Banquetes clandestinos

Letters 18 Carin Rehbinder

 

Una cosa lleva a la otra, y la otra a la otra. Siempre es asi, incluso cuando nos encontramos chupando un clavo o asombrados porque terminamos sentados de cola en el asfalto.

Bueno, yo terminé sentada, no en el piso, pero si repasando lo que me desvela desde que aprendí a leer y alimenté mi mente con cuentos como La Cenicienta y luego con libros de colección, entre ellos mi querido Papaíto piernas largas, todos de finales felices. Sepan entender, eran principios de los 80.

La falta de olores en la cocina y de arrumacos en el pasillo, hacía que de niñas, tuviéramos carnet de biblioteca, privilegio comparable al de tener uno de conducir hoy en dia. Y de la biblioteca, a la habitación, juntando las rodillas, y sintiendo en la punta de los dedos como corren las hojas amarillentas y ásperas del libro usado.

No lo voy a negar, los libros crecieron junto con nosotras, que si bien no leíamos ni a Cortázar ni a Borges, nos regodeábamos con historias de amor que iban incrementando ya en pasiones desatadas.

Es asi como el camino que hacíamos hacia la escuela, lo utilizábamos para recrear nuestro futuro, que no era más que un rejunte de un capitulo de un libro mas tres de otro. Mientras cruzábamos las vías del tren, recitando nuestro nombre de atrás para adelante, nos acercábamos paso a paso al destinatario de turno de nuestras ilusiones, quien obviamente ya estaba en el aula.

Pero volvamos a donde estaba sentada: arriba del romance, los tiempos del romance, y ustedes saben:  las cartas, el cortejo, la primera cita, la flor arrancada al pasar por alguna vereda…

Existe o solo es el fruto de mi mente quemada con tantos cuentos de amor y finales felices?

Y si empezamos con un instructivo para escribir cartas de amor?

Tiempo de espera  – Carin Rehbinder

 

“Para escribir cartas de amor

no es necesaria

la cautela

ni el orden

ni encontrar la perfecta esquela

tan sólo encender la lámpara

como se enciende el cuerpo del amor.

Untarse toda,

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Mathilde y la necesidad fatal de amarla.

Boulevard Hotel Brent Heighton

Hace un tiempo escuche en una película o serie televisiva, no lo recuerdo, una definición alternativa de porque el hombre y la mujer insisten en estar en pareja.

Un compañero no es más que un testigo de nuestra vida. Necesitamos imperiosamente que alguien sea testigo de nuestros éxitos y fracasos, de nuestras sonrisas, de nuestro llanto.

Entonces recordé el caso de varias parejas que viven juntas desde hace muchos años, en como uno y otro, intermitentemente, son guardianes de las historias del otro.

La verdad es que es más complejo, no se puede hablar de testigo sin hablar de amor, ni de pasión, de respeto, y la suma de un millón de ingredientes microscópicos que hace que dos personas sientan que están destinadas a compartir sus vidas.

Y como una cosa me lleva a la otra y enero me ha agarrado un poco dispersa, volví a mi expedición en la búsqueda de “la carta de amor” o del tesoro perdido.

En vano revise mis cajones, aunque luego recordé que soy mala guardando cosas, y que es posible que en alguna década anterior a mi actual existencia, naufragara algún papel cuyas intenciones fueran las de vivir como carta de amor.

Sigo insistiendo con que el ingrediente fundamental para la carta, el infalible, es la imposibilidad. La imposibilidad de concreción del amor, de lejanía con la persona supuestamente amada –muchas cartas se escriben en periodos en que la pareja en cuestión está separada físicamente, las trabas sociales, las diferencias, incluso hasta diferencias en los tiempos, en las etapas en que alguno de los dos vive. Porque no recordar las cartas de amor en la película “La casa del Lago”, en donde como en un cuento fantástico los protagonistas viven en años diferentes y se comunican.

Si hay algo que debo reconocer que trae este nuevo siglo consigo es la diversidad, lo que nos acerca, el derrumbe de barreras que antes eran imposibles de sortear o pensar siquiera en superarlas. Ya cada vez son menores las situaciones en que el color de la piel, el estatus social como se lo llamaba antes, la raza, y otras creencias arraigadas son traspiés para que una relación no se inicie. Ni siquiera ya es un obstáculo vivir en dos continentes distintos, gracias a que hoy podemos comunicarnos ahorita mismo, sin esperar cartas navegando por el Atlántico.

Las distancias de acortaron, muchas murallas fueron derribadas en pos de que la verdad nos hace libres y los sentimientos merecen ser expresados. Pero a pesar de esto, seguimos teniendo los mismos problemas. Fracasamos, le erramos, confundimos amor con necesidad, ilusión con realidad, insistimos con cambiar al otro, y nos hemos olvidado de las dulces mieles que adornaron aquellos tiempos, cuando estábamos enamorados y era posible que escribiéramos una carta de amor con todas las letras.

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Por favor que vuelva la fantasía

Mi ángel ¿Hay vida del otro lado de los labios?  – Juan Lecuona

Alvaro Castigno – Galería de Arte

Mi querido señor:

Hace rato que no le escribo. Entre algunos pormenores que he tenido este último tiempo y acontecimientos fuera de agenda ha ocurrido algo más grave aún. Me he olvidado de su rostro.

Al principio me pareció curioso, luego  preocupante,  ya que por más que yo cerrara fuerte mis ojos y tratara de traer su imagen hasta mí, eso era imposible. Me aparecían otros rostros conocidos a los cuales el título de señor no les cabe ni por asomo.

Sí, estoy mintiendo. Es cierto que en algún momento les he dedicado parte de mi parafernalia a esos rostros. Pero vió usted como es el tema del tiempo y la erosión. Entre la lluvia, el viento, los huracanes y en algunos casos hasta con demasiados días consecutivos soleados y sin siquiera brisa, todo se descubrió, o deslució, o destiñió. Aún no tengo la frase correcta para semejante cosa. O es que un hombre no es siempre lo que es?

Alguna vez escuchó esa frase de moda de un cantante que dice algo así como que me gustas como eres cuando estás conmigo?

Pues bien, creo que con ese matete de que alguno se convirtió en otra cosa para estar conmigo y yo colaboré adoptando casi la misma postura, pues que nos hemos quedado solos!

Mire usted, se levanta un día y de pronto ya no sabe nada de nada, ni quién era usted antes, ni quien era la persona que está ahora al lado suyo.

Sí, ya sé. Que todo cambia, que todo evoluciona, como los jeans, ya no se usan más pata de elefante. … pero a veces todo vuelve, como usted.

Realmente quiere volver? A mi me gustaría francamente que volviera, total es nuestro secreto y nadie nos ve.

La única duda que me cabe en todo esto es de qué manera volverá usted a mí y cómo estaré yo para recibirlo.

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“Cuando mi voz calle con la muerte, mi corazón te seguirá hablando.”

Este es un nuevo espacio creado en conjunto entre Amores que matan y El Perro. Espero que lo disfruten tanto como nosotros lo estamos haciendo. El título del post pertenece a Rabindranath Tagore (1861-1941) Filósofo y escritor indio.

No importa el lugar, el tiempo ni la condición. El amor se manifiesta, sin discriminación. Sublime, puro, trascendiendo los umbrales infinitos de nuestra existencia.

John Roudyhair y Priscilia Daughin se amaron en otra época, con condicionamientos sociales, de tiempo y de distancias. Pero ni el ancho océano Atlántico ni los espaciados encuentros pudieron contra lo que ellos sintieron.

Existieron? Seguro que sí.

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The Love Letter by Jean Carolus

Querida Priscilia:

De más está decirte que esta misiva no debe ver la luz del sol. Tu padre, seguramente, mandaría por mi cabeza al enterarse de que estamos intercambiando correspondencia. No es esa tu intención, verdad?

Déjame decirte, también, que a mediados de febrero estará zarpando el buque que me ha de llevar, finalmente, a tus brazos. Debo recalar en Londres por negocios y calculo que me quedaré allí por una o dos semanas. Luego, mi intención es encontrarte, aunque más no sea, por una noche. Quizá ya sea abril… Crees poder hacer los preparativos necesarios? Inténtalo, princesa, pues no sabes el deseo que siento de verte otra vez. Si tan sólo te contara de la pasión que me desborda por las noches al pensar en tí… Pero no temas…no la estoy malgastando con quien, tú ya sabes, no la merece. Esa situación se había tornado insostenible. Y con la excusa de mi tos y esta leve y bendita fiebre que la acompaña, hace ya varias noches que dormimos en cuartos separados… Gracias al cielo, pues no soportaría serte infiel… Ni siquiera con mi propia… Si hasta me vienen náuseas de tan sólo nombrar el vínculo.

Hermosa Priscilia…sé que has esperado por mí un tiempo considerable. Lo menos que puedo hacer por tí es jurarte fidelidad y dedicarme, eternamente, a amarte. Lo sé…soy un pecador que no merece la redención celestial. Y que esta sociedad pacata, seguramente, gozará con mi condena. Pero no me importa… Sólo en tus brazos estaré alcanzando el perdón a mis faltas. Sólo en tus ojos estaré hallando la luz que me guíe en este presente oscuro. Sólo en nuestra intimidad podré elevarme hacia la definitiva y esquiva felicidad.

Te amo.

Siempre tuyo.

John

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Mi querido Señor:

Abril se me hace lejano hoy. Pienso en ese mes y ya siento la calidez que traen la primavera y su presencia. De sólo imaginarlo mi cuerpo se estremece.

No se preocupe usted por mi padre. Emilie, mi ama de llaves, cumple religiosamente con el pacto de silencio y discreción que hemos hecho. Tengo mis informantes y he descubierto que esta mujer rolliza tiene un affaire con el encargado de las caballerizas, ¿puede usted creerlo?

Debo confesarle que los días se me hacen muy largos. Las noches están llenas de fantasmas en donde no puedo evitar pensar que otra mujer pueda llegar a tocarlo siquiera. Esa situación me vuelve loca. Sí señor. Estoy enloqueciendo de celos, de inseguridad y de amor.

Me torturan las charlas cómplices que puedan llegar a tener, las miradas, las sonrisas.  Me tortura la presencia de ella a unos centímetros de su alma cuando yo estoy a cientos de kilómetros.

Ni siquiera su promesa de fidelidad y de dormir a dos puertas de la alcoba matrimonial me trae paz. Son muchos los meses que nos separan y la carne de un hombre es débil.

Perdone usted mis dudas. Yo estoy aquí, cumpliendo la más grande de las fidelidades, siendo suya en pensamiento, en alma, en razón.  En cada fibra de mi cuerpo está su nombre escrito, ya no podré pertenecer a ningún otro hombre en toda mi existencia.

Lo esperaré desde el primer minuto de Abril. Ya he pensado en los arreglos necesarios para poder trasladarme a la casa de campo con Emilie. Allí estaré mi amado, esperando sus eternas caricias y su amor. Sé que con su sola cercanía se me aplacarán todos los dolores que hoy siento, porque usted mi amado señor, es mi cura.

Le dije que entre sus brazos ya no soy frágil y soy la mujer más hermosa del planeta?

Lo amo.

Eternamente suya, Priscilia.

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“No podría vivir únicamente de felicidad o de amor….” Cartas de Simone a Nelson

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Art Shay –  Simone de Beauvoir in Chicago

Simone seguro no escucho el tema de Calamaro que dice “no se puede vivir del amor”, aunque por lo que ha escrito en algún momento mientras duraban sus días de amores con Nelson, estaba segurísima de que del amor no se vive, pero sin amor o con el amor al menos lejos del alcance de las manos y solo con la llegada del papel escrito duele, se extraña, oprime, asfixia.

En estas líneas ya no está Simone, la gran novelista francesa, filosófa y demás, sino tan solo una mujer enamorada.

Quiero rescatar un extracto de una columna que escribe Tomás Eloy Martínez para La Nación:

“ Si no se hubiera publicado A Transatlantic Love Affair , nada habría alterado esa imagen de supremo egoísmo. Las cartas a Nelson Algren cambian la historia, al descubrir una Beauvoir que era capaz de suplicar, sufrir, vivir el amor de manera irreflexiva y casi adolescente, con una ternura que casi inspira compasión.

Al menos en los cuatro años que van de 1947 a 1951 -los años en que escribió Los mandarines y El segundo sexo , sus dos obras maestras-, ella se mostró tan indefensa y torpe ante el amor como cualquier otro ser humano. En ese alarde de pequeñez está mucha de su grandeza. Lo demás es sólo amor propio herido, o tal vez orgullo.

Durante el verano de 1950, en la cabaña del lago Michigan, Algren le dijo sorpresivamente que ya no la quería más. Volvieron a encontrarse en el mismo sitio, al año siguiente, y casi no se tocaron.

“Sé feliz, mi querido -le escribió ella desde el aeropuerto de Nueva York, en la carta de despedida-. Sé feliz, y guárdame un lugarcito en el desván de tu corazón.” Con esa frase, Beauvoir dejaba el reino de los sentimientos y entraba en el de la pura inteligencia, donde hay menos desdichas pero también mucha menos felicidad.”

Otra historia de amor Por Tomás Eloy Martínez Para La Nación

Nelson Algren

Nelson Algren

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“Era pues tu amor por mí lo que te embellecía así?”

“Mi querido señor:

Ya nos hemos mirado un minuto, dos minutos, una hora. Ya sabemos que querremos estar una hora, dos horas, tres horas, veinticuatro horas juntos. Sus besos tibios quedan impregnados en mi piel toda la noche, y aún así siento que no es suficiente. Sus reclamos de que lo mío es un capricho sólo me hiere, y espero los múltiplos de veinticuatro días o años para poder demostrarlo.

Señor, lo extraño siempre un poco más, mis ojos no se lo dicen?”

René MAGRITTE Les Amants [The lovers]

Info sobre el artista

No puedo negar que mi debilidad son las cartas de amor, escritas preferentemente de puño y letra, con alguna lágrima borroneando la tinta, con la firma apresurada al final de la hoja para entregarla cuanto antes, con o sin fecha; con o sin nombre, si es que hay nombres prohibidos.

Las etapas en que las cartas de amor circulan, son casi siempre en el inicio de la relación, antes de la misma aunque ésta no tenga posibilidades de inicio, en relaciones platónicas y en las prohibidas.

Rastros? Bueno, las cartas de amor dejan rastros contundentes, certeros, irreprochables e irrenunciables de nuestros sentimientos. En algunas oportunidades su envío es un riesgo que vale la pena correr.

Por el momento, ante el desconocimiento de mi parte del nombre y dirección del destinatario, he ido desparramando mis cartas de amor por la casa. Estas yacen por los rincones y recovecos más insólitos, esperando que usted señor se apropie de ellas.

Aunque estoy convencida de que no hay mejor carta de amor que aquella recibida -con nuestra correspondencia de sentimientos sería óptimo- , también es cierto que muchos ni por asomo recibiremos una. Puede ser más viable sí que recibamos algún mensaje de texto apasionado o algún mail conciso y candente.

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Eso que llaman estar enamorados… de vez en cuando funciona

Secret de Coeur – Rob Hefferan

Mi querido amor:

Creo que ya son varias las cartas que tengo en mi poder -escritas de puño y letra- y sin enviarte. Se suman y suman a esta colección de cartas no enviadas, cartas no correspondidas y no leídas. Mis promesas de olvidarte quedan en la nada, son como embarcaciones de papel que poco a poco se van humedeciendo, imposible resistirse.

He pensado que este amor platónico que siento, hubiese calzado mejor en otro siglo, sería más comprendido y hasta parecería más acorde. Qué es esto de mirarse sin tocarse, desearte sin demostrarlo? Esta corriente eléctrica que hay entre los dos sacude mi alma.

Es cierto que el enamoramiento es como una adicción? De ser así yo siempre viví esto como en un período de abstinencia.

Otro día más se suma en mi almanaque y ya no sé que desear. Que se caigan todas las hojas, que pasen los meses, que terminen mis temblores, que se vayan mis rubores y estas cartas queden guardadas en el eterno baúl de aquellas cosas no realizadas.

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