Renuncio

© Sergi Escribano

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© Sergi Escribano

Renuncio.
Me guardo.
Me resguardo.
Te pienso.
Borro el pensamiento.
Agarro las acuarelas.
Una franja verde. Otra azul.
Llora el lienzo.
Llora el abedul
y la albahaca triste se seca.
Escribo con furia.
Las lágrimas se reprimen.
Ya no más.
Me acuesto en posición fetal.
Sufro un minuto.
Al siguiente todo sigue igual.
El pasillo yace vacío.
Los libros gritan ausencias.
Acaricio el campo desierto
de mi abdomen.
Subo a los pechos
y dejo mi mano en mi corazón.
Mío es este momento
y son los gorriones
que me ven desde el balcón.
Una bocina aúlla a lo lejos.
Soy yo
con un grito desesperado.
Quiero despertarte
y que me mires.
Y en ese último esfuerzo
hacia tu memoria
me duermo.
Al despertar
todo sigue igual.
La casa, los libros,
la albahca,
el deseo extinguido.
La boca seca
el animal enjaulado
te borro
volvés,
te borro,
vuelvo.

Patricia Lohin

Sin mucha alharaca

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© Rene Stuardo

Ninguna mentira merece ser vivida, como la que afirma que no se te extraña.

Novecientos días con sus impares noches repitiendo el ritual: despertar, recordar, resetear, cambiar la melodía, poner play y vivir de lo que se pueda.

Si hace frío vivir del frío, si se vuelan las hojas del otoño seguirlas, si llovió … chapotear en las veredas,  si viene una caricia aceptarla; que las historias las escriben los que las viven y las fábulas son asuntos de los dioses.

Sumar kilómetros en bici, corriendo o en monopatín, y por qué no en la cinta del gimnasio. Que corran los engranajes del tiempo mientras le damos marcha a la inercia circular.

Laberintos arbolados, con entrada y sin salida. Escojo uno, el que me parece más verde. Para entrar pago el ticket y me pongo el vestido rojo, llevo los pies descalzos y mis pupilas buscan la mariposa blanca que viaja siempre hacia el norte, o hacia vos.

Giro y giro; recovecos absurdos de esta existencia, zigzags del corazón, mi mente que estorba y me engaña. El tiempo marchitando estaciones y frenando carruseles.

Me arranco el vestido y me pongo un overol de laburante y las zapatillas de correr, por si es preciso huir en sueños.

Adormezco la savia de mis arterias con autores desconocidos e historias de poca monta, salgo a la calle sólo cuando el sol está perpendicular para no hacer sombra, luego camino bajo los aleros de los negocios del centro.

En un descuido se me escapan en la plaza central, las cartas de amor que llevo en la mochila. Las que sobreviven a la captura de las masas chusmas, llegan al mar y son recogidas por gaviotas que las invitan a un viaje itinerante y sin fin. Seremos eternos.

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Arrivederci

Roger Edward Kuntz
Interior with Figure

Una cena fría y tardía. Una noche destemplada, un amanecer lluvioso, un atado de cigarrillos después y sale el sol. La música inunda mi casa. Me dan ganas nuevamente de enviar mensajes y de reunirme con la gente que me hace bien. Mis amigas, mis hijos. Mis alegrías.

Por unos días volví a ser la persona taciturna, enojada, a la espera, malhumorada que fui hace un año. Pero si yo no soy asi!!

Y allí es donde luego de quince días de revisión sobre el amor, otra vez me pregunto: el amor te hace perder la cabeza?

Sí, hay amores que te hacen perder la cabeza y el rumbo, los vez como amores profundos porque todo fue profundo: las lágrimas, las esperas, los dolores, las no aceptaciones, los reencuentros, las desesperaciones, el no entender. Te sentís poco, insuficiente, no amada, y no hay nada que puedas hacer.

Rectifico casi todo lo que puse antes, hay que tener cuidado con las pasiones y de donde provienen. Provienen de la desesperanza y la imposibilidad o del amor y el juego?

Subo más la música y el sol entra por toda la casa. Quiero limpiarla y perfumarla, sacarle la mufa de haber estado el dia encerrada pensando y rumiando cuestiones que debe uno cerrar inmediatamente antes de que ocasionen peligros mayores.

Hoy tal vez es el dia. Que trae el recuerdo y la vuelta si no es más incertidumbres, miradas vacías, esperas, falta de compromiso, besos robados y escuetos dados a cuenta gotas?

Acaso la ilusión de que todo va a cambiar? El otro va a cambiar? Las esencias no se pierden y está bien que sea asi. Si ayer me planteaba que no debo tomar decisiones apresuradas,  hoy ya me planteo resolverlo ya para salvarme antes de que me tape. Pude hacerlo una vez, lo hare otra.

Me miro en el espejo y me veo bella, quiero inundarme de caricias eternas, de palmadas cálidas que digan que todo va a salir bien.

Actitud. Coraje. Estima.

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Ser otra cosa

Jack Vettriano

 

Jack Vettriano’s Web Site: http://jackvettriano.com
“Suddenly One Summer”

“Ser algo que no me lleve a la autodestrucción.

Lo miro mientras sigue gritando algo que no comprendo.

Mi boca cerrada, mis manos juntas y mi mirada fija en algún punto lejano,

marcan la postura de la autodefensa.

Sí, estamos es en auto, dicho sea de paso.

El no me quiere ver más, para ser precisos nunca más.

Saco cuentas, nunca más será mañana antes del mediodía,

cuando la desilusión temprana anochezca

 y él pruebe algún paso de comedia que me haga reír.

De momento mañana no llega,

yo sigo en el auto en movimiento

apelando a cualquier tipo de autoayuda que impida

que se me escape una carcajada irónica.

Ganas no me faltaron.

Pero entre la dureza del asfalto y la de sus palabras,

tristemente elijo la segunda.

El se autodestruye y yo por fin logro ser algo,

otra cosa”.

Yo

Qué motivos?

Corazón blando
(Weiches Hart)

Miércoles por la mañana.

La diversidad servida en el desayuno, justo al lado del jugo de naranja artificial. La luz del día colándose por entre las persianas. Tu mano que se extiende para agarrar el azúcar, y mis oídos que aun no habían despertado a tus palabras. Es que acaso dijiste algo y no lo escuché? Este dato no lo podré precisar.

Una mañana normal digamos. De esas típicas que suceden luego de una conversación nocturna profunda, en donde las palabras pinchan como miles de agujas tratando de generar disparadores en el otro.  Aunque si vamos a especificar, técnicamente al hecho de que una sola persona hable aunque sea con público se le llama monólogo, acá y en la China. Los únicos disparadores que puede uno generar cuando la otra persona no quiere escuchar son más bien –volvamos a los tecnicismos- disparos. Usted elige de donde salen.

Pero aquí estamos, desayunando en la cocina que se va tiñendo con los rayos del sol, nadie ha muerto, tal vez algunos sentimientos estén heridos de muerte, pero nada que se pueda reparar llamando al nine one one.

El camión de la basura me distrajo de tales pensamientos disparatados y me llevó a levantar la persiana, como quien busca un paisaje menos desolador afuera en la calle.

Error. La vereda con bosta de un cuadrúpedo anónimo, restos de una bolsa con basura desparramada por descuido de los trabajadores de la empresa recolectora; un siseo extraño, uniforme y molesto proveniente de la cercanía con el parque industrial, y yo que dije BASTA.

El basta sonó como un estruendo que acalló aún más todo. La desolación de la cocina más la desolación del afuera me estaban matando. Tu cara de indiferencia ante tanta contaminación no hizo más que terminar de alterarme.

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Tres y media

Paradox – Andrei Protsouk

Tres y diez.

Las horas no pasan. Tampoco pasa este amor librado a los minutos del destino.

Por allá, como diez minutos antes, la savia roja de los sentimientos fuían en un ir y venir de proyectos y sueños.

Tres y cuarto.

Cada cinco minutos se abre una rosa y sus espinas sangran y hacen sangrar.

Tu boca se tensa preñada de orgullo y tozudez. El orgasmo previo fue como una explosión que dejó la base llena de escombros.

Tus ojos áridos no se humedecen ante ningún sentimiento universal conocido por el hombre.

El resto de la cara solo habla de sequía, del no saber y de miserias pasadas imposibles de dejar atrás.

Tres y veinte.

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Abandono

Acrylic on Canvas – Vladan

Te mentí.

No es la primera vez que me dejan. Dije que yo los había dejado a todos y no es cierto.

Guau, que si yo fuera que, una máquina recicladora de hombres.

Esta es la segunda vez que me abandonan. Pero acaso puede uno ser abandonado? Permitámonos esta palabra por unos segundos. Tal vez no haya sido abandonada sino yo misma me haya retirado, posiblemente hice todo mal y no leí el manual de instrucciones que habla de no pertenecer, no abandonarse, no usurpar. Reviso cuántas veces me puse el traje de Napoleón intentando conquistar cada una de tus zonas. Reviso mis actos fallidos y mis palabras sin pensar o tal vez demasiado pensadas. La distancia extensa, la cercanía agobiante, los límites marcados por arroyos caudalosos en algunas épocas y polvorientos en otras.

Esa maldita costumbre de analizarlo todo cuando puede ser una sola la respuesta, esa costumbre de buscar hilos conductores que no conducen a nada porque la vida es más simple, es un no, y a veces, las menos es un sí.

Esa maldita costumbre de organizarlo todo, horarios, salidas, compras, indumentaria, orden, estructuras, cimientos de arena que se desploman.

No es la primera vez que me dejan, y creo que en ambas ocasiones sufrí como a quien se le descose la costura de la piel que recubre el cuerpo, esperé tardes enteras un llamado, dormí más de la cuenta, fumé hasta que me harté, dejé de comer hasta que me descompuse de no tener nada en el estómago. Mi nuevo look eran las ojeras, la piel pálida y la espalda desgarbada, la ropa como trapos tirada sobre los hombros y el desconsuelo marcando el destino laboral. Un día, cuatro días, una semana, tres semanas….

Y de pronto uno dice basta de tango….

Dejé de revisar mis propias actitudes y puse un poco de peso del otro lado… casi todo el peso, eso me alivió un poco. El enojo me alivió, y desenojarme aún más.

La primera vez me miré en el espejo y me teñí de rubia platino, creí ser otra unos días y todo transcurrió como si nada. Hoy no habrá cambio de look, me gusta la mujer que llegué a ser después de este amor ahogado.

Y sí, no es la primera vez que me dejan, pero duele más que la primera….

Teresa Magel – Z. Orchid Infusion

Yo puse el esfuerzo

y ella la desgana,

yo el hondo silencio

y ella la palabra,

yo senda y camino

y ella la distancia,

yo puse los ojos

y ella la mirada.

Quise entre mis manos

retener el agua

y sobre la arena

levanté mi casa.

Me quedé sin manos,

me quedé sin casa

fui raíz oscura

y ella tronco y rama.

Para que la cuenta

del amor sumara

ella puso el cuerpo

yo el cuerpo y el alma.

Era toda viento

yo todo montaña,

yo pura resina

y ella pura llama.

Una noche oscura

se fue de mi casa,

cegaron mis ojos

para no mirarla,

para no seguirla

cerré las ventanas,

clausuré las puertas

para no llamarla.

Puse rosas negras

sobre nuestra cama,

sobre su memoria,

puse rosas blancas.

Y a la luz difusa

de la madrugada

me quité la vida

para no matarla.

Yo lo puse todo,

vida cuerpo y alma

ella, Dios lo sabe,

nunca puso nada.

Amor desolado – Letra:  José Dicenta Sánchez

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P.D.: que más lacrimógeno que un tango? Y de abandonos no encontré otro mejor…. Sugieran.