Moviendo el corazón

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Red Sofa II Karin Broos

 

Enviar una carta es una excelente manera de trasladarse a otra parte sin mover nada, salvo el corazón. Petronio

Querido:

Las mejores cartas que he escrito en mi vida, con las mejores palabras y los más profundos latidos, fueron para vos, y hace ya un tiempo largo.

En el intervalo hemos muerto, y me ha llevado todo este tiempo volver a desenfundar la Lettera y volver a tipear.

Cuando uno ya no está enamorado, cualquier palabra que dispare será sin consecuencias serias, pasará desapercibida, no creará sentimientos, sensaciones ni daños colaterales. Será una palabra que vivirá en el limbo, sola, desolada, gris, sin latido, inerte, sin posibilidad de irse o moverse. Será como yo hoy: no estará viva pero tampoco muerta.

Creo que ya lo sabés, en esta vida a la larga te acostumbrás a todo: al desamor, al rechazo, al destiempo.

Es un suplicio no estar enamorado y lo estoy padeciendo. En las calles gritan “apasiónense”, como si fuera algo que se consigue comprando una bebida energizante.

Me estoy secando día a día, mi sangre se espesa, no hay nada que erice mi piel, incluso he dejado de escuchar cierta música porque ya no me provoca nada.

Escribo para no morir.

Escribo para que mis dedos sangren al menos, y así sentir a través de éstos. Escribo para escarbar dentro de mis entrañas y encontrar alguna señal de vida humana o lo que fuera que se mueva. ¿Alguna célula tal vez?

Quisiera culparte, tanto como odiarte, aunque sabés que soy de la especie que no aprendió a odiar, sino más bien a odiarse en igual proporción que a culparse. Ni siquiera puedo quererte. Me lo he prohibido enfáticamente, como un acto de auto salvación: como esos suicidas que se tiran de un séptimo piso pero aún así ponen sus brazos delante para amortiguar el golpe. Plan B, voy a incendiar mi edificio pero igual activaré la alarma de incendios.

Sin embargo cuanto te pienso creo que existo. Qué ironía.

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Escribe cartas de amor

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Christian Coigny

Escribe cartas de amor,

Aunque no exista destinatario,

Aunque estés desamorado,

Desilusionado y solo,

Chupando clavos al final del pasillo.

Escribe cartas de amor,

Como si se te fuera la vida en ello,

Y déjalas, al pasar, que tomen aire,

Que les llegue la suave brisa

De la temprana tarde en invierno;

Cuando llegue la primavera,

Verás cómo las mariposas blancas

Beben de esas tintas

Y se llevan las palabras para ungir otras almas.

Escribe cartas de amor, a tu amor imposible,

Y envíasela, con o sin firma, sin intención de vueltas atrás.

Escríbesela a quién ya no esté

Haciendo huella sobre esta tierra,

Y dile que aún existe

Y moja tus mejillas cuando dices su nombre,

Tanto como el río moja al mar cuando llega a éste.

Escribe cartas de amor

Que te sorprendan  luego

Al encontrarlas dentro de un libro.

Y cuando mueras

Se pregunten a quién amaste tanto,

Amando sin tocar, amando sin estar;

A quién le imprimiste letras en su destino.

Escribe cartas de amor,

Cuenta los días, cuenta las palabras,

Idolatra cada suave murmullo escondido

Detrás de las vocales,

Jura sobre ellas el eterno amor,

Escribe suave pero firme,

Con lágrimas y estampas de suspiros.  

No dejes nada por escribir,

Que el sonido de los espacios

Entre cada palabra sea un grito

Que grabe a fuego tu imagen en el que los lea.

Escríbelas y deja que se hagan realidad.

What’s?

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Foto: Pinterest

Viajar y detenerse.

Anclar en un lugar desconocido y apropiarse.

Recoger el mar en una botella.

Arrancar el asfalto del alma.

Arrodillarse en la hiedra.

Por las noches colgarse de las estrellas.

Dejar hamacarse por el destino que ya está escrito en el horizonte.

Negarse a  ser un número.

Reinar con mano suave y caricias de miel.

Honrar. Amarse.

Desaparecer del mundo conocido.

Volver. Nacer. Elegir.

SER

Uno quiere, desea, arrincona, despedaza, putea, respira, atosiga.

Uno ama y odia en el mismo plato. Uno intenta pero no es suficiente.

Uno quiere un cambio ya y cuando llega es mucho para un solo aviso, entonces uno muere.

Desperté por la mañana con la misma clase de pensamientos obsoletos de la mayoría de mis días. El pasado viene como un fantasma a invadir mis neuronas que intentan vivir el día a día, y cuando escuchan la mar de zonceras dicen “¿What’s?”.

Sacudo la cabeza y desparramo los pensamientos que salen de mi cabeza como insectos infecciosos a adosarse en la pared. Pronto sin proteínas morirán y yo habré ganado la batalla de la mañana en contra de mí misma.

Salgo a la calle, en un enero con calles platinadas, semáforos opacos, gente perezosa que se arrincona debajo de los carteles en búsqueda de sombra.

Somos pocos. El resto está vacacionando en la villa. Vinieron muchos de la gran ciudad a apurar el paso a éstos “paisanos” de acá, que se debaten brevemente entre estar tranquilos y ganarse la temporada.

Llego a mi trabajo. No hay luz. Espero. La espera me lleva a un libro y mis neuronas contentas danzan entre un montón de palabras que llegan a mi alma por medio de un conducto desconocido científicamente.

El protagonista vive aislado. Es como un sabio de la montaña por lo que leo hasta ahora.

Sueño con vivir en alguna clase de descampado, cerca del agua y las sierras,  viviendo de lo que cultivo. En alguna casa de barro tal vez. O sustentables como las llaman ahora.

Estoy derrapando. O tal vez no. Imagino por un instante en este silencio obligado por la falta de energía eléctrica, cómo sería necesitar menos, mucho menos. Cómo sería no tener la cabeza embotada de números y horarios, de mails, de cables, de luces de colores, de reproches y boletas de estacionamiento.

No  alcancé a caer. Tampoco a levantarme, sólo anoté dos o tres líneas sin conducción, que seguramente vendrán a hacer ruido otra mañana de éstas, cuando repita mi gesto con la cabeza en un intento vano de exiliarlas de mi propio país.

Buscando hojas amarillas mecanografiadas.

Spring Street Signage by Patti Mollica

Entre mi biblioteca y la de mi padre hay varios abismos. De chica me acercaba a sus libros sólo para olerlos y pasar mi mano por sus tapas duras. De encuadernación perfecta, me llamaba la atención el entramado que en la parte interior del lomo unía las hojas. Nunca leí más allá del índice o de las letras doradas de los títulos.

Hoy no recuerdo la temática de los mismos, pero sí la alineación casi perfecta en la estantería, o al libro olvidado en la mesa ratona cerca de una taza de té.

Tal vez me enamoré del acto silencioso, solitario e introspectivo al que obliga la lectura. Una relación absolutamente monogámica entre mis dedos y las hojas, entre mis ojos y las palabras.

El ritual de andar con libros por doquier, doblar los extremos de la página para señalar, firmarlos al inicio y desear que se borre la editorial o el año de impresión, pero nunca la propiedad o el momento de apropiación. La firma estampada junto a una nota que dice que el libro lo ha elegido a uno, saltando desde un escaparate y rogando para que me lo llevara.

Deli in Tribeca by Patti Mollica

Cruzando el abismo está mi biblioteca, que vive lejos de la filosofía y de los autores de culto, lejos de Borges y de Rayuela, obviando prosas y poesías. Plagada de historias mínimas, autores desconocidos, tapas blandas, desorden temático, calles de mi niñez, frases cursis y alentadoras.

Mis libros son como las hojas caídas de otoño, todas del mismo árbol, jugando en la vereda y adquiriendo diversos matices.

Aún en los libros que he abandonado hay una oración que me pertenece.

Sueño con unir todas esas oraciones en un nuevo libro de tapa blanda, letras rústicas y hojas amarillas mecanografiadas.

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Palabras perdidas

Paul Parsons  “Foggy Morning”

Sueños arrancados de cuajo

Para dar lugar

Al entierro de las palabras perdidas

Perdida la noche de sueño

Sembrada de silencios

Afuera la noche tatuada

Lagrimeando fugazmente

Estrellas derrotadas.

Yo

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Palabras

Connie Renner

He tratado de reunir pacientemente

Algunas palabras

Pero todo es en vano

Los días desamorados

Y la rutina implacable

Atentan contra cualquier

Reunión de palabras coherentes

Si con los torbellinos de emociones

Surgían palabras

Que golpeaban como granizo en mi cuaderno

Hoy la tan ansiada paz

Se convirtió en enemiga

De cualquier manifestación escrita

Que suponga una reunión acertada

De dos, tres o mil palabras

Que no suenen a dejadez y hastío.

Yo

Connie Renner Westardly Winds

“…Todo lo que usted quiera,

sí señor,

pero son las palabras las que cantan,

las que suben y bajan.

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Un mondo alla rovescia


Un mondo alla rovescia es un mundo al revés, y un exquisito cuadro de Cristina Mavaracchio (Link).

Es una mujer desnuda, hamacándose, libre y desprejuiciada. Como casi siempre lo visual algo tiene que ver con lo escrito y el titulo se escapa un poco de la temática, pero me pareció bellísimo.

Vayamos en reversa…

Cristina Mavaracchio – Sensi

Te acordás

Cuando éramos chicos y apoyábamos la cabeza entre el colchón y la almohada escondiéndonos de algún fantasma nocturno.

De la felicidad de llevar un hijo en el vientre, verlo nacer y ver sus manitas moviéndose por primera vez.

Ese momento que creíste que el universo era tuyo y que podías alcanzar cualquier cosa.

Esa noche que te sentiste protegido y que pensaste que era para el resto de tu vida.

Esa vez que gritaste tanto que solo fue un grito sordo de desesperación.

La vez que te equivocaste de puerta.

Cuando tuviste que empezar de cero rompiendo con todos los moldes.

Cuando defraudaste y mucho, a vos mismo.

La vez que pretendías ser feliz armando todo un parque de diversiones para tu familia para que no lo note.

Las noches que te fuiste a dormir solo.

La última vez que te lastimaron, que dijiste que iba a ser la última y nunca lo fue.

Cuando te measte de la risa y te dio hipo y llorabas de tanto reír.

Cuando volviste a empezar con la misma persona volviendo a apostar al cambio y al futuro.

Cuando perdonaste y no olvidaste.

Te acordás lo fácil que fue esa vez tomar una decisión, solo había que hacerlo y tener alguien al lado que te apoye.

Lo felices que éramos pensando en retirarnos juntos como compañeros.

El tiempo sin tiempo, corriendo en el parque y jugando a las escondidas.

Ese año que te pusiste las pilas y alcanzaste un cuerpo escultural.

Las fotos, pilas de fotos, de tus hijos para que no se escape un solo centímetro en su crecimiento.

Lo difícil que parecía tener quince años.

Las primeras vacaciones que pudimos pagar.

La vez que me viste en la calle y dijiste ella va a ser mi mujer.

El fracaso que no se convirtió en experiencia.

La puerta con la que volví a chocar la segunda vez.

De las injusticias que nunca asumiste.

Cuando solo esperábamos amor incondicional reprochando un millón de segundos el no tenerlo.

Cuando eras fuerte, y cuando eras frágil.

Cuando esperaste y te esperaron.

Cuando te enamoraste solo con los ojos sin saber.

Cuando el capricho y el vacío todo lo pudieron marcando un rumbo que no llevaron a nada.

Cuando me prometiste y rompiste tus promesas.

Cuando te cuidé y descuidé de mi misma.

Cuando equivoqué el camino dejando todas esas horas solo en el trabajo.

Cuando te descuidé.

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