Pendiente

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© Renata Ginzburg

Primer mensaje de la mañana: Banco Santander Río notificando que tengo un sobregiro superior a lo acordado.

Hace unos años hubiera llorado por un sobregiro: a los treinta cuando la responsabilidad era una caja fuerte llena de mandatos diarios. Ahora creo fervientemente que no se puede vivir sin tener un sobregiro de algo o de alguien. Es decir…. Estar sobregirado… deberle algo a alguien, tener una zanahoria que nos invita a levantarnos al día siguiente para saldar esa cuestión que tenemos pendiente. Así sean doscientos pesos de sobregiro, un café, una charla, una puesta de sol, aunque deberle a la AFIP no estaría contando.

Levantarse y no tener nada pendiente sería algo así como amanecer y ver de pronto que una bomba nuclear arrasó por completo con lo que quedaba de vida sobre la faz de la tierra. Y vos estás solo, más sólo Will Smith en “I am legend”, porque ni tenés perro ni te vas a encontrar con nadie más. Hasta los zombies son desaparecidos en acción. No más colas en el mercado. Qué horror… ¿dónde estaría quedando ese paraíso?

Suena el celular. Me escribís para saber si te estoy esperando. Ese es el segundo mensaje de la mañana luego del mensaje corporativo del Santander. Querés saber si soy tu pendiente. Me resisto a confirmártelo.

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Pendiente de ti

 

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“No sé quién eres tú

ni lo que soy para ti.

Si hay algo entre tú y yo

te importa un pito.

No sabes que vivo

pendiente de ti

y tengo también

mi corazoncito”.

 

 

Ayer fue un día especial, sobre todo porque no pasó nada de lo que vengo soñando, el analista me dijo que debo dejar decantar -alguien que me mande el significado please– y encima me di cuenta de que siempre espero Abril con demasiadas expectativas.

Abril aún no llega pero por suerte para algunas personas que están receptivas se está anticipando como nunca.

Ayer por la mañana, en una de estas diligencias laborales, que hacen que tenga que salir a la calle, me encontré con una muchacha a la que veo usualmente en la semana. Estaba tan rosa, tan radiante, tan espléndida, que no pude menos que decirle: Qué linda que estás! En ese momento también agradecí que el estudio no fuera uno de esos lugares que tienen espejo, ya que mi figura al lado de la de ella era simplemente deplorable.

Ayer fue uno de esos días en los cuales bendigo que haya personas que se abran -espiritualmente obvio- conmigo. La respuesta de la chica en cuestión fue simple, contundente, demoledora: “Estoy enamorada”.

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