Naves quemadas

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© José Luna

“Porque vivir  es navegar tras un espejismo detrás de un abismo sin vuelta atrás.” Luis Eduardo Aute

Perdón la demora. No estaría llegando. Me he demorado, desviado, detenido, paralizado. Aunque según desde donde se mire la situación también pude haberme adelantado. El caso es que no la emboqué con esto del timing.

La próxima vez me colgaré de las agujas del reloj, en un intento desesperado por lograr esa mentada sincronía entre el momento adecuado y yo. El momento adecuado y vos. Tal vez me deslice por la aguja que marca los minutos y caiga de una buena vez sin medir las consecuencias. Tanto pensar y mis pies quedan trabados en el eje que sostiene el movimiento del universo, mientras yo alucino que estoy estática.

Las estaciones de trenes –desérticas, quebradas, abandonadas- son plantaciones de vagones con asientos de cuero resquebrajados; aunque los vagones de carga se han transformado en lofts para quien necesite cobijo, siesta y calorcito.

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No me esperés

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Monte clerigo beach, Aljezur | Portugal (by José Antonio Rodríguez)

¿Cuántas formas hay de irse?

Me quedo, pero no en el mismo lugar. Me muevo y llevo todo: la valija celeste con la máquina de escribir portátil, un block de hojas, el cuadro de Pino con la mujer del vestido rojo en la playa, la cajita con los condimentos, y el neceser con los aceites esenciales. También te llevo a vos. Nos llevo a nosotros a dónde vayamos. Después de todo sos mi musa.

Hay un mapa terrestre lleno de lunares, curvas, granos, superficie porosa y húmeda. Ahí nos vamos a vivir. Juego con una lapicera a que escribo en tu espalda pero no dejo marcas. La tarde, que llega como una sorpresa fresca en este espeso verano, está llena de interrogantes y paradigmas. Por primera vez tiene una fecha en el calendario. Y yo, que no sé ni quiero aprender a planificar nada, la ignoro.

Dejo pasar tu comentario como si nunca fuera dicho. La voz, el estruendo de tus cuerdas vocales, se pierde uniformemente y se funde con el aire hasta convertirse en silencio.

¿Volverás? ¿Volveremos? ¿Seguiremos huyendo hacia otros países aunque nuestros pies permanezcan anclados en esta circunferencia de cinco metros cuadrados que se llama vida?

Me imagino seis meses más, seis días o seis horas esperando algo y mi alma se comprime, se encoge, se desintegra. Aguardo la sorpresa de no estar donde se “supone que” en ninguno de esos plazos. En síntesis, espero lo no esperado, lo cual me pone en esta dicotomía absurda. Me enredo en mis propios paradigmas mentales mientras el corazón se enfría a pasos agigantados.

Lo siento en mi piel, que toca pero no es tocada. Lo siento en mi alma que no se entrega, en mis ojos que miran como si todo fuera una película que no tiene secuela. No hay parte dos en esta historia.

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Spray nasal o qué esperar cuando no se espera nada.

Eric Fischl, 1948 - American Neo-Expressionist painter
Eric Fischl, 1948 – American Neo-Expressionist painter

El combate de la depresión tiene un nuevo armamento nuclear: es una especie de spray nasal que podría llegar a mitigar tanto sufrimiento. Lo acabo de leer por ahí. He dejado un rato a Susanna Tamaro para dedicarme a las noticias, qué mal.

Me pregunto si el spray acaso repartirá moléculas de colores, que luego se diseminarán por el torrente sanguíneo hasta llegar a la retina. La depresión siempre nace en la retina –está confirmado por la OMS y un sinnúmero de estudios científicos lo avalan- , en realidad no es más que una fina película que recubre la mirilla del alma, y la va tiñendo de gris, ese gris opaco y despiadado que invierte las sonrisas, tapa el sol con un dedo, concibe fantasmas que nacen en los lugares menos insospechados como en la neurona 5467BH. Pero el habitáculo infalible de los fantasmas se encuentra debajo de la cama. Si pensás que porque tenés un sommier que no deja espacio con el piso y estás salvado, error, se adaptan a lugares inexistentes. Si estás con depresión, llanto continuado o incluso con tristeza crónica,  tu fantasma de la guarda siempre estará debajo de la cama, al acecho, insomne y atento; dispuesto a saltar ante el menor movimiento que quieras hacer en dirección a la vida.

La vida está sucediendo… eso leí hoy por ahí, menos en estas ocasiones en que la vida simplemente está en off, inerte, con ese gesto de inmaculada y blanca frialdad que nos congela aún más. Hoy nos conformamos –incluso si estamos entumecidos- con escuchar que si caímos en esas garras malditas, somos bendecidos con la oportunidad crítica y única de sufrir una crisis que nos lanzará como cohetes al espacio sideral. El espacio sideral vendría a ser como el nirvana. Claro, es que nunca se sabe cuánto tardaremos en llegar al nirvana, si es que llegamos, y dentro del diminuto círculo de gente que me rodea, no conozco a nadie que haya llegado hasta allí.

Tengo una pregunta al aire: ¿Qué esperar cuando no se está esperando nada? Primero me cansé de esperar, luego solté –vieron que hoy soltar es re top y está de moda-, y cuando al fin el tacho me quedó vacío y sin nada que esperar, surgió esta pregunta de la hostia. Me pregunto si ese spray nasal que serviría para la depresión, también pueda servir para este estado de no esperar, que no es lo mismo que  desesperanza,  aunque también huele a silencio, tanto que llega a ensordecer con sus ecos.

Quienes padecemos este estado de silenciosa sordera, nos jactamos de estar en un nivel que otros no podrían estar, nos volvemos orgullosos y superados, creamos otro ego que se llama “súper yo puede estar súper sólo y no necesitar a nadie”. Hay días en los que creo que me voy a convertir en el personaje de Baricco que le escribe cartas a una amada que aún no conoce, hay otros en cambio en los que me convenzo que nunca más voy a latir por nadie y viceversa. Pero la fatídica realidad es que todos los días me levanto esperanzada, y cada tanto se cuela un día como hoy, en el que la acidez cerebral crónica supura por mis dedos. ¿Es la necesidad de amar y ser amados lo que hace este silencio más profundo? ¿Es el deseo lo que lo complica todo? ¿Hay que dejar de soñar, de desear y de esperar? ¿O hay que perseverar aunque el sueño duela y se convierta en callo?

Señoras y señores: con ustedes la soledad. Y para ésta no hay spray nasal que funque.