Mail-support

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© Rob Bremner

Señores de Gmail:

Les escribo porque estoy interesada en recuperar correo personal que en su momento se intercambió desde este correo en cuestión con el propietario de la dirección nn@hotmail.com.

Los correos datan de cinco años a esta parte. He tratado por las vías normales y en su momento los recuperé. Pero en un rapto de violencia y despecho tecnológicos los volví a borrar. Y luego los hice desaparecer de la papelera, de enviados, de guardados y de todo resto de ciberespacio con el que me crucé tan inoportunamente.

Entiendo que a ustedes los problemas personales de los cibernautas les importan un pito. En realidad la falta de esos mails no es un problema, sino que es una cuestión de recupero de bienes personales. Si es que al correo entre dos personas que se conocieron antes de ayer –alrededor de los años 80- se le puede llamar bien personal.

Entiendo que la inteligencia artificial estaría dando pasos agigantados hacia una comunicación más eficiente y cercana a la humana. Pero de todas maneras no nos estaríamos entendiendo.

Vuelvo a llenar el formulario y la respuesta sigue siendo la misma: un frío formulario en respuesta del anterior formulario intitulado “Notificación de Gmail sobre tus correos desaparecidos”. Que vuelva a cambiar la contraseña y a revisar la configuración de privacidad.

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Divagaciones

pinoab3376

Pino Art

Hace un par de meses que vengo mirando mi blog y preguntándome que hacer respecto a este.

Algo que empezó casi como un juego, y atravesó diversos momentos: de actualidad, de arte, música y literatura principalmente.

También se filtraron algunos escritos con la carátula de catarsis. Pero últimamente en un acto arrebatado de ensueño cósmico había enfilado hacia la poesía.

Quienes me conocen me preguntan asiduamente: “estás escribiendo?” . Responder sí me da chapa de que estoy medianamente bien -digamos no para el loquero-,  aunque la realidad es que he escrito mucho más en momentos críticos que felices de mi vida.

No me he puesto a revisar cuántos años hace que mantengo el blog. Muchos, y tras líneas han pasado muchas personas también. Familiares, amigos  y algo más como dirían en algún recital.

Algo me dice que no lo tire, que no lo mande a la papelera. Raro en mí llegar a esa decisión ya que no guardo nada: ni cartas de amor, ni notas, ni rosas desecadas, ni mails, ni mensajes destacados.

Mi vida es ir para adelante sin guardar. Pero me di cuenta que si tiro el blog a la papelera ni siquiera quedará rastro de una poesía o de alguna línea que haya escrito.

Entonces me surge la pregunta: vale la pena guardar?

Acaso no seguiré siendo yo… los guarde o no?

Y, por otro lado, esos poemas de amor dedicados ayer y que hoy ya no están vigentes, no perdieron valor?

O se habrán transformado en  hilachas que cuelgan en los rincones del alma como testigos de que alguna vez el amor fue un bello género blanco y suave de algodón?

Como siempre tengo muchas dudas y pocas certezas. Y tal vez eso sea lo más bello de todo: la incertidumbre, la falta de ciencia cierta, de aproximación a lo que sucederá o no.

Es por eso que mi proyecto de casa en la playa –un escrito de los años ochenta que voy modificando con los años-, sigue allí. A veces llego a esa casa y me encuentro con alguien, otras veces llego y esa persona o no estuvo nunca o ya murió.

Sueño con que termino ese escrito en mi máquina de escribir, mientras alguien me mira desde la otra punta de la mesa. Es un momento en donde no es necesario decir nada, porque nos amamos.

Así de simple y complicado es mi sueño.