Rubén Pinella: Pueblos en blanco y negro.

Soy de un pueblo, no lo puedo evitar. Uno no puede deshacer de donde viene, y llegado el momento tampoco quiere.

Un pueblo de ninguna manera es un country, tampoco es un barrio dentro de una ciudad. Al pueblo se llega o bien por nacimiento o casi por error, situación que los años tratan de enmendar, muchas veces sin lograrlo. Es tan difícil a veces llegar como salir. Pero una vez que uno se fue, siempre quiere volver.

Un pueblo es un lugar con pocas fronteras, con algunos barrios, una o dos plazas y todos sus condimentos rodeándola. Las escuelas no son muchas, casi siempre las que hay alcanzan y sobran. En ellas puedes tomar por primera vez una cascarilla o un mate cocido con leche, te puedes enamorar del hijo de la portera o de la vice directora.

El domingo, el sonido primordial, es el de la campana de la iglesia. Saludo matinal que intenta reunir a los fieles e infieles. La ubicación en los bancos será estratégica al momento de darse el beso de reconciliación.

Cada pueblo tiene su aroma según su ubicación y su actividad primordial: campo, chacras, más o menos verde, más o menos sequía o lluvias.

Pero, como hace muchos años que es pueblo y no puede torcer su destino, los abandonos se encuentran en cada esquina. Son esos lugares que en alguna época resplandecieron, y estaban llenos de ruidos y sueños de progreso.

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Katinaj: el encuentro

Dicen en la página de Argentina Indígena: seguiremos cantando hasta que amanezca.

De pronto esta frase tiene una connotación muy especial, que se acentúa si escuchamos sus sonidos. Al igual que Katinaj, palabra con su propio ritmo, todo parece desembocar en un mundo lleno de antepasados y fantasmas, mundo más vivo que nunca gracias a fundaciones como Argentina Indígena, movimiento que tiene como meta la difusión de la música y el arte indígenas.

No son fantasmas, ni los sonidos vienen de ultratumba. Es parte de nuestra argentina y nuestra cultura.

Hoy el encuentro queda manifestado por medio de este hermoso trabajo de Rubén Romano, fotógrafo que colabora con la fundación desde 1995.

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Rubén Bareiro Saguier: Paraguay desde mis sueños

Carolina Pigeon or Turtle Dove by John James Audubon

Entrevista: Por Mario Rubén Álvarez (www.ultimahora.com)

P.: ¿Para quién o quiénes escribís?

R.: Para el lector, para el que se anima a leer. Los escenarios de mis relatos parten de los itinerarios de mi vida, pero sobre todo son paraguayos. La ausencia física del exilio nunca fue una ausencia espiritual. Viví, donde quiera que estuve, como paraguayo y en función a mi pueblo.

P.:¿Cuál es la razón por la escribiste toda la vida?

R.:Para mí siempre fue una cosa compulsiva, una necesidad. Mi destino de escritor quedó marcado cuando a los un año y medio tuve una gastroenteritis que, entonces, era mortal. Me dieron por muerto. Hay que ver si amanece… dijo el médico. Y amanecí. No podía jugar al fútbol aunque sí al tóky y a las figuritas, pero nada más. Tenía que buscar algo alternativo. Ahí fue que empecé a escribir. Soñé entonces despierto y dormido. (Entrevista completa)

Este señor es Rubén Bareiro Saguier, escritor, poeta, autodidacta. Che pykasumi, musicalizado por Joan Manuel Serrat en el disco Cansiones, es un bello poema cuyas primeras estrofas están en guaraní, detalle que le suma ternura musicalmente hablando. Che pykasumi es mi pequeña tórtola, la cual nos ha dejado deambulando solos y recordándola penosamente.

Para escuchar el tema cantado por Joan Manuel Serrat ir al mismo post en otra plataforma. (link)

Che pykasumi reveve vaekué chehegui rehóvo

oúva ne ange cada pyhare che kéra jopy;

rohayhúgui ai ajepy’apÿva che ne ra’arôvo,

michínte jepépa ndaivevuivéi che mba’embyasy.

Ne añaitégui ndénte aikóva ko’âicha aikove asy

jaikóma rire ku juayhu porâme oñondivete;

resê reveve che rejarei, che motyre’y,

aico cikorey ndavy’amivéi upete guive.

Sin consuelo alguno te sigo queriendo cada amanecer

como sombra voy caminando a solas con mi soledad.

Mis ojos padecen al mirar la casa donde ya no estás.

Corazón transido que me mancha el pecho y me hace sollozar.

Con un leve vuelo de mí te apartaste pequeña torcaz.

Porque no querías que te acariciase el pelo y la piel.

Regresa, te pido, a darme consuelo como sabes tú.

Alivia esta pena que me estruja el ama, Che pykasumi.

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