La historia del sujeto con gato y sin botas

Max Gasparini

No me gustan los gatos, por qué habrían de gustarme si después de todo me causan alergia?

Esa podría haber sido la primera señal. Estar con un sujeto que tiene un gato iba contra mis principios.

Para colmo de males, y volviendo al temita del gato, estos felinos, al igual que cualquier can o niño, se acercan lentamente hacia mi persona al instante de conocerme, sin hacer yo ningún esfuerzo por atraerlos.

El sujeto se acercó por el mismo efecto silencioso que causo en algunas personas: lenta atracción seguida por  diferentes matices de rechazo. Pocas personas tienen la capacidad de ser amadas y odiadas por la misma persona en una franja tan corta de tiempo espacial como yo.

A la semana mi relación con el gatto bianco bianco  era estupenda debo decir, ni un si ni un no, sólo mimos y ronroneos. Eso era amor no correpondido,  y yo me seguía resistiendo al constante cargoseo de su lomo contra mi cuerpo.

Mi alergia derrotada sumada a mi mente otrora implacable y ahora adormilada no hacían fuerza para clarificar absolutamente nada.

Me maullaba cuando llegaba, desesperado e insistente, ávido de un poco de atención y comida. El nombre? Gracias Dios no lo recuerdo.

Tendría que haber reparado en la actitud del sujeto, cuya intolerancia a tanto amor gatuno lo descalabró e hizo que su mano lo agarrarrara del cogote para hacerlo desaparecer de la estancia.

Ibamos a ser tan felices….. sin gato.

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En blanco y negro

Jean-Louis Courteau “Rêverie”

Es fácil, hoy parece fácil.

Me paro aquí y miro mi vida pasada como si fuera una película.

Película muda, en blanco y negro,

Con algunos saltos y cortes

Que obvien la obligatoriedad de rever algunos tramos.

La banda sonora no alcanzó la dimensión musical

Y sólo se la pudo calificar de ruido formado por golpes secos

Y huecos que acentuaron burdos intentos

De forjar algún guión creíble.

El final llega abruptamente

Y deja a los actores secundarios

Estupefactos y estúpidos

La protagonista sale de la pantalla

Y se tiñe de colores

Sabores, aromas y amores.

Yo

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Rubén Pinella: Pueblos en blanco y negro.

Soy de un pueblo, no lo puedo evitar. Uno no puede deshacer de donde viene, y llegado el momento tampoco quiere.

Un pueblo de ninguna manera es un country, tampoco es un barrio dentro de una ciudad. Al pueblo se llega o bien por nacimiento o casi por error, situación que los años tratan de enmendar, muchas veces sin lograrlo. Es tan difícil a veces llegar como salir. Pero una vez que uno se fue, siempre quiere volver.

Un pueblo es un lugar con pocas fronteras, con algunos barrios, una o dos plazas y todos sus condimentos rodeándola. Las escuelas no son muchas, casi siempre las que hay alcanzan y sobran. En ellas puedes tomar por primera vez una cascarilla o un mate cocido con leche, te puedes enamorar del hijo de la portera o de la vice directora.

El domingo, el sonido primordial, es el de la campana de la iglesia. Saludo matinal que intenta reunir a los fieles e infieles. La ubicación en los bancos será estratégica al momento de darse el beso de reconciliación.

Cada pueblo tiene su aroma según su ubicación y su actividad primordial: campo, chacras, más o menos verde, más o menos sequía o lluvias.

Pero, como hace muchos años que es pueblo y no puede torcer su destino, los abandonos se encuentran en cada esquina. Son esos lugares que en alguna época resplandecieron, y estaban llenos de ruidos y sueños de progreso.

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El blanco no va con todo.

Menos es más: yo diría que esta frase es aplicable a muchas situaciones, es como el blanco: va con todo.

Particularmente en este momento me hace acordar a los beneficios de pensar que uno tiene menos.

Veamos.

Yo tuve la suerte de creer de chica era gorda, poco inteligente, llena de granos, fea y torpe -entre muchos otros adjetivos que sonaban diariamente como un cassette-. Claro que este tipo de comentarios siempre viene sazonado con alguna comparación.

Digamos que la mayonesa del sándwich es:

“Mariela tiene mejores notas que vos”. No sé para qué tantos rodeos, si esta frase queda de maravillas cuando traducimos: “No sos tan inteligente como Mariela”.

A lo que le agregamos kétchup: “Mariela es más flaca que vos”.

Mostaza: “Mariela es una buena chica”.

Salsa picante: “No servís para nada”.

Lo que ustedes ven como un evento totalmente desgraciado, para mí resultó ser toda una ventaja. A medida que en mi vida me encontraba con personas que me querían con onda -el amor está sobrevaluado-, y otros que me querían ensartar -adjetivo calificativo que se utiliza para referirse a un sujeto masculino adolescente en celo- fui descubriendo que en realidad no estaba gorda, que era inteligente, que un ocho está bien y que la belleza se mide con otras varas.

A la par de toda esta lista de adjetivos calificativos de mi persona, se sumaba la de la condición social: tuve la suerte de crecer creyendo que era absolutamente pobre.

Me vestía con la ropa que mi madre me hacía con su ropa que ya había usado unos cuantos años. Nótese que en esa época las telas venían en dos categorías: las más lindas se lavaban y automáticamente achicaban, estiraban o desteñían. Las más feas eran las mejores: telas ásperas y de colores estridentes que resistían cualquier jabón o inclemencia climática a la que estuvieran expuestas, es más creo que las manchas resbalaban, ya que la tela no tenía ni siquiera capacidad de absorción.

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“No esperéis mañana lo que no te dió ayer”

Para los seguidores de Serrat, pocos temas son tan contundentes como Pueblo Blanco: “Y si te toca llorar es mejor frente al mar”.

Es un tema que vió la luz en su disco Mediterráneo, en el año 1971. Yo apenas empezaba a caminar con un año de edad de este lado del continente. Tuve que esperar 12 años para escucharlo en mi país. Y vaya que valió la pena!

Luis García Gil, en su libro “Serrat Canción a canción” nos describe Pueblo Blanco como un “retrato desolador de un pueblo perdido de la geografía andaluza”.

Detrás de este tema, se esconde la problemática del éxodo rural, la confrontación del campo y la ciudad. Y esta vez Serrat nos canta en primera persona, circunstancia que nos hace llegar aún más al alma estos versos exquisitos.

Creo que todos en algún momento quisimos escapar de algún “Pueblo Blanco”:

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