Fuera de órbita

El D.J. Justin Bua

Uno de los problemas al escribir cosas auto referenciales es que uno debe remitirse al pasado, ya que el futuro, quién puede escribir del futuro? Para poder sentarme a escribir otras cosas debía amigarme con el  ángel de la ilusión, que por estos días anda por otras pampas muy lejos de mi escritorio.

Confirmado: es  complicado escribir sobre el futuro navegando por aguas desconocidas. Y para escribir sobre el  pasado es necesario que pase la suficiente cantidad de tiempo como para que algo cause gracia.

El pasado inmediato mío era –o todavía es?- un poco convulsionado, es por eso que puse mi auto en cuarta velocidad mientras Elvis cantaba That’s All right. Oh yes!

Cinco minutos antes de Elvis, acababa de recibir un mensaje de mi ex husband diciéndome “sos la misma idiota de siempre”. Esto se sumaba a otros episodios durante la semana:  mi compañera de trabajo me había mandado a mudar por decirlo de alguna manera suave, muchas explicaciones y opiniones no pedidas con un amigo terminaron en desastre y demás  entredichos que lejos de evaporarse iban a mantener sus consecuencias, al menos que yo supiera nada había mejorado.

Yo, la peor de todas.

A todo esto mi psicólogo seguía descostillándose de la risa ante algunas situaciones por mí descritas. Definitivamente yo estaba al horno.

Tres años no es suficiente para mantener una conversación semi pacífica con un ex y que las cosas del pasado causen una mueca de gracia?

No sé que dicen las estadísticas. Las mías son catastróficas y me obligan cada tanto a hacer el proceso inverso de convertirme en oruga nuevamente.

A veces pienso que yo soy un satélite insurrecto de mi ex. Por más que llame a la Nasa para ver si me pone en la órbita adecuada no respondo, y me voy por mi camino. Acaso no me separé por eso? Quiero aclarar que no dependo económicamente de él, sino contemplaría al menos una bienvenida a los científicos del espacio.

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Banquetes clandestinos

Letters 18 Carin Rehbinder

 

Una cosa lleva a la otra, y la otra a la otra. Siempre es asi, incluso cuando nos encontramos chupando un clavo o asombrados porque terminamos sentados de cola en el asfalto.

Bueno, yo terminé sentada, no en el piso, pero si repasando lo que me desvela desde que aprendí a leer y alimenté mi mente con cuentos como La Cenicienta y luego con libros de colección, entre ellos mi querido Papaíto piernas largas, todos de finales felices. Sepan entender, eran principios de los 80.

La falta de olores en la cocina y de arrumacos en el pasillo, hacía que de niñas, tuviéramos carnet de biblioteca, privilegio comparable al de tener uno de conducir hoy en dia. Y de la biblioteca, a la habitación, juntando las rodillas, y sintiendo en la punta de los dedos como corren las hojas amarillentas y ásperas del libro usado.

No lo voy a negar, los libros crecieron junto con nosotras, que si bien no leíamos ni a Cortázar ni a Borges, nos regodeábamos con historias de amor que iban incrementando ya en pasiones desatadas.

Es asi como el camino que hacíamos hacia la escuela, lo utilizábamos para recrear nuestro futuro, que no era más que un rejunte de un capitulo de un libro mas tres de otro. Mientras cruzábamos las vías del tren, recitando nuestro nombre de atrás para adelante, nos acercábamos paso a paso al destinatario de turno de nuestras ilusiones, quien obviamente ya estaba en el aula.

Pero volvamos a donde estaba sentada: arriba del romance, los tiempos del romance, y ustedes saben:  las cartas, el cortejo, la primera cita, la flor arrancada al pasar por alguna vereda…

Existe o solo es el fruto de mi mente quemada con tantos cuentos de amor y finales felices?

Y si empezamos con un instructivo para escribir cartas de amor?

Tiempo de espera  – Carin Rehbinder

 

“Para escribir cartas de amor

no es necesaria

la cautela

ni el orden

ni encontrar la perfecta esquela

tan sólo encender la lámpara

como se enciende el cuerpo del amor.

Untarse toda,

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