Y al fin desistir

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Arte: William Whitaker

Parada frente a la línea del horizonte,

Inmóvil, fija y pétrea línea divisoria.

Mi sombra muda, envarada e incoherente.

La punta de mis pies

Acarician el borde del abismo.

Los dedos se doblan cual garras,

Como si aún quedara algo a que aferrarse.

Imagino alas que no tengo

-¿Acaso ayer no estaban adosadas a mi espalda?-

En consecuencia derramo un torrente de lágrimas,

Como un acto de  falsa nobleza antes de dejar de sentir.

Lágrimas sin sabor,

Opacas, cobardes, vacías y mustias.

El pecho opresor, vulnerable  y doliente

Me recuerda que me abomino desde el preciso instante

En el que abrí los ojos y desistí.

Tal vez el mismo día de mi nacimiento

Ya estuviera escrito que no iba a llegar

A la eternidad de los prados verdes,

A la calidez de las cocinas especiadas

O a la tibieza del roce de las sábanas blancas.

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10.430 días

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Arte: Johnny Morant (b. 1982, Hong Kong, based London, UK) -Nude 7, 2014

¿Cuánto tiempo es mucho tiempo?

¿Cuál es la suma total de los días

Que dictaminará nuestro encuentro?

Una voz escéptica me dicta 690 días,

Y el eco esperanzado 140,

Cuando en realidad ya han pasado 10.430 días

Desde la última vez

Que acariciamos estrellas

Bajo la alameda que bordea al río. 

10.430 días que no hemos contado en secreto,

Ni en silencio ni a obscuras,

Abstraídos totalmente de que semejante cosa

Pudiera hacerse sin hacer enojar al destino.

Mientras, sin contar, uno vive la eternidad

 Que sabe a largos letargos semi amargos, semi dulces,

Estaciones necesarias plagadas de mariposas

Que vuelan en direcciones contrarias

Y de libélulas que susurran sueños por las noches.

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Mientras…

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Arte: Alexey Zaycev

Hoy te contagiaré de lo que quieras

Mientras

Yo monto mi bicicleta roja

Salgo a la calle perseguida por mariposas blancas;

Y pedaleo lejos de tu mundo.

Mientras  tus besos siguen lejos,

La  taza de café ha dejado dibujado

Tu destino en el fondo de la misma.

Mientras

Releo frases garabateadas

En la humedad de la ventana;

Vivo y desvivo

Logrando llevarte a la tierra de mis sueños.

Mientras

Inevitablemente te amo.

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Pena de muerte

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Francine Van Hove

No estoy llorando

Sólo lagrimeando

Gotas saladas

Sobre el mar. . .

Duro. El suelo se ve agrietado y seco. Está agrietado y seco. La sequía, la aridez y el gris del fracaso corroen el alma desde lo más profundo. Mi alma. A estas alturas ya no me importa el alma de más nadie. Somos mi ego y yo. O mi yo inundado por el ego.

Tengo una o dos  ambivalencias, o miles: hasta aquí sólo he fracasado, pero si la muerte me viene a buscar ya he vivido.

Ni siquiera me defendería en un juicio para que me den otra oportunidad. No quiero apelar, ni cámaras especiales ni fueros extraordinarios. Ya no quiero más nada. Estoy más vencida que los desertores, más cansada que los desahuciados y los cuentos de nunca acabar al fin terminaron.

Se marchitaron las cartas de amor, una tras otra fueron quemadas junto a las hojas caídas del otoño en el que no nos amamos.  He vivido soledades y destierros. Abandonos intermitentes, usurpaciones, desmanes y otras tormentas. Miro las cosas a medio terminar, y a medio empezar. Un gran pasillo obscuro que espera ser recorrido, no enciendo la luz, no tengo ganas. Menos tengo ganas de escapar.  Sigo parada a mitad de la vida, esperando que la marea me arrastre, pero mis pies están arraigados y ni siquiera se mecen con el roce suave de las olas.

Huir es para los que están antes de la mitad de camino. Esos que aún cuentan con la esperanza de que huyendo los demonios se domestican, la vocecita deja de hablar y de confabularse con las fuerzas del no puedo. Pura porquería. Uno huye y se lleva a uno consigo. La sombra nunca perdona ni nunca se despega, es la peor de las pesadillas: arrastrar la mochila recorriendo los cuatro puntos cardinales, cansado, agotado y ampollado, sólo para darse cuenta de que es lo mismo, aquí o allá. La sensación de victoria y de no cobardía se desvanecen a los cinco kilómetros. Tarde o temprano el velo se cae, se devela la vida y se ve el verdadero color detrás del verde del océano.

Todo era un espejismo y el agua era blanca, y la arena gris.

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Ridículas suposiciones

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Richard Alan Schmid

Me encuentro con un mensaje,  en un principio ilegible, como quien encuentra un billete  en el piso y tiene que desdoblarlo para saber si es de cinco o de veinte.   Voy a buscar mis anteojos –que a estas alturas se corresponden a mis ojos verdaderos- para tratar de desenmarañar las letras que se mezclan aún más cuando intento acercarme a la pantalla.

“No me queda mucho tiempo.”

Eso y nada más. Hora: 1:04 a.m. Visto: 7:29 a.m.

Me pregunto en primera instancia si ese poco tiempo ya transcurrió a la madrugada y se esfumó. De ser así estoy al horno. De cualquier manera estoy al horno. No sé qué significa ese mensaje. ¿Un error tal vez? ¿Se habrá equivocado de destinatario?  Le sucede casi a todo el mundo.

No sé qué contestar. No sé realmente qué preguntar. Tampoco estoy segura de si deseo alguna respuesta. Mi océano está atestado por tantas dudas e incertidumbres que ni Greenpeace puede salvarlo.

Me imagino ese tiempo como una cinta dorada que se extiende desde aquí hasta donde está él, y que el tiempo que sobra es el que tardamos en enrollarla. De ser así apenas nos veríamos unos minutos, mientras se juntan los extremos de la cinta, luego desapareceríamos, de la misma manera que lo hacen mis sueños cuando me despierto.

Puede que se le esté terminando el tiempo para no verme, lo cual hace que vuelva mi vista hacia la esquina y me lo imagine dando la vuelta por ésta: caminando con la vista alta que muestra sus ojos de miel, su sonrisa a media asta y  su andar tranquilo. En cambio por la otra cuadra se asoman adolescentes bulliciosas con largas melenas alisadas, riendo, descaradas, engañando mi fantasía y rompiendo los cristales del tiempo.  Traidoras!  Si tan sólo la vereda hubiera quedado vacía no hubiera sentido semejante usurpación en la pajarera que tengo en la cabeza.

Empiezo a teclear, imaginando de golpe una enfermedad terminal que impida vernos por los siglos de los siglos otra vez en esta vida. ¿Es que nos teníamos que volver a ver? Trato de recordar en qué capítulo inconcluso decía que nos volvíamos a encontrar, y me encuentro con esas promesas que se hacen sólo cuando uno es joven e inocente, y no sabe nada de las oportunidades perdidas.

03:09 p.m. No hay indicio de error, de rectificación, de mayor explicación que aplaque mis dudas. Borro la parte en la que estaba preocupada por un asunto de estado y empiezo a escribir sobre las oportunidades, los lugares, unas veinticuatro horas o unas doce, paseando en una calle de una ciudad cualquiera, recibiendo el tibio sol de junio, sentados en un café, hablando de banalidades como  ¿qué tal los chicos? o ¿qué estás leyendo ahora?,  con pocas expectativas, o con ninguna.

Pienso, me pregunto, me respondo, formulo hipótesis y elucubraciones, una ridiculez más grande que la otra. Es más fácil;  debe ser fácil, simple, sólo hay que dejar de dar vueltas.

Empiezo a teclear nuevamente, más tranquila, franca y directa un “Qué?” cuando aparece:

 “Perdón,  no era para vos.” Hora 03:22 p.m. Visto: 03:24 p.m.

Un atlas del mundo difícil – Adrienne Rich

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Always Tomorrow – David Febland

Adrienne Rich.  Un atlas del mundo difícil, XIII (Dedicatorias)

“Sé que estás leyendo este poema
tarde, antes de salir de tu oficina
la del único e intenso foco de luz amarilla y la ventana que se ensombrece
en la lasitud de un edificio que se desvanece en la quietud
mucho después de la hora punta.    Sé que estás leyendo este poema
de pie en una librería lejos del océano
en un día gris de principios de primavera, débiles copos empujados
en torno a ti a través de los inmensos espacios de las llanuras.
Sé que estás leyendo este poema
en una habitación en la que te ha sucedido demasiado para poder soportarlo
en la que espirales de sábanas yacen estancadas en el lecho
y la maleta abierta habla de fuga
pero aún no puedes irte.    Sé que estás leyendo este poema
mientras el metro disminuye la velocidad y antes de subir
corriendo las escaleras
hacia un amor diferente
que la vida nunca te ha concedido.
Sé que estás leyendo este poema a la luz
de la pantalla del televisor donde se deslizan imágenes mudas que sobresaltan
mientras esperas las últimas noticias sobre la intifada.
Sé que estás leyendo este poema en una sala de espera
de ojos que coinciden y no se encuentran, de identidad con extraños.
Sé que estás leyendo este poema bajo una luz fluorescente
en el aburrimiento y la fatiga de los jóvenes excluidos,
que se excluyen, demasiado jóvenes.    Sé
que estás leyendo este poema con la vista que te falla, las gruesas
lentes agrandan estas letras más allá de todo significado y aún así continúas leyendo
porque hasta el alfabeto es valioso.
Sé que estás leyendo este poema yendo y viniendo junto al horno
calentando leche, con un niño que llora en tu hombro, un libro en la mano
porque la vida es corta y también tú tienes sed.
Sé que estás leyendo este poema que no está en tu idioma
te imaginas algunas palabras mientras otras te hacen seguir leyendo
y quiero saber qué palabras son ésas.
Sé que estás leyendo este poema esperando oír algo, rota
entre la amargura y la esperanza
para volver una vez más a la tarea que no puedes rechazar.
Sé que estás leyendo este poema porque no hay más que leer
allí donde has arribado, desnuda como estás.”

Adrienne Rich

De “Un atlas del mundo difícil”

Poemas (1963-2000)
Traducción: Marisol Sánchez-Gómez

Fragmento nota en el diario El País, segmento Cultura.

http://cultura.elpais.com

“Inteligente y provocadora, era una de las poetas de mayor talento de EE UU y del panorama general de la poesía en lengua inglesa. Prestigiada y premiada desde sus inicios (W. H. Auden elogió y prologó su primer libro de poemas en 1951), recorrió sin embargo un largo camino de exploración poética y de autoanálisis existencial, cruciales en el cuestionamiento activo del patriarcado institucional, de la autoridad y la tradición literaria masculinas, convirtiéndose en una de las conciencias críticas más independientes y una de las voces femeninas más importantes de la historia.

Tras décadas de trabajo como escritora y activista comprometida, sus agudas reflexiones personales han articulado, con sorprendente precisión, problemas y cuestiones relativas a la liberación de la mujer reflexionando sobre su identidad y conciencia individuales, y sobre el papel de la escritura dentro de esos planteamientos. Su discurso poético y teórico mantiene un alto grado de atención crítica y lectora, pero es a partir de los años sesenta con Instantáneas de una nuera (1963) cuando se revela profundamente personal, capaz de romper todos los límites impuestos expandiendo el alcance de su obra. Ella misma se coloca en el centro de una irreprochable escritura deudora de una destacada tradición femenina, para crear una identidad y un lenguaje que, con manifiesto vigor e inteligencia, trascienden radicalmente su propia ideología. Rich lleva hasta sus últimas consecuencias ese eslogan surgido en el corazón del feminismo —lo personal es político—, teniendo muy clara la importancia radical que la experiencia personal de las mujeres desempeña como fuente y recurso para construir su futuro. Basta recordar su mítico libro en prosa Nacemos de mujer (1976), que es todavía uno de los mayores clásicos de la literatura femenina.

Una escritura siempre en primera persona, que relaciona conciencia y pensamiento. Prosa y poesía se muestran como el haz y el envés de un pensamiento donde la reflexión profunda del ensayo sostiene la realización explícita del poema. Esa coherente integridad entre pensamiento y acción se expresa en la corporeidad de un lenguaje ejemplo de compromiso incorruptible con el progreso y la conciencia de ser mujer. Su obra estudia y analiza las divisiones y dualidades instauradas en razón del sexo y la sexualidad, la raza o las creencias, poniendo en primer plano sus directas conexiones con el racismo, los prejuicios y la ceguera de clase o el antisemitismo. Aboga por equiparar el movimiento de los derechos civiles al de liberación de la mujer, y en uno de sus más famosos ensayos, Heterosexualidad obligatoria y existencia lesbiana, estudia la historia y la identidad lesbianas como elemento de ruptura de la cultura y la política heterosexuales, elaborando una perspectiva capaz de tener en cuenta todas las diferencias entre mujeres, hombres, lugares, épocas, culturas, condiciones, clases y movimientos a la hora de reconocer la experiencia individual en la esfera política. Vida y obra se hicieron inseparables en quien sabía que “una mujer que piensa duerme con monstruos”. Cuando le otorgaron en 1974 el Premio Nacional del Libro, y en desacuerdo con la política de Bill Clinton, lo rechazó en forma individual para recibirlo en nombre de todas las mujeres, junto con las nominadas poetas negras Alice Walker y Audre Lorde. Uno de los muchos ejemplos de honestidad y compromiso de quien demostró que la literatura todavía puede reclamarnos responsabilidades.”

Jacarandá

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Ted Blackall – North Sydney Jacarandá

Sabían que el jacarandá florece dos veces por año, en primavera y otoño?

Yo me enteré cuando lo incluí en la poesía, alentada por el recuerdo de sus flores que van desde el azul al violáceo.
Obvio que una planta tan hermosa tiene una leyenda más bella aún:

“De acuerdo a la leyenda del Amazonas, un hermoso pájaro llamado Mitu se posó sobre un jacarandá, trayendo con él a una hermosa mujer. La mujer, quien era una sacerdotisa de la luna, descendió del árbol y vivió entre los aldeanos, compartiendo con ellos sus conocimientos y su ética. Una vez cumplida su misión, volvió al árbol con flores y ascendió a los cielos donde se unió con su alma gemela, el hijo del sol.”

Vendrás caminando, lo sé.

Por la vereda alfombrada

De dulce abril y estelas doradas.

La espera durará menos de una eternidad

El abrazo fundirá el tiempo

Y llenaremos las calles

Con nuestra melodía.

Vendrás caminando en otoño

Por la vereda dulce y amarillenta

Cobijado bajo el manto resplandeciente

Del recuerdo de mi sonrisa.

Y seremos allí

A mitad de cuadra entre tu deseo y el mío

Como la flor azul del jacarandá

Que se ríe de las estaciones

Mientras juega con el viento. 

Yo