Banquetes clandestinos

Letters 18 Carin Rehbinder

 

Una cosa lleva a la otra, y la otra a la otra. Siempre es asi, incluso cuando nos encontramos chupando un clavo o asombrados porque terminamos sentados de cola en el asfalto.

Bueno, yo terminé sentada, no en el piso, pero si repasando lo que me desvela desde que aprendí a leer y alimenté mi mente con cuentos como La Cenicienta y luego con libros de colección, entre ellos mi querido Papaíto piernas largas, todos de finales felices. Sepan entender, eran principios de los 80.

La falta de olores en la cocina y de arrumacos en el pasillo, hacía que de niñas, tuviéramos carnet de biblioteca, privilegio comparable al de tener uno de conducir hoy en dia. Y de la biblioteca, a la habitación, juntando las rodillas, y sintiendo en la punta de los dedos como corren las hojas amarillentas y ásperas del libro usado.

No lo voy a negar, los libros crecieron junto con nosotras, que si bien no leíamos ni a Cortázar ni a Borges, nos regodeábamos con historias de amor que iban incrementando ya en pasiones desatadas.

Es asi como el camino que hacíamos hacia la escuela, lo utilizábamos para recrear nuestro futuro, que no era más que un rejunte de un capitulo de un libro mas tres de otro. Mientras cruzábamos las vías del tren, recitando nuestro nombre de atrás para adelante, nos acercábamos paso a paso al destinatario de turno de nuestras ilusiones, quien obviamente ya estaba en el aula.

Pero volvamos a donde estaba sentada: arriba del romance, los tiempos del romance, y ustedes saben:  las cartas, el cortejo, la primera cita, la flor arrancada al pasar por alguna vereda…

Existe o solo es el fruto de mi mente quemada con tantos cuentos de amor y finales felices?

Y si empezamos con un instructivo para escribir cartas de amor?

Tiempo de espera  – Carin Rehbinder

 

“Para escribir cartas de amor

no es necesaria

la cautela

ni el orden

ni encontrar la perfecta esquela

tan sólo encender la lámpara

como se enciende el cuerpo del amor.

Untarse toda,

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Summer of love: exposición psicodélica NY

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La exposición, dedicada a recordar “el arte en la era psicodélica”, celebra los 40 años del surgimiento de una de las principales corrientes culturales del siglo XX. Incluye desde discos, fotos y artículos periodísticos hasta el auto psicodélico de Janis Joplin. (imagen)

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Ligado al consumo de sustancias alucinógenas, el arte psicodélico se alimenta en sus formas y colores precisamente de las experiencias que dichas sustancias producían, por ello, son distintivos los colores intensos y las formas suaves y redondeadas que expresan, en definitiva, formas de manifestación de estados de alteración de la percepción. Unido también a la idea de lo místico, este arte posee una estética muy distinguible al igual que las demás expresiones creativas de su momento, en las que la paz y la espiritualidad constituían elementos constantes.

 

 

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Este arte tuvo renacimientos especialmente en los noventa retomado por el movimiento Rave y ayudado por las nuevas tecnologías de la computacion. Las artes visuales psicodélicas existieron paralelamente al rock psicodélico, posters de conciertos, portadas de discos, shows de luces, murales, revistas de historietas, periódicos underground

 

Fuentes: Más de Arte.com, Clarín, Wikipedia, diario ADN.

Página Summer Of Love

 

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