Un testamento sobre el campo de trigo

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Campo de trigo con cuervos- Vincent van Gogh

Llegó el último día Vincent.

No puedo imaginar que verían tus ojos desde esa habitación desolada.

Yo entro y me ciegan tus pinceladas de dolor en tu último oleo.

Apenas me arrodillo y toco el suelo sembrado siendo punzadas en mis manos y en mi corazón.

No puedes expresar tu dolor y me hieres.

Tu locura, la que quedó en todos los rincones, le dio extensión a mis brazos y pude llegar a tu cielo tan limitado, tan corto, tan bajo y grumoso como el techo de una aldea cualquiera de la aldea.

La oscuridad me rodea y mi cuerpo entero recibe los picotazos certeros, angustiantes y profundos de lo que parecen un millar de aves.

Es tu esquizofrenia descontrolada la que quedó desperdigada a mi alrededor?

Al final quedo recostada en el relieve de tu óleo, porque con tan solo tocarlo siento los profundos surcos de tu infinita soledad e incomprensión.

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Crisis en Argentina: “Demasiado ocupados en las palabras…

…. Para poner a salvo de ellas las cosas

Demasiado obligados en sus pesadas corazas…

(Tordos y caracoles-Joan Manuel Serrat – Frag)

Que mi silencio como ciudadana se haya extendido hasta hoy, no quiere decir que haya dejado mi conciencia de argentinidad a un lado, ni que deje de escuchar las hirientes y prepotentes palabras que vienen desde el poder. Mi silencio es el mismo de muchas personas, que se levantan por la mañana, madrugan su día y salen a sacarle jugo a la jornada.

Es imposible disociarnos: los ciudadanos somos humanos, los mismos que luego del desayuno salimos en el auto puteando al que pasó por la izquierda sin mirar, los que estamos apurados para casi todo, los que llevamos a los chicos al colegio y asistimos a las reuniones sin escuchar, los que nos vestimos mejor ese día que estamos enamorados, los mismos que pagamos los impuestos como podemos y soñamos con irnos dos veces al año de vacaciones. Los que llegamos agotados a la noche y ya no queremos más reproches, los que parece que muchas veces vivimos en stand by, o que no nos inmutamos por nada, si total no hay nada que hacerle.

Ayer fue uno de esos días mágicos, en los que se demostró que en el fondo si pensamos que hay más que hacer, en los que pedimos por favor que no se nos siga tratando de idiotas, que se nos escuche, que no estamos de acuerdo con discursos de atril e imágenes de divas inaccesibles.

Ahora que parece que estamos actuando, no hay de dejar ir este sentimiento de que podemos cambiar, queremos cambiar y que no necesitamos que ningún Fernández nos haga buscar la palabra masivo en el diccionario, o nos digan que en realidad estamos redistribuyendo la riqueza cuando hay hospitales que no tienen iodopovidona como desinfectante….

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