La esperanza que miente

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© Boris Nazarenko

Las sombras grises tiñen la ciudad.

Es como un día de invierno leve. El frío no alcanza a calar los huesos, las ramas de los árboles se extienden rígidas hacia arriba mientras las bufandas de los caminantes reprimen alientos cargados de virus estacionales.

El silencio de la mensajería instantánea se hace presente. Primer día sin vos.

En otra ciudad los amantes coinciden en tiempo y horarios. Dos cuerpos macizos dispuestos a darse placer mundano. El le pregunta a ella en qué piensa. Ella miente. Mentiras piadosas. Cortas caricias. El placer, breve e intangible,  se fuga desde la habitación del hotel al abrir la puerta. Más silencios. Tal vez en unas semanas vuelvan a verse.

Paso la mañana pensando en otra cosa. Digamos en tus ojos. No te escribo. Sé que de hacerlo continuaría el círculo vicioso en donde yo sueño, vos recibís; yo acciono, vos mirás; yo me expreso, vos contestás; yo propongo, vos evadís.

En la esquina una pareja se despide hasta más tarde. Ella dice que lo ama y él asiente. Marchan caminando en distintas direcciones por la misma calle. Ella lo extraña. El se siente libre.

Apago el celular. No quiero saber que no me escribís. Quiero imaginar que lo hacés y no estoy. Aunque sepa que es mentira.

Si estuviéramos jugando al ajedrez, yo avanzaría con la reina, dispuesta a morir aún en manos de un peón. Pero sé que vos retrocederías.

En una cocina él le grita a ella: “No se puede vivir así.” Y se marcha, aunque los dos saben que volverá, tal vez más tarde. Hoy no pueden hacer otra cosa más que culparse. La culpa que chorrea las paredes color durazno y condensa la humedad en los azulejos del baño. Me miro en el espejo. Tal vez ella fui yo.

Mañana volveré al último lugar en donde estuvimos juntos. Ni estamos ni volveremos, al fin lo tengo tan claro.  En un acto de cordura, dejaré al fondo del río la caja con nuestra historia, para que la devore el agua bendita con tanto roce, y al fin termine en el mar donde mojamos los pies todos los veranos. Pero que la esencia le llegue a otros. Que sea un regalo divino o una maldición. Que otros decidan, se empapen, huyan o afronten.

Viene una pareja cómplice, los atiendo. Ellos se miran y sonríen. Al fin dos que están del mismo lado. Extraño eso que nunca he vivido. Hacen un juego con las palabras, danzan, se conquistan, se separan y se vuelven a buscar. Todo esto en cinco minutos. De fondo  el Nano canta Ja tens l’amor. Todo es perfecto.

Llega la tarde y yo invicta. Creo que al fin sé quienes somos. Me siento envalentonada por las horas previas. Sos una musa para mis letras, algo en mi cabeza, sueños que no van a cumplirse, una falda blanca que se arrastra en el lodo, la “esperanza que miente”, una casa vacía, las manos secas, la relación unilateral, la cobardía. Somos parte de esos amantes de la ciudad vecina que están juntos porque sí, caminando en distintas direcciones de la misma calle, volviendo a abrir la misma puerta porque no hay nada que hacer. No somos.

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Arrivederci

Roger Edward Kuntz
Interior with Figure

Una cena fría y tardía. Una noche destemplada, un amanecer lluvioso, un atado de cigarrillos después y sale el sol. La música inunda mi casa. Me dan ganas nuevamente de enviar mensajes y de reunirme con la gente que me hace bien. Mis amigas, mis hijos. Mis alegrías.

Por unos días volví a ser la persona taciturna, enojada, a la espera, malhumorada que fui hace un año. Pero si yo no soy asi!!

Y allí es donde luego de quince días de revisión sobre el amor, otra vez me pregunto: el amor te hace perder la cabeza?

Sí, hay amores que te hacen perder la cabeza y el rumbo, los vez como amores profundos porque todo fue profundo: las lágrimas, las esperas, los dolores, las no aceptaciones, los reencuentros, las desesperaciones, el no entender. Te sentís poco, insuficiente, no amada, y no hay nada que puedas hacer.

Rectifico casi todo lo que puse antes, hay que tener cuidado con las pasiones y de donde provienen. Provienen de la desesperanza y la imposibilidad o del amor y el juego?

Subo más la música y el sol entra por toda la casa. Quiero limpiarla y perfumarla, sacarle la mufa de haber estado el dia encerrada pensando y rumiando cuestiones que debe uno cerrar inmediatamente antes de que ocasionen peligros mayores.

Hoy tal vez es el dia. Que trae el recuerdo y la vuelta si no es más incertidumbres, miradas vacías, esperas, falta de compromiso, besos robados y escuetos dados a cuenta gotas?

Acaso la ilusión de que todo va a cambiar? El otro va a cambiar? Las esencias no se pierden y está bien que sea asi. Si ayer me planteaba que no debo tomar decisiones apresuradas,  hoy ya me planteo resolverlo ya para salvarme antes de que me tape. Pude hacerlo una vez, lo hare otra.

Me miro en el espejo y me veo bella, quiero inundarme de caricias eternas, de palmadas cálidas que digan que todo va a salir bien.

Actitud. Coraje. Estima.

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La nota

Edward Hopper

Llegué al departamento,  introduje la llave y la puerta cedió suavemente.

Era una de esas puertas con cerraduras berretas, de las que se pueden abrir casi con cualquier cosa metálica. Me inundó el olor a encierro de apenas dos días.

La gata, que me quería a pesar de mi desapego, comenzó a maullar latosamente pidiendo por comida.

Sentí que no faltaba nadie. El lugar estaba como debía estar: con soledades que danzaban entre las penumbras de la tardecita.

Busqué el papel dentro de mi cartera. Había preparado una breve despedida, nada extenso, sólo definitivo.

En vano hurgué en los diversos bolsillos buscando la misiva ausente que se burlaba de mí.

Miré la llave en mi mano, la dejé sobre la mesa azul y partí.

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Endless

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Endless I Artista: Hans Paus

“Algo más que nuestra piel ha empezado a envejecer…” Aute

Otra vez lo mismo.

Miré el regalo y de  pronto recordé otros similares en la misma situación. Situación de pareja que está en recta final.

Obsequios de desesperación en el momento en que ni bajando la luna con un piolín ya se podría solucionar algo.

Cuántas veces? No importa, la metodología es la misma.

Charlas previas en donde le describo al individuo que voy a hacer un puente de soga antes de llegar al precipicio, cruzarlo sola y cortarlo para que nadie – o sea él – me siga.

Seguramente las charlas son muy adelantadas, nada de muerte súbita. Nunca aprendo, siempre esa cosa de ir charlando con tiempo para no sorprender a nadie. El efecto? Ninguno. Las palabras pasan como flechas por los costados. Lo mejor de todo es que en  ese tiempo, desde la charla hasta la muerte misma,  hay lugar para obsequios, atenciones que siglos antes fueron pedidas una y otra vez, cambios de la noche a la mañana –porque si antes la premisa era “yo soy así no cambio” ahora el nuevo hombre new age es capaz de cambiar, aprender yoga, relajación y hacer análisis en pocas horas- elementos que de pronto aparecen todos juntos en el momento más inoportuno: tarde.

Un viaje, flores, ropa, cenas, velas, tiempo a disposición, poemas, chocolates, arrumacos, la palabra amor cada dos palabras aunque no cumpla con una regla sintáctica, limpiarse los pies antes de entrar a la casa, sonreírle a tu amiga, darte el control remoto, subir la tapa del inodoro, abrirte la puerta del auto, decirte que sos hermosa…. Que tu hombre se interesa de la noche a la mañana en las películas que mirás, lo que leés o que desodorante usás?

Antes de poner el pie en el puente, tenés una canasta de atenciones que aparece justito en el medio, o la esquivás o la aceptás y estirás un poco más la cosa. Pero la cosa no es chicle. A cerrar los ojos y a cruzar.

Qué no? Bueno, cuidado con el puente porque más adelante puede que no soporte el peso de tu mochila.

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Solo tengo que decirlo…..

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Weeki Wachee Spring, Florida Artista: Toni Frissell

Mire la pecera. Tenía un pez telescópico chupado por el motor del filtro de agua. Pensé que  estaba muerto así que lo agarré con la mano y lo saqué. Menudo susto me agarró cuando empezó a coletear en mi mano, tanto que lo solté y fue a parar al piso.

En dos segundos de reacción tome el pez y lo metí de nuevo a la pecera.

Me pregunto si se habrá despabilado con tanto movimiento. Para éste, este procedimiento de algunos segundos significó seguramente una asfixia, a la inversa, pero asfixia al fin.

Me imaginé a mi misma succionada por un motor, sin poder desprenderme, y con lágrimas en los ojos me di cuenta de que así era. El motor que impedía mi movilidad no era otra cosa que una metáfora de mis primeros seis meses del año.

Luego de toda una perorata a mi hijo tratando de explicarle que yo no era bienestar social, ni un remise, ni una sirvienta, sino tan solo una mama sola de carne y hueso, me sentí peor. Me pregunté si un chico de 13 años alcanzaría a comprender semejante cosa. Que una madre no es un servicio.

Bueno, mi abuela seguro diría otra cosa.  Yo insisto con que una madre no es un servicio, que no está mal preguntarle de vez en cuando cómo está y no solo llamarla para pedir plata, transporte, vestimenta o alimento. Eso de esperar a que sean viejos para cambiarles los pañales…….

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The Tree Artista: Cristiana Ceppas

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Es el amor que vuelve…

En estos días en que temporariamente no tengo la cabeza donde es debido, me refugio mucho en la lectura y la música.

Lejos de molestarme, la lluvia reinante resulta ser una bendición, el agua que mi cuerpo necesita para seguir viviendo, mi mente para seguir hilvanando palabras y mi espíritu para seguir soñando. Espero que ninguno de estos tres elementos se me inunde.

Por estos días -cada uno con su amuleto- me despierto Con Los Cinco Pinares sonando en mi celular. Este bello poema -escrito por Claudio Rodríguez y musicalizado por Ismael Serrano, debería haber sido escrito para cada mujer que haya sido envuelta en la gracia del amor.

Espiando un poco más a Claudio Rodríguez:

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Diana Ficca – Confidencias

SIN ADIÓS

Qué distinto el amor es junto al mar

que en mi tierra nativa, cautiva, a la que siempre

cantaré,

a la orilla del temple de sus ríos,

con su inocencia y su clarividencia,

con esa compañía que estremece,

viendo caer la verdadera lágrima

del cielo

cuando la noche es larga

y el alba es clara.

Nunca sé por qué siento

compañero a mi cuerpo, que es augurio y refugio.

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