Butacas amarillas

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Peter Turnley

 

 

Viajo sentada en la butaca amarilla

Del tren de los vagones azules,

Que va desde las sierras hasta el mar.

El chuf chuf disfraza la tos de fumador

Del hombre desvencijado sentado frente a mí.

Para distraerme de la imagen

De los poros dilatados de su nariz,

Toco el cuero resquebrajado

Del asiento del acompañante.

Creo sentir el calor que ahí hubieras dejado

Antes de bajarte en la estación a la vuelta de tu vida.

Me sacan de vos unos niños que corretean por el pasillo.  

Pero tu ausencia está dispuesta a derrumbarme

Con la insistencia de un mosquito y la certeza de una espada samurái.

Sin defenderme, me entrego a esa soledad despiadada

Que se escucha igual que el grito de la madrugada:

Sorda y hueca, vacía de nada.

Yo tan valiente y muriendo víctima de tu espejismo.

Busco en la cartera un caramelo que endulce

El agua salada de mi garganta

Y deliro con que éste quede ahí atascado,

Oportuno impedimento que me permitiría morir

Cobarde y anónimamente.

Qué loco este casi amor

Que no fue ni tragedia ni caricia,

Sin piel o sábanas,  ni huella sobre huella

Que no hundió el dedo sobre tu espalda

Ni besó mi ombligo o cambió la hoja de ese libro

Con un beso húmedo sobre tu dedo.

Qué tortura la de este incesante golpeteo

Que emite el tren con precisión cronométrica.

El mismo golpe de la ventana cuando hay viento

O el de los sueños cuando se repiten,

El mismo golpe de los días sobre la memoria,

La memoria que perdió el tren de los vagones azules

Al pasar de largo por la estación a la vuelta de tu vida.

De pasada

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Arte: Steve Hanks

Te vi asomarte por la vidriera

Y entrar.

O eso me pareció.

Hasta que encontré que de vos

Sólo estaba el contorno de una figura

Que yo había imaginado.

Unos ojos gentiles

Me hablaron pidiendo no sé que,

Mientras yo esperaba los tuyos,

Aunque sea para evadirte la mirada,

Como quien espera una señal

O un reflejo,

O un choque le pupilas intergaláctico.

Como quien sueña por la noche

Y pide al universo una señal,

Yo pedí de pasada al menos verte.

Y una vez más

Los dioses se ríen de tu ausencia

Y de mis espejismos absurdos;

Mientras busco la chispa plateada de tus ojos

En otros rostros,

O tu media sonrisa y tu apática presencia

Al borde de la puerta de lo que resta de mi vida.

Patricia Lohin

 

Hoy

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Foto: Tumblr

Quiero eso y nada más.

Imperiosamente.

Ahora. Es decir hoy.

Ese hoy que se escapa.

Que va siempre un paso adelante o dos,

¿O tal vez serán tres o cuatro pasos detrás?

Vos sos -sin piedad- mi pasado,

Capturado en una fragancia gastada

Con reminiscencia a vainilla o pachuli,

En un pañuelo bordadito

Con detalles de crochet en los bordes.

Intento escalar

El montículo de polvo de moléculas

-atómicas, interestelares y anómalas-

Que nos separan mil de millones de años luz.

Alguien me mira y ha detenido el reloj.

¡Qué descarado!

Ha tocado mi tiempo y sin pedirme permiso.

 Lo espío y cuando se adormece lo adelanto,

Y cuando despierta no estoy más.

Porque cuando den las diez, o cuando den y cuarto

De un día festivo de noviembre,

Cuando el sol entre justo por esa hendija

Que solo permite la antesala del verano,

Ahí estaremos uno frente al otro,

Chocando las frentes y las caricias,

Será hoy.

Y me recogerás

Como quien levanta una hoja de otoño

Y quiere darle vida.

Patricia Lohin

Resplandor

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Léon Herschtritt, Amoureux de Paris, 1960

Acaricio tu voz con mi aliento.

Retumban en mi memoria

Tus registros vocales

Como si fueran cantos sagrados

De una tribu libertaria y ancestral.

O el sonido de mágicos tambores

Cuyos ecos repercuten

En la tierra nueva, compacta,

Sólida, fértil y húmeda;

Emanando vapores que dieron origen

A  tu alma y la mía,

Ese primer día del primer ciclo

De la gran página en blanco

Que hoy despilfarra colores,

Fracciones, notas

E interrupciones gráficas.

Tiemblo sin remedio,

Ante esta incauta invasión

Que el viento de enero trae,

Junto a fragmentos tuyos próximos y pasados.

Tu sangre diluida en el néctar del tiempo

Inyecta mis despertares mañaneros

Y siembra de largas interrupciones

La utópica continuidad

Del descanso nocturno.

Pequeñas muertes plomizas

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Sol Sistere

Ya ves, esta noche

-dicen-

Es la más corta del año.

Tendremos que urgir

Nuestra quimera,

Adosar pronto la cabeza

Sobre almohadas dispersas

en distintos puntos cardinales. 

Invocar a las deidades

Con la oración breve y definitiva,

Esa que usamos por decreto,

Cuando las horas nocturnas

Tienden a evaporarse

Y gastadas se suman a las del día.

O como hoy

Que con el descenso del solsticio de verano

Nos invade una leve aflicción

De no tener el minutero a favor,

Para abastecer nuestras almas

Con pequeñas delicias y secretos compartidos.

Cerraremos los ojos

Y al breve instante en que nos entreguemos

Al acto terrenal de dormir,

Correremos al encuentro

Del uno con el otro.

Tu boca sobre la mía,

Y tu mano en mi espalda

Sólo para empezar.

Y cuando regrese el hechizo del alba

Nos despediremos extasiados

Rumbo a lo que nos queda del día

Bajo la sombra de la espera.

Patricia Lohin

 

 

Perdido en otras playas

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Joseph Lorusso

No estás.

Y sin embargo no muero.

Tiemblo al oír tus pasos por la vereda

Pasando por el costado de mi vida,

Atendiendo tus oportunas diligencias

E ignorando la inoportunidad de mi presencia.

Presencia tardía o temprana,

Demandando ausencias urgentes

Que acomoden el palpitar de la rutina.

Ya quisiera morir,

De un corte cerebral

O de cualquier otro tipo de corte fatal

Que anule los latidos

Que originan tu nombre

Y humedecen mi boca

Con el recuerdo del néctar de la tuya.

Morir y entrar en el blanco

De tu ojo izquierdo,

Que hoy no me refleja,

Mientras tu boca

Descose una sonrisa torcida,

Y alza un lunar por encima

De la altura de tu nariz.

Quiero desaparecer involuntariamente,

Peleando contra toda fuerza terrestre,

Arañando el cielo mientras escalo nubes

Y definitivamente volverme etérea -y loca-,

Ser esa fragancia de primavera sutil,

Que te embriague y maree

Obligándote a dibujar mi recuerdo

En la distancia que hay entre

La almohada y tu sexo.

Y así seré un resplandor en la noche,

El despertar insomne a las cuatro,

Las gotas gordas y violentas de la lluvia de verano,

La melodía olvidada que taladra por las mañanas,

La caricia certera que no volverá nunca,

El deseo que corta tu respiración

Y anula el resto de los sentidos.

Así moriría,

Con el placer de saberme

Un recuerdo eterno e incandescente,

Molesto y deplorable,

La esquizofrenia inevitable

Que nace con el amor no concretado.

Patricia Lohin

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Nuestros

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Arte: Jerome Romain

Encuentro lágrimas de tinta negra

Que un día triste de esos lejanos y pasados

Derramaron  mis ojos,

Sobre el marco de la ventana

Que da al oeste de nuestros sueños.

Nuestros…

Qué palabra mágica y hechicera,

Que esta mañana

Danza en la vereda de mi casa,

Bajo el sol tibio de las diez,

Besando las hojas del jazmín azórico

Que se desprendieron y extraviaron

Con la tormenta del último atardecer.

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