rojo, almas gemelas, la persona que va a caer cuando esté pautado –y vos estés en otra galaxia-, sobre las leyes del universo y demás yerbas, que tengo los ojos y el alma seca.

Entonces… qué hacer?

Trabajar que para eso somos buenos. Sellar con poxialgo el baúl de las expectativas, ponerse alguna remera motivacional del tipo “Me la banco solo y qué?”, volverse ermitaño, aprender ciencias ocultas, practicar algún deporte o todos y prescindir de querer compartir todo eso con alguien que se llame pareja.

No tener contacto alguno con alguien de tu especie es fundamental, ni siquiera sexo ocasional, porque un simple abrazo o un mimo detrás del cuello puede hacer estallar el planeta, te recordará lo que no tenés, y dejará tu presente tan desértico como el mundo después de Armagedón.

Definitivamente no sueñes.  Convertíte en una persona material, espiritual, políticamente incorrecta, inmoral si te cabe.

Volvé a nacer, reinvéntate, cambiá de trabajo, de sexo, de vestimenta, de carrera, mudáte, pintá tu casa, rapáte, cambiá de nombre y esta vez no esperes nada.

Es cierto, para algo están los amigos, y en buena hora.

Tus amigos que se enamoran o están con alguien a quien no quieren, pero que tienen sus propios testigos. Porque no hay mayor testigo de tu vida quien estoicamente se une a vos caminando a la par, -o como sea-, durmiendo en el medio de la cama sin darte espacio, y cometiendo un sinfín de atrocidades domésticas que sacan de quicio a cualquiera que haya vivido la suficiente cantidad de tiempo solo como para cultivar las mañas en el balcón.

Qué hacer mientras no estás enamorado?

Tratar de no esperar, y si te encontrás esperando… sopapéate mucho, andá a fumarte un cigarrillo aunque después te toque correr un fondo de 21 km, no escuchés a Arjona ni asociados, reanimáte y seguí viviendo.

Escribir -para mí- sería una buena opción, el tema es que me salen estas bebidas que se parecen más a una soda cáustica que a una lupulada.

Mi corazón está cerrado, y ni siquiera por duelo.

©Patricia Lohin

Ausencias

2b86e4793b1e82b8132cfa95ef09480e

Antonio Berni

Las últimas luces del otoño

Se filtran por los amplios ventanales,

La ciudad yace desierta y muda

Mientras las hojas se desprenden y parten rumbo

Hacia oscuras alcantarillas.

Lloran los dioses,

Arrinconados entre el desazón

De las ciudades que no recorreremos

Y la muerta esperanza de los dedos que no se tocan.

El sauce se inclina hacia el río

Queriendo beber del elixir con el que

Otrora bañamos nuestros pies,

En ese lugar donde vertimos

Nuestras carcajadas sonoras y eternas.

Los bares cierran tristes sus puertas,

Al no vernos llegar tomados de la mano

Dispuestos a estar horas y horas

Sembrando filosofías disparatadas,

Pintando nuevos cuadros de Berni,

Mezclando en el lienzo los colores de tus pupilas

Con los de mis labios generosos.

A la vuelta, una librería anuncia

El estatuto de los amores inconclusos

Mientras que el carnaval se declara

Obsoleto y parte rumbo

A otras ciudades

De calles angostas y caderas más generosas.

Vierte el sauce lágrimas en el río

Mientras se secan sus raíces

Y nosotros…. nosotros

Navegamos una vez y otra vez

Contra la corriente de los sueños.

Mientras tus manos tocan la piel opaca

De la ausencia predestinada

Y yo me hundo en la soledad de unos labios desconocidos,

En algún lugar los dioses renuncian a su tarea

Convirtiéndose en simples peones

Que saltan de uno en uno

Los días y los meses.

Volveremos a vernos

Alguno de estos días,

Cada uno frente a un espejo distinto

Que nos reflejará en el marrón de nuestros ojos

Los granos de arena que terminaron de escurrirse

Para decantar íntegros en la base del reloj.

Pero los dioses ya no estarán

Para darlo vuelta.

Patricia Lohin

Esos cinco segundos….

17310124_1270605136358559_6475905913757896797_o

Alfa Castaldi

De nada sirve pensar qué hubiera pasado

Si “si”, si “no”, si “tal vez”,

Infinitas posibilidades y ninguna realidad.

Esos cinco minutos o eso cinco segundos;

Ese escalón o la baldosa que pusieron distancia y

Que te separaron para siempre de la posible casualidad

No hacen más que detener tu corazón

Y contener tu aliento;

Adormeciendo  tu instinto

Y bajando la persiana de tu pupila izquierda.

Es así como hoy te cruzas con alguien

Y de repente no lo ves

Porque todo tu presente

Ha quedado enceguecido con lo que no fue.

Patricia Lohin

 

¿Cuántos granos de sal?

detras_limonero_izq4

“Comíamos uvas maduras y pisábamos descalzos la tierra fresca bajo la sombra de los árboles. Las flores blancas del verano trepaban por la montaña. Y reíamos. Hoy, hace frío aquí en la casa pero yo iré por leña para encender el fuego y plantaré una vid que crecerá sobre nosotros”. – Burzaco, Argentina (1923-2010) Ángela Pradelli

Será Venus retrógrado, o la luna en Cáncer. O seré yo, con todas guardias bajas y los frentes sin defensa, esperando mi turno en un recinto que oficia de sala de espera, en un primer piso de un edificio céntrico, justo el día después de mi cataclismo y rendición.

Llegué puntual. La opción de espera me dio la posibilidad de mirar, oler, oír y leer, todo al mismo tiempo.

Primero caí sobre el sillón marrón de cuero que está sobre una pared. Antes de desaparecer  por una enorme puerta vidriada, Carlos me alcanzó un libro.  Excelente excusa para no ensayar nada de lo que iba a hablar luego.

Antes de buscar los anteojos de lectura, mi vista se regocijó con la luz que llegaba desde los ventanales de las habitaciones delanteras, esos altos y agraciados ventanales de los edificios antiguos.

En una de las habitaciones se alcanzaba a ver un caballete sosteniendo una pintura con verdes y niños jugando a la pelota; un aerosol debajo del marco de una puerta, otro sobre un relieve de una pared, un adorno rojo chino circular colgado; y sobre un mueble alto, el reproductor de compact disc cambiando de bandeja. Dejó de sonar la melodía low relax sin vocales ni consonantes y llegó por aire y sin escalas la voz potente de una vieja y conocida jazzista de la cual no recordaba el nombre. Qué grata sorpresa.

Luego de abrir el libro, me mudé a una especie de puff cuadrado y bajito al lado de una mesa circular con más acceso a la luz natural. Mientras la música calaba mis poros haciendo mella en mi exceso sensitivo, comencé a explorar el libro.

Adoré el título, la tapa, el olor, que estuvieran subrayadas algunas frases con lápiz negro, las fechas al inicio de un capítulo. En ese momento nació mi afán por tratar de devorarlo, como a un chocolate intenso y amargo.

 

“Cuántos granos de sal entran en la mano abierta,

Cuántos se pierden por los bordes,

Vuelan, caen al piso;

Cuántos granos de sal raspan la seda de la piel,

Laten en los ojos ásperos, en la boca ácida,

En el río de la sangre de un cuerpo feliz.”

Ángela Pradelli

  Sigue leyendo

Asesino interior

Y es que ya nada es lo que era. 

Ya sólo me queda
La vacía pena
Del viajero que regresa.
Estoy tan perdido,
Soy el asesino
De tantas primaveras.

Ismael Serrano

 

Me niego a ser esta persona que vive como un Alien invasor dentro mío.

¿Quién es ese o esa que sale de mis tripas a decir barbaridades del tipo Desolados & Cía?

Ayer dejé que gobernara, sólo unas ocho horas, horario laboral, le di voz y voto, dejé que llorara, que hiciera surcos debajo de mis ojos, dejé que intentara convencerme de que no valgo, ni la pena ni la gloria; que pensara que yo estaba bien con esa declaración de muerte; dejé que hinchara mis ojos a tal punto de que una conjuntivitis viral fuera deseable. Le permití que pensara que era mejor morir que intentarlo, que los días grises son la regla, que el sol siempre está en el horizonte y es inalcanzable.

Por esas horas dejé que me convirtiera víctima de la vida, en carroñera, en lastimosa y quejosa, le di oportunidad de creer que las cartas ya estaban echadas y que tiene razón en todo lo que me vaticina. Le di poder sobre mi cuerpo, dejé que fuera a comprar Phillips Morris de emergencia, que fumara tres cigarrillos seguidos después de mucho tiempo de no fumar, mientras mi cuerpo yacía secuestrado contra las rejas de la auto-opresión.

Sigue leyendo

Moviendo el corazón

tumblr_om9as7uxqg1sgzhgyo1_1280

Red Sofa II Karin Broos

 

Enviar una carta es una excelente manera de trasladarse a otra parte sin mover nada, salvo el corazón. Petronio

Querido:

Las mejores cartas que he escrito en mi vida, con las mejores palabras y los más profundos latidos, fueron para vos, y hace ya un tiempo largo.

En el intervalo hemos muerto, y me ha llevado todo este tiempo volver a desenfundar la Lettera y volver a tipear.

Cuando uno ya no está enamorado, cualquier palabra que dispare será sin consecuencias serias, pasará desapercibida, no creará sentimientos, sensaciones ni daños colaterales. Será una palabra que vivirá en el limbo, sola, desolada, gris, sin latido, inerte, sin posibilidad de irse o moverse. Será como yo hoy: no estará viva pero tampoco muerta.

Creo que ya lo sabés, en esta vida a la larga te acostumbrás a todo: al desamor, al rechazo, al destiempo.

Es un suplicio no estar enamorado y lo estoy padeciendo. En las calles gritan “apasiónense”, como si fuera algo que se consigue comprando una bebida energizante.

Me estoy secando día a día, mi sangre se espesa, no hay nada que erice mi piel, incluso he dejado de escuchar cierta música porque ya no me provoca nada.

Escribo para no morir.

Escribo para que mis dedos sangren al menos, y así sentir a través de éstos. Escribo para escarbar dentro de mis entrañas y encontrar alguna señal de vida humana o lo que fuera que se mueva. ¿Alguna célula tal vez?

Quisiera culparte, tanto como odiarte, aunque sabés que soy de la especie que no aprendió a odiar, sino más bien a odiarse en igual proporción que a culparse. Ni siquiera puedo quererte. Me lo he prohibido enfáticamente, como un acto de auto salvación: como esos suicidas que se tiran de un séptimo piso pero aún así ponen sus brazos delante para amortiguar el golpe. Plan B, voy a incendiar mi edificio pero igual activaré la alarma de incendios.

Sin embargo cuanto te pienso creo que existo. Qué ironía.

Sigue leyendo

Supervivencia

1010895_476830145736066_483548324_n

Leopoldo Pomés

¿Y qué se aprende escribiendo? preguntarán ustedes. Primero y principal, uno recuerda que está vivo y que eso es un privilegio, no un derecho. Una vez que nos han dado la vida, tenemos que ganárnosla. La vida nos favorece animándonos y pide recompensas. (…) Segundo, escribir es una forma de supervivencia. Cualquier arte, cualquier trabajo bien hecho lo es, por supuesto.” Ray Douglas Bradbury

La tarde se detiene.

O al menos eso siento al salir a la calle. Una suave brisa llama a los carrillones a danzar por unos segundos, luego todo es silencio nuevamente.

Los autos circulan sobre un asfalto levemente húmedo por la llovizna que comienza a caer. Son las cuatro de la tarde, pero parece un atardecer pre-acordado. Los departamentos en planta alta conservan con celo los postigones cerrados.  Dentro, sus habitantes se hunden en el letargo de la ausencia o en el de la siesta, vaya uno a saber.

Agradecida estaría mi imaginación si en uno de ellos hubiese amantes amando a pesar del calor y del silencio, contaminado el vacío con las sonoridades empalagosas de los susurros y las mieles orgásmicas.

Mi corazón late lentamente por la inercia, aunque no puedo negar el leve respingo que me dejó la imagen de las sábanas enredadas entre las piernas y el posible reposo de los guerreros.

La vida me llama insistente todas las mañanas. Viene la muy puta y se cuela por las hendijas de las persianas de mi habitación. Yo me levanto, pero la verdad es que aún no sé que hacer con ella.

Y tal vez porque no sé que hacer es que la atiendo, obediente y aletargada.

Despego mis ojos, despego mis dedos, despego mis pies del suelo e intento en vano volar.

Vuelvo a mi imagen en la calle y sueño con sacarme mi vestido barato y falso hindú para dejar que la lluvia,  que se hace más reiterativa e insistente,  me bautice, o me despierte… en fin, que la naturaleza haga lo que tiene que hacer, no como yo que hago lo que puedo.

En algún lugar de la carretera interestatal de mi existencia se cortó el hilo, se apagó el WiFi, se cegó la mirada, la caricia se transformó en ese roce accidental de pasada y la charla profunda no fue más que una colección de murmullos interiores.  Verdad opacada, verdad escondida, deseo ausente; dormir soñando o dormir negando, da lo mismo.

Sigue mi pecho estático, y me pregunto por la supervivencia de mi cuerpo sin corazón. ¿Cuánto tiempo más de vida tendrá? Según mis médicos mucha, mi riesgo cardíaco es más que normal.  Pero ellos qué saben….

Sigue leyendo