Extraño eso que queda

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© Yan Sarkisyan

Extraño eso que queda

Cuando venís de la guerra

-O de otra vida ahí fuera-

Y te rendís con los pies desnudos

Al primer beso que nos encuentra.

Dejás tu nombre mudo sobre la silla

Y el resto del día se va descascarando

Sobre el suelo tibio.

Te presentás desnudo y silencioso;

Mientras yo, haciendo menos ruido

Dejo caer los temores

Y cierro cualquier otro sentido

Que pueda llevarme lejos

Del momento en el que somos nosotros.

Otro día me preguntaré

Qué música sonaba de fondo,

Qué llevabas puesto,

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Renuncio

© Sergi Escribano

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© Sergi Escribano

Renuncio.
Me guardo.
Me resguardo.
Te pienso.
Borro el pensamiento.
Agarro las acuarelas.
Una franja verde. Otra azul.
Llora el lienzo.
Llora el abedul
y la albahaca triste se seca.
Escribo con furia.
Las lágrimas se reprimen.
Ya no más.
Me acuesto en posición fetal.
Sufro un minuto.
Al siguiente todo sigue igual.
El pasillo yace vacío.
Los libros gritan ausencias.
Acaricio el campo desierto
de mi abdomen.
Subo a los pechos
y dejo mi mano en mi corazón.
Mío es este momento
y son los gorriones
que me ven desde el balcón.
Una bocina aúlla a lo lejos.
Soy yo
con un grito desesperado.
Quiero despertarte
y que me mires.
Y en ese último esfuerzo
hacia tu memoria
me duermo.
Al despertar
todo sigue igual.
La casa, los libros,
la albahca,
el deseo extinguido.
La boca seca
el animal enjaulado
te borro
volvés,
te borro,
vuelvo.

Patricia Lohin

Mientras tanto

¿Y mientras tanto? – me preguntaste.

Mientras tanto estamos muertos y en el limbo – contesté.

Y extendí mi mano queriendo tocarte…

 

Mis pies sobre el puente peatonal

El puente sobre el río

La roca debajo del agua

Tu boca en la mía

El fango debajo de la piedra

Las hojas sobre el filo del agua

Tu mano derecha en mi mano izquierda

El viento dentro de mi pelo

Un remolino existencial en tu cabeza

Tu mano izquierda en mi sexo

El sol en el cielo y las nubes sobre el agua

Tus ojos en los míos

La humedad en tu mano izquierda

Mi pecho sobre el tuyo

Y tú nombre en mi garganta

El verano en el aire

La aldea en el llano

La miel en tu lengua

Y el clímax llegando.

¿Y mientras tanto?

Mientras tanto la vida.

Patricia Lohin

Ausencias

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Antonio Berni

Las últimas luces del otoño

Se filtran por los amplios ventanales,

La ciudad yace desierta y muda

Mientras las hojas se desprenden y parten rumbo

Hacia oscuras alcantarillas.

Lloran los dioses,

Arrinconados entre el desazón

De las ciudades que no recorreremos

Y la muerta esperanza de los dedos que no se tocan.

El sauce se inclina hacia el río

Queriendo beber del elixir con el que

Otrora bañamos nuestros pies,

En ese lugar donde vertimos

Nuestras carcajadas sonoras y eternas.

Los bares cierran tristes sus puertas,

Al no vernos llegar tomados de la mano

Dispuestos a estar horas y horas

Sembrando filosofías disparatadas,

Pintando nuevos cuadros de Berni,

Mezclando en el lienzo los colores de tus pupilas

Con los de mis labios generosos.

A la vuelta, una librería anuncia

El estatuto de los amores inconclusos

Mientras que el carnaval se declara

Obsoleto y parte rumbo

A otras ciudades

De calles angostas y caderas más generosas.

Vierte el sauce lágrimas en el río

Mientras se secan sus raíces

Y nosotros…. nosotros

Navegamos una vez y otra vez

Contra la corriente de los sueños.

Mientras tus manos tocan la piel opaca

De la ausencia predestinada

Y yo me hundo en la soledad de unos labios desconocidos,

En algún lugar los dioses renuncian a su tarea

Convirtiéndose en simples peones

Que saltan de uno en uno

Los días y los meses.

Volveremos a vernos

Alguno de estos días,

Cada uno frente a un espejo distinto

Que nos reflejará en el marrón de nuestros ojos

Los granos de arena que terminaron de escurrirse

Para decantar íntegros en la base del reloj.

Pero los dioses ya no estarán

Para darlo vuelta.

Patricia Lohin

Butacas amarillas

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Peter Turnley

 

 

Viajo sentada en la butaca amarilla

Del tren de los vagones azules,

Que va desde las sierras hasta el mar.

El chuf chuf disfraza la tos de fumador

Del hombre desvencijado sentado frente a mí.

Para distraerme de la imagen

De los poros dilatados de su nariz,

Toco el cuero resquebrajado

Del asiento del acompañante.

Creo sentir el calor que ahí hubieras dejado

Antes de bajarte en la estación a la vuelta de tu vida.

Me sacan de vos unos niños que corretean por el pasillo.  

Pero tu ausencia está dispuesta a derrumbarme

Con la insistencia de un mosquito y la certeza de una espada samurái.

Sin defenderme, me entrego a esa soledad despiadada

Que se escucha igual que el grito de la madrugada:

Sorda y hueca, vacía de nada.

Yo tan valiente y muriendo víctima de tu espejismo.

Busco en la cartera un caramelo que endulce

El agua salada de mi garganta

Y deliro con que éste quede ahí atascado,

Oportuno impedimento que me permitiría morir

Cobarde y anónimamente.

Qué loco este casi amor

Que no fue ni tragedia ni caricia,

Sin piel o sábanas,  ni huella sobre huella

Que no hundió el dedo sobre tu espalda

Ni besó mi ombligo o cambió la hoja de ese libro

Con un beso húmedo sobre tu dedo.

Qué tortura la de este incesante golpeteo

Que emite el tren con precisión cronométrica.

El mismo golpe de la ventana cuando hay viento

O el de los sueños cuando se repiten,

El mismo golpe de los días sobre la memoria,

La memoria que perdió el tren de los vagones azules

Al pasar de largo por la estación a la vuelta de tu vida.

De pasada

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Arte: Steve Hanks

Te vi asomarte por la vidriera

Y entrar.

O eso me pareció.

Hasta que encontré que de vos

Sólo estaba el contorno de una figura

Que yo había imaginado.

Unos ojos gentiles

Me hablaron pidiendo no sé que,

Mientras yo esperaba los tuyos,

Aunque sea para evadirte la mirada,

Como quien espera una señal

O un reflejo,

O un choque le pupilas intergaláctico.

Como quien sueña por la noche

Y pide al universo una señal,

Yo pedí de pasada al menos verte.

Y una vez más

Los dioses se ríen de tu ausencia

Y de mis espejismos absurdos;

Mientras busco la chispa plateada de tus ojos

En otros rostros,

O tu media sonrisa y tu apática presencia

Al borde de la puerta de lo que resta de mi vida.

Patricia Lohin

 

Hoy

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Foto: Tumblr

Quiero eso y nada más.

Imperiosamente.

Ahora. Es decir hoy.

Ese hoy que se escapa.

Que va siempre un paso adelante o dos,

¿O tal vez serán tres o cuatro pasos detrás?

Vos sos -sin piedad- mi pasado,

Capturado en una fragancia gastada

Con reminiscencia a vainilla o pachuli,

En un pañuelo bordadito

Con detalles de crochet en los bordes.

Intento escalar

El montículo de polvo de moléculas

-atómicas, interestelares y anómalas-

Que nos separan mil de millones de años luz.

Alguien me mira y ha detenido el reloj.

¡Qué descarado!

Ha tocado mi tiempo y sin pedirme permiso.

 Lo espío y cuando se adormece lo adelanto,

Y cuando despierta no estoy más.

Porque cuando den las diez, o cuando den y cuarto

De un día festivo de noviembre,

Cuando el sol entre justo por esa hendija

Que solo permite la antesala del verano,

Ahí estaremos uno frente al otro,

Chocando las frentes y las caricias,

Será hoy.

Y me recogerás

Como quien levanta una hoja de otoño

Y quiere darle vida.

Patricia Lohin