“En el zaguán del infierno”


Lillian Bassman

 

Ana me pidió que escribiera sobre nosotras. Esto apareció como una ráfaga vía Messenger. Debo reconocer su persistencia cuando tiene ganas. Ya había desatado el pedido en una reunión en la que estábamos todas. Diplomáticamente pasé el comentario de largo. Pero ahí estaba de nuevo, y cada palabra taladraba mi cabeza.

–           Imposible.- le dije.

No voy a perder a mis amigas justo ahora, mañana tampoco dicho sea de paso.

Oh vamos!  Esto no es una reunión mensual de tupperware, tampoco nos juntamos para hacer donativos, ni siquiera esas reuniones nuevas que se hacen ahora para elegir juguetes sexuales!

Es una reunión cada vez que podemos, en donde pasamos un buen momento y… se dicen la mitad de las cosas. Ustedes se preguntaran que clase de amistad es ésta. Pues de las que tenemos. Debo aceptar que si bien nuestras charlas no son un confesionario, que hay demasiados jueces, tantos como integrantes de grupo, cuando hay que estar se está y punto. Que puede ser más importante que estar cuando alguien lo necesita?  Ya bastante con nuestra propia conciencia que anda y anda todo el dia a la par nuestra como para permitir que la voz de otras cuatro conciencias digan lo que piensan a calzón quitado.

La verdad es que La Verdad en sí a veces es dura, y si viene vestida con el tapado llamado opinión es doblemente dura. Hemos aprendido muchas veces a esperar, con sugerencias, comentarios o miradas a que cada una saque su propia conclusión, reconozca su situación en forma de catarsis o siga viviendo bajo una baldosa. Esto puede sonar un poco aburrido sobre todo si tomamos en cuenta que nos hemos ahorrado un montón de discusiones. Acaso es tan malo?

Pero volvamos al Messenger. Le dije a Anita que no solo no me iba a quedar sin amigas sino que tampoco iba a andar ventilando las cuestiones de cada una, porque en definitiva qué puede sucederle a cinco mujeres solas que nadie se imagine ya? Bueno, no tan solas. La verdad es que una está casada, otras tres declinamos el compromiso en diversas etapas de nuestras vidas y otra nunca probó eso de en la pobreza y en la enfermedad.

Con hijos, sin hijos, con o sin trabajo, con algunos kilos más u otros menos, cada año tiene su estilo y nosotras ciertamente tenemos El Estilo.

Belleza? Perfumes? Hermosas sandalias y trapos en temporada estival? Si tenemos algo de esto. Noches de bar-restaurant-show, cuando aún se podía fumar adentro, hablando sin parar, miradas de reojo, alguien que se iba antes o por lo menos con alguna posible cita. Cacería? No, nunca salimos de cacería todas juntas. Hay veces en que las presas vienen solitas a la trampa.

Pero hay años en que el glamour se deja de lado y se viene la malaria festiva. O la abundancia de problemas, o esa cosa “in” que hace que tengamos ganas de reunirnos pero en casa de alguien, nada de producciones, sentarse como uno quiere, usar palillos, fumar, gritar, llorar y charlar libremente.

 


Lillian Bassman

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Edward Steichen: arte y fotografía

Rosas intensas – 1914

El Museo Reina Sofía y el Museo del Traje organizan en Madrid una de las mayores exposiciones sobre Edward Steichen, la primera que se dedica en España a este artista, pionero de la fotografía moderna.

La exposición, que tras su paso por París, Lausanne y Reggio Emilia, llega ahora a Madrid, pretende ser un reflejo completo y preciso de la prolífica obra de este artista. Está formada por casi trescientas fotografías originales y material documental (catálogos de exposiciones, maquetas originales y copias de Vogue y Vanity Fair).

Entre las dos guerras mundiales, Steichen alcanzó la cima del éxito en la fotografía comercial como fotógrafo jefe de las publicaciones Vogue y Vanity Fair del grupo Condé Nast. Durante los dos conflictos mundiales, prestó servicios distinguidos como fotógrafo militar y propagandista, y organizó exposiciones influyentes y enormemente innovadoras para respaldar los esfuerzos bélicos

Como fotógrafo, sus intereses y pasiones eran extremadamente variados: retratos, desnudos, fotografía de flores, moda, danza, teatro, bodegones, paisajes y naturaleza. Fue uno de los primeros en salvar la distancia entre la fotografía creativa y otros usos aplicados del medio, como el editorial o el ilustrativo.

Fuente: Adn.es

Galería del artista

‘Mrs. Eugene Meyer, Nueva York’ (1910)

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“No el que ignore la escritura, sino el que ignore la fotografía será el analfabeto del futuro” Walter Benjamín.

Imagen de Malibu south (2004), de Florian Maier-Aichen

Tal vez esta frase suene un poco extremista. Lo cierto es que ya no podemos negar la presencia de la fotografía como medio artístico por excelencia, un detalle que no solo está avalado por las sumas astronómicas que suelen pagarse por algunos ejemplares, sino por lo que la fotografía en sí transmite y genera.

Este año contamos con otra edición de PhotoEspaña. Aquí algunos recortes de la nota en El País.

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Premios Sony: lo mejor de la fotografía.

Los que me visitan seguido ya conocen mi gusto por la fotografía. De momento toda aquella en donde no esté mi imagen (sic). Mientras dilato el momento en el que me dedique a inmortalizar algunas imágenes dentro de la cajita negra, me sigo dedicando al acto de observar.

Mi favorito siempre es el blanco y negro, por nostalgia y porque siempre parece que esconde algo más que el color que se adivina. Si son retratos como en estas primeras fotografías mejor. Por algo este trabajo se llama Dulces Nadas:

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Rubén Pinella: Pueblos en blanco y negro.

Soy de un pueblo, no lo puedo evitar. Uno no puede deshacer de donde viene, y llegado el momento tampoco quiere.

Un pueblo de ninguna manera es un country, tampoco es un barrio dentro de una ciudad. Al pueblo se llega o bien por nacimiento o casi por error, situación que los años tratan de enmendar, muchas veces sin lograrlo. Es tan difícil a veces llegar como salir. Pero una vez que uno se fue, siempre quiere volver.

Un pueblo es un lugar con pocas fronteras, con algunos barrios, una o dos plazas y todos sus condimentos rodeándola. Las escuelas no son muchas, casi siempre las que hay alcanzan y sobran. En ellas puedes tomar por primera vez una cascarilla o un mate cocido con leche, te puedes enamorar del hijo de la portera o de la vice directora.

El domingo, el sonido primordial, es el de la campana de la iglesia. Saludo matinal que intenta reunir a los fieles e infieles. La ubicación en los bancos será estratégica al momento de darse el beso de reconciliación.

Cada pueblo tiene su aroma según su ubicación y su actividad primordial: campo, chacras, más o menos verde, más o menos sequía o lluvias.

Pero, como hace muchos años que es pueblo y no puede torcer su destino, los abandonos se encuentran en cada esquina. Son esos lugares que en alguna época resplandecieron, y estaban llenos de ruidos y sueños de progreso.

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Remember Me: Preston Gannaway, Pulitzer 2008.

Recuerdame: Así se llama el trabajo por el cual Preston Gannaway ha ganado el premio Pulitzer 2008.

Casualmente el año pasado, en este mismo mes, hice referencia a otro trabajo fotográfico ganador en la misma categoría y sobre una temática muy similar –El interminable viaje de una madre con su hijo enfermo– .

Podemos especular y darle vueltas a la muerte, tener largos debates, oírla y temerle, tratar de huirle o desconocerla. Lo cierto es que la muerte es algo que a todos nos toca. Y siempre pienso el temor debe de existir si tenemos las cuentas en rojo, o si todos saben que vamos a morir menos nosotros, si no tenemos tiempo de hacer alguna cuestión pendiente -seguro que no-….

Remember me. Ese es el deseo de muchos de los que saben que van a morir. Dejar una huella lo suficientemente profunda como para que no desaparezca con la primera lluvia.

Y yo lo dejaría allí, saltando por arriba el culto a la muerte, las placas, los recordatorios y demás cuestiones. Si hay algo que desearía es no dejar huella material de mi estadía por estos lugares, llámese parcela, placa en el cementerio, u alguna otra cuestión que dictamine que por allí cerca yace lo que quedó de mi contextura ósea. Lo que no quiere decir que esto sea ni mejor ni peor. En cuestiones de vida y de muerte, de dolor y despedidas, tratamos de manejarlo como podemos, y muchas veces el sólo hecho de ir un domingo al cementerio trae la calma del recuerdo no olvidado.

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“Se trata justamente de eso, de que estas mutaciones combinen con tu vida”. Gabriela Liffschitz

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eduardogil.com

“Con la enfermedad, yo no encontré una imagen anterior que se destruyó sino quinientas que destruí mil veces. Fui hippie, fui posmo, fui joven siendo vieja, fui vieja siendo joven, me moví desde el tailleur hasta las calzas negras de lycra. Sin teta fue otra imagen, sin pelo es otra imagen. Y aclaro que yo no me quiero proponer como la persona que tiene todas las respuestas, sólo que ésta es una respuesta para mí”.

Creo que todas las mujeres -bueno, casi todas o una gran mayoría- en algún rincón sombreado de sus ocultos pensamientos, han querido destacarse. El imaginario femenino vuela desde amores ocultos, desgarrados, imposibles; la superación de barreras de todo tipo -sociales, económicas, enfermedades-, la asistencia -soy la mamá protectora que te cobija-, y la incongruencia de querer ser protegido, asistido, débil en contraposición a hacerse cargo, tomar lo propio, emitir nuestros pensamientos y hacerlos valer.

Gabriela ante todo es mujer. Como tal, ha sido aguerrida, pionera, se ha desnudado en cuerpo y alma para mostrarnos sus heridas de guerra. Estas imágenes, son de las que van acompañada de alguna frase del tipo: “Personas sensibles abstenerse”.

Sensibles a qué? A la muerte, al deterioro, a la enfermedad, al cáncer, y lo debo decir: a la valentía del otro, que en este caso arremete como un muro con movimientos propios y nos lleva por delante. Es eso lo que sentí cuando vi las imágenes de Gabriela, tan femenina, con su ausencia, con una amputación que desaparece ante el espectador boquiabierto.

Esta obra, que nos llega en imágenes y con algunos fragmentos de su pensamiento, es una oda al cuerpo femenino, a la supervivencia del alma por sobre todas las cosas, es dolorosa y liberadora al mismo tiempo.

Gracias Gabriela por tu testimonio. Me rindo ante tu valentía -mi cobardía de acentúa ante tu vida-, me rindo ante tu imagen, bella, valiente…

Gracias mi querida amiga Laura por compartir este material conmigo. Este es otro testimonio que nos confirma que en esta vida podemos solo pasar, o dejar huella.

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