Rayos que no truenan

27657116_1576499332435803_53210638487224218_n
© Mauro Macchioni

Cae un rayo y dibuja una línea en el horizonte.

Al rato otros se suman

Y  cabalgan solos por la noche

Sin ecos ni truenos ni estruendos.

Rayos silenciosos

Que juegan a encontrar el lugar perfecto.

Caída libre, mágica, violenta;

Tonos plateados en todas sus dimensiones.

Estalla el cielo, mudo.

Estallan mis ojos, mudos.

Otra vez la tormenta

Que se perfila como predestinada

Y me lleva a un lugar hasta ayer extraño

Que se parece cada vez más a mi casa.

El agua que no termina de ser lluvia

Cae en forma de gruesas gotas

Dentro de mi vaso.

Me voy.

Me envuelve el viento impetuoso

Que levanta cúmulos de tierra a mi paso

Y me empuja lejos de ese lugar.

Estalla y grita la noche que era silenciosa

Y se convierte al fin en tormenta.

Patricia Lohin

Anuncios

Mitad agua, mitad estrellas.

24899725_1521153201303750_5016243165500118007_n
© Jayanta Roy

No recuerdo otro miércoles más silencioso que este.

Paraguas negros, grises y estampados esconden los cuerpos que se mueven automáticamente hacia adelante por las veredas.

La lluvia es apenas imperceptible. Pero moja y mucho.

Camino varias cuadras sin protección.

Hace mucho que dejé de protegerme para salir a la calle.

La lluvia es muda, los pasos silenciosos, los gorriones se fueron a otro planeta y el único ruido que hace estallar tanto vacío sonoro es el del camión de los residuos, que traga y aplasta la basura existencial que los ciudadanos dejan en sus veredas.

Bolsas con restos, secretos, papeles arrugados, cuentas, cáscaras, envases, cosméticos vencidos, la caja de cigarrillos vacía, colillas, humo…

Se va el camión y vuelvo a penetrar el bosque oscuro de mis pensamientos.

Estos días habrá lluvia de estrellas. En realidad son restos de un cometa.

Pero la ilusión de que sean otra cosa, algo mágico y luminoso, me lleva de viaje hacia otra ilusión:

Vos y yo, bajo ese cielo, mitad agua, mitad estrellas.

Patricia Lohin

Luna en escorpio

23559658_1499935710092166_763422127273551069_n
© Ana Becerra

 

Alguien ha dejado su vehículo estacionado en mi calle. Y el vehículo habla por sí solo. Repite constantemente, como un martillazo sobre la cabeza, bocina tras bocina, con una pausa intermitente y milimétricamente separada en tiempo y espacio.

Al final una pausa más larga, tan sólo para retomar la secuencia.

Parece la historia de mi vida. Ruido, secuencia, silencio, pausa…

El viernes está gris, por fuera y por dentro.

Gotitas translúcidas y tímidas se van apoyando en las hojas más grandes de los árboles para luego dejarse caer como por un trampolín.

Como esas gotas que quedaban en mi cuerpo luego de la ducha, y terminaban en tu boca.

No hace falta paraguas. La lluvia hoy es tímida y cobarde.

Como esos sueños que bajan y suben por la montaña rusa sin dejarse atrapar, como el abrazo de oso en el que nos fundimos cuando no damos más de fingir que la vida no nos importa, que el otro no nos importa.

Seguir leyendo

Supervivencia

1010895_476830145736066_483548324_n
Leopoldo Pomés

¿Y qué se aprende escribiendo? preguntarán ustedes. Primero y principal, uno recuerda que está vivo y que eso es un privilegio, no un derecho. Una vez que nos han dado la vida, tenemos que ganárnosla. La vida nos favorece animándonos y pide recompensas. (…) Segundo, escribir es una forma de supervivencia. Cualquier arte, cualquier trabajo bien hecho lo es, por supuesto.” Ray Douglas Bradbury

La tarde se detiene.

O al menos eso siento al salir a la calle. Una suave brisa llama a los carrillones a danzar por unos segundos, luego todo es silencio nuevamente.

Los autos circulan sobre un asfalto levemente húmedo por la llovizna que comienza a caer. Son las cuatro de la tarde, pero parece un atardecer pre-acordado. Los departamentos en planta alta conservan con celo los postigones cerrados.  Dentro, sus habitantes se hunden en el letargo de la ausencia o en el de la siesta, vaya uno a saber.

Agradecida estaría mi imaginación si en uno de ellos hubiese amantes amando a pesar del calor y del silencio, contaminado el vacío con las sonoridades empalagosas de los susurros y las mieles orgásmicas.

Mi corazón late lentamente por la inercia, aunque no puedo negar el leve respingo que me dejó la imagen de las sábanas enredadas entre las piernas y el posible reposo de los guerreros.

La vida me llama insistente todas las mañanas. Viene la muy puta y se cuela por las hendijas de las persianas de mi habitación. Yo me levanto, pero la verdad es que aún no sé que hacer con ella.

Y tal vez porque no sé que hacer es que la atiendo, obediente y aletargada.

Despego mis ojos, despego mis dedos, despego mis pies del suelo e intento en vano volar.

Vuelvo a mi imagen en la calle y sueño con sacarme mi vestido barato y falso hindú para dejar que la lluvia,  que se hace más reiterativa e insistente,  me bautice, o me despierte… en fin, que la naturaleza haga lo que tiene que hacer, no como yo que hago lo que puedo.

En algún lugar de la carretera interestatal de mi existencia se cortó el hilo, se apagó el WiFi, se cegó la mirada, la caricia se transformó en ese roce accidental de pasada y la charla profunda no fue más que una colección de murmullos interiores.  Verdad opacada, verdad escondida, deseo ausente; dormir soñando o dormir negando, da lo mismo.

Sigue mi pecho estático, y me pregunto por la supervivencia de mi cuerpo sin corazón. ¿Cuánto tiempo más de vida tendrá? Según mis médicos mucha, mi riesgo cardíaco es más que normal.  Pero ellos qué saben….

Seguir leyendo

Recuerdos robados

546254_267135270041803_1991752354_n

Takahiro Hara

La ciudad llueve desconsoladamente.

Luego de una melancolía previa que duró dos o tres días e incluyó lágrimas escondidas y pequeñas gotas de humedad resbalando veredas y pegoteando hojas,  finalmente la catarsis explotó en una lluvia insistente y por momentos violenta.

La jornada está herida de muerte, y a los suspiros le sucedieron hipos y llantos. Las lágrimas volverán al cielo, pero no hoy.

Este día mi tienda sufre la desaparición anunciada de clientes. Mueren las horas mientras miro las esferas de papel colgadas e imagino pequeños planetas en el salón. Las constelaciones no están de mi lado, o al menos eso aparentan.

Tengo frío. La humedad me estremece. Afuera las alcantarillas se atragantan con bolas de centenares de hojas húmedas y pesadas que la corriente arrastra. Cada calle es un pequeño río sin desembocadura. El intendente no estará muy feliz con esta frase tan poética mañana por la mañana.

Adentro  suena Gladys Knight, con esa voz dulce y por momentos desgarradora. También  grita la campanilla de la puerta.

Entra una clienta y sé el diálogo que vamos a tener. Exactamente igual al de la primera vez que vino.

“Hace mucho que están?”  Obvio que me mira y sabe que estoy yo sola.

Le contesto que hace más de dos años. Igual que la vez anterior y la anterior de la anterior.

No soy la misma. La primera vez le tuve cero paciencia,  aunque me las ingenié para que no se notara. La segunda vez dije algo como “Oh no, de nuevo no.” La tercera, la cuarta, esta última fui mejorando. Es el karma. La reencarnación misma ejemplificada en un salón amplio de una tienda natural.

Es una práctica, muy interesante por cierto, en donde tengo la posibilidad de ir repitiendo, mejorando y perfeccionando mi atención con una persona en particular.

Aún no sé su nombre. Lo sé, no es un punto a mi favor y describe un poco las falencias que tengo en la comunicación con el prójimo.

Ella no recuerda, y mis posibilidades se ven automáticamente multiplicadas. La veo esforzando sus pensamientos para que se conviertan en recuerdos, pero éstos lejos de permanecer, vuelan y desaparecen.

Recuerdos vitales del tipo qué comprar, a dónde ir o volver, buscar un teléfono, dónde está la lista. La lista no tiene ganas de jugar y aparece pronto. Puedo enumerar qué contiene mucho antes de que ella la lea. Dejo que saque el papel y escucho como si fuera la primera vez.

Seguir leyendo

Pequeñas muertes matutinas

1511546_644231795643269_406212657_n

Heading out – Vincent Giarrano

La mañana se presenta definitiva, es un golpe certero. Son varios golpes, uno cada día a lo largo de semanas y meses. No puedo dejar de  pasar por la mañana sin magnificarla, ni a sus ceremonias, a las melodías que rebotan en mi cabeza antes de abrir los ojos o a las frases escritas en la pared apoyadas en las líneas que forman el sol a través de la persiana.

Los rituales se suceden cambiando de posición como mis piernas entre las sábanas de algodón.  Sin ser Sri Gurú Gita, las señales llegan y yo las recibo desarmada, entregada tal vez a esa voz que me habla de no sé dónde y pone oraciones en mi cabeza para que las mastique a lo largo del día.

Si por las noches luego de catorce horas de maduración, tan sólo no estuviera tan cansada de mis temores diarios y pudiera presionar el botón play, grabaría un montón más de delirios existenciales, los cuales al momento de repetir en posición fetal a un costado de mi cama, tendrían  un sentido amplio y claro. A la noche todo tiene sentido, me cobijan sueños teñidos de infinitos colores y las respuestas llegan a raudales para irse sigilosamente a la madrugada.

A veces me lo creo realmente. Me creo la frase y su cauce, me creo la imagen del río que va siempre al mismo lugar con alguien parecido a mí que navega por éste, cumpliendo por fin la promesa de llegar a destino. Cuántas bifurcaciones más debo tomar?

Algunas mañanas la voz me pide fidelidad, otras tranquilidad, siempre esperanza. Cuánto más tiempo paso sin interactuar con otros seres humanos, la voz se vuelve más potente y resuena como si fuera un monstruo a punto de darse a conocer.

Fantaseo con la soledad eterna, deambulando entre frases mecanografiadas sin sentido, solitarios amaneceres llenos de aroma a café con mapas heridos con chinches, marcando lugares nunca conocidos,  convirtiéndome en un espejo distorsionado de alguien que en realidad no soy. Delirios.

Dicen que lo único que sabemos del futuro es que será distinto.

El contacto con la realidad me despierta. Alguien me escribe. La escritura es impersonal, letras que aparecen en una pantalla de celular. No es alguien. Es una computadora.

Acaricio mi agenda y puedo oler la tinta, el café derramado sobre el quince de enero. Recuerdo la existencia de notas y cartas manuscritas. El acto de abrir el sobre, imaginar que la otra persona estuvo apoyada sobre cada palabra que iba escribiendo. Una intimidad etérea y dulce.

Retorno de esos años luz donde estoy y llego hasta hoy. Me inserto a la vida.

No hubo noticias. O sí. Pero ya estoy lejos de éstas. Las calles húmedas me parecen hoy distintas. Despiden un aroma raro. Insectos y roedores salen al centro luego de meses de sequía.  La actividad de hoy es  la indispensable, no más.

Charlo impersonalmente con mis clientes y asesino al día.

Si al fin el pronóstico es sólo una sensación…

Diane Millsap

Es difícil ser el señor del tiempo.

Vaya si lo es.

Acariciar mapas lisos y azules.

Delinear climas que no alcanzan a sentirse.

Porque no es lo mismo veinte grados en Capital que en Ushuaia o Misiones.

Mientras unos sienten apenas una briza que se cuela entre la humedad,

Los del sur apenas si pueden moverse sin sudar y doña Rosa en Misiones

Probablemente amanezca con una mañanita sobre sus hombros.

El señor del tiempo canta decepciones,

Promesas de lo que será,

El corazón cálido u oprimido,

La lluvia molesta y el agua que brota debajo de las baldosas.

El olor de la humedad que aspiran los enamorados

Mientras corren bajo el agua riendo a carcajadas.

El viento que termina por derrumbar al otoño,

O que manda a volar pétalos y alergias en primavera.

El que marea navegantes y pasea soñadores

Que vuelan en globos aerostáticos.

Diane Millsap

Al menos una vez por semana el señor del tiempo miente.

Baja la humedad y suaviza la tensión que ejerce el sol sobre el asfalto.

Sujeta al viento hasta convertirlo en briza.

Redondea sensaciones térmicas y hectopascales.

Acaricia el fondo azul y guiña un ojo.

Si al fin el pronóstico es sólo una sensación

De cómo podría usted sentirse mañana.

El dice que bien y ambos sonríen.

Blogalaxia Tags , , , , , , , ,
Technorati Tags , , , , , , , ,