La próxima tempestad

 

20882533_1424043167681421_6313797446644226776_n© Victoria Ivleva

“Le gustaban los amores “imposibles”; le dejaban “el gusto exquisito del fracaso.” – Elena Garro

Sé que no vas a venir, y eso al fin trae calma a mi vida.

Sé que no estaré, y eso trae esperanza a mi vida.

Es hora de partir, de abandonar los sueños absurdos que penden de hilos que están siempre cortándose y anudándose, es hora de mudarlos a otras camas, cambiar las sábanas, comprar cobertores de colores, recibir la primavera, ver brotar las plantas, dejar que los ojos se aclaren con el sol del nuevo día y  amarse inconmensurablemente.

Esto es dejar ir, soltar, fluir y la mar en coche. Es dejar de poner excusas a lo que llamamos destino, es agarrar la paleta y pintar con los colores que se nos dé la gana, es exigir amor porque amamos y cerrar la puerta a lo que no vale, ni apuesta, ni siquiera pierde porque nunca juega. Me arriesgo a este vacío aunque deje de escribir… aunque la fantasía errática censure mis palabras y no encuentre rimas para los nuevos sueños. Arriesgaré la lejanía de las letras y soportaré la penumbra que precede a lo que vendrá.

Adentro suena Gladys Knight. Afuera suenan las risas de los preadolescentes, que corren de esquina a esquina.

Saber que al fin no vendrás trae paz interior y exterior a mi planeta personal. Es dejar de suponer, de idealizar, de armar en mi cabeza el primer saludo, el primer paso o el primer beso. Todo eso implica una enormidad de tiempo libre que ni sabía que tenía. Y es todo mío.  Hay otra vida fuera de la tuya y es la mía.

Debo reconocer que gracias a esa fantasía, hoy ya exigua, de nuestro posible encuentro, cambié un poco mi vestuario e incorporé algunos vestidos que sabría te gustarían. Recuerdo haber tocado la tela de cada uno de éstos imaginando si te gustarían al tacto, aunque duraran poco sobre mi piel. Tal vez nunca había estado más hermosa que ese verano que nos íbamos a ver. Me levantaba con el brillo en los ojos y la piel perfumada. Buscaba lugares con playas íntimas y cabañas luminosas. Luego de unos años de duelo, dos otoños y un corto invierno,  al fin esta primavera los usaré todos para mí, con el mismo brillo en los ojos y la actitud de quien renace a la vida.

Alguien a quien no conozco escribió “habrá otros veranos para amarnos”. Yo digo que no. Una mujer siempre sabe la verdad, otro tema es que quiera verla. Hoy puedo.

Fracaso, espera, imposible, resignación, desdicha, cobardía… son palabras que no figuran en mi actual diccionario.

No soy buena para enamorarme, aunque, ¿qué es ser bueno para enamorarse?

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Anoche casi te sueño

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Arno Rafael Minkkinen

La estancia está vacía.  Hago tres o cuatro pasos sobre el piso de madera, y escucho mis ecos sonoros tropezar y darse de cabeza contra las paredes.

Me arrodillo de cara a la ventana desprovista de lienzos y cortinas. Y yo, que no sé rezar, cierro los ojos y digo mi plegaria: “Señor te pido: no más deudas, ni acreedores, no más mafiosos enamorados apostados en la esquina de la plaza listos para el apriete; no más sonrisas debajo de las sábanas ni más sábanas de algodón blancas, no más colchas bordadas a mano, no más robar tus anteojos de arriba de la notebook. No más escucharte reír o refunfuñar, no más jazz ni folk ni soul. No más tango, no más muerte ni reinicios. No más pérdidas, porque ya no las soporto.”

En vez de decir “Amén” digo “Cobarde”, con la seguridad de que tendrá el mismo efecto: ninguno. Los de arriba se ríen, los de abajo se cagan en las súplicas, y nosotros seguimos creyendo que pedimos algo y lo obtenemos.

Quiero irme sin mirar atrás, como hacen las heroínas del cine en blanco y negro. Quiero tener la boca color carmín, un pañuelo en la cabeza y partir olvidando el lugar, la calle, la numeración; dejando la ropa blanca colgada en la calesita para que la lluvia y el sol la vuelvan hilachas o algodones desvencijados, que desesperados se cuelguen caprichosos sobre las ramas casi muertas del invierno en los arroyos.

Pero miro atrás y me atrapa tu olvido voluntario sobre el piso. Un libro firmado en abril y leído en primavera, ese que paseamos desde la mesada hasta la silla, del auto a la mochila y de ahí al canasto de la bicicleta, para volver a estar sobre la cama; enredado junto con mil cosas más, mis piernas sobre el edredón; y yo riendo del pobre autor desesperado ante la prohibición de escribir cartas de amor.

Vuelve a mi memoria el recuerdo de tu mesa de luz improvisada con una pila de libros fundamentalistas e infumables, y del otro lado de la cama, mi mesa llena de cuentos, recortes, fotos, notas, doncellas y cuentos de hada.

El primer día que nos encontramos en este piso, los gorriones se posaban en las barandas del balcón, mientras las ramas de los árboles de la calle besaban las ventanas con sus extensiones de hojas verdes, apresuradas, inquietas, insurgentes… como vos y yo. Y ese mismo día, horas más tarde leíamos en la página 93: “Es difícil la vida de los que aman a una mujer”. Lo sé, porque abajo puse la fecha con tus iniciales.

Es difícil la vida de los que aman. Punto. Puta madre.

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De pasada

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Arte: Steve Hanks

Te vi asomarte por la vidriera

Y entrar.

O eso me pareció.

Hasta que encontré que de vos

Sólo estaba el contorno de una figura

Que yo había imaginado.

Unos ojos gentiles

Me hablaron pidiendo no sé que,

Mientras yo esperaba los tuyos,

Aunque sea para evadirte la mirada,

Como quien espera una señal

O un reflejo,

O un choque le pupilas intergaláctico.

Como quien sueña por la noche

Y pide al universo una señal,

Yo pedí de pasada al menos verte.

Y una vez más

Los dioses se ríen de tu ausencia

Y de mis espejismos absurdos;

Mientras busco la chispa plateada de tus ojos

En otros rostros,

O tu media sonrisa y tu apática presencia

Al borde de la puerta de lo que resta de mi vida.

Patricia Lohin

 

Recurrencias

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Anna Madia

Aún no acabo de descubrir cómo llegué a este lugar.

Supongamos que nací aquí, del todo huérfana, detalle que hace que quieras huir a cualquier otro lugar.  Pero ¿a dónde?

Miro y está tan obscuro acá, que no sabría qué camino tomar. Es que ¿hay más caminos?

Tal vez este lugar tan sólo sea el fragmento de algo, un “algo” insospechado del cual no se sabe nada. Esta ignorancia no hace más que asesinar la supuesta elucubración que se pueda hacer sobre nacimientos, cuestiones parentales, árboles genealógicos, raíces de los mismos y posibilidades de amistades que superen cualquier estimación temporal.

Caí acá, hace tres décimas de segundos o hace mil millones de años. Es igual. No hay viento ni cuerdas de relojes. Intuyo que es un lugar alargado, como si fuera una ruta o una vía del tren. Si hay un horizonte no lo veo.

Hay tan poco para ver, que no se me ocurre otra cosa más que pensar. La obscuridad es tan íntegra que hace bien su papel: no se divisan bordes, ni caminos, ni horizontes. El lugar parece un escenario sin público ni aplausos, la adrenalina de no saber si ante un paso caeré, está comenzando a afectarme tanto, que sólo atino a girar sobre las huellas de mis pies. Debajo hay algo que parece tierra seca mezclada con trozos de vidrio, que en otra época fueron parte de un alumbrado público.

En el aire vuelan chispas desprendidas por colillas de cigarrillos que ahora mueren en el suelo, lo más parecido a una estrella fugaz tal vez sea una de esas chispas. Escucho cánticos ahogados que suenan a coros góticos y disonantes. Hay otra gente que fuma, canta y muere. Hace mucho frío para ser el infierno, y aún está templado para llamarse invierno.

El aire huele a humo, tal vez sean los vicios encendidos o el hálito que despiden las almas errantes.  Me invade el sueño junto con la certeza de que esa noche no terminará jamás. Cae otra chispa a mis pies, e ilumina un par de segundos que se extienden medio metro alrededor de mi presencia.

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Sol Sistere

Ya ves, esta noche

-dicen-

Es la más corta del año.

Tendremos que urgir

Nuestra quimera,

Adosar pronto la cabeza

Sobre almohadas dispersas

en distintos puntos cardinales. 

Invocar a las deidades

Con la oración breve y definitiva,

Esa que usamos por decreto,

Cuando las horas nocturnas

Tienden a evaporarse

Y gastadas se suman a las del día.

O como hoy

Que con el descenso del solsticio de verano

Nos invade una leve aflicción

De no tener el minutero a favor,

Para abastecer nuestras almas

Con pequeñas delicias y secretos compartidos.

Cerraremos los ojos

Y al breve instante en que nos entreguemos

Al acto terrenal de dormir,

Correremos al encuentro

Del uno con el otro.

Tu boca sobre la mía,

Y tu mano en mi espalda

Sólo para empezar.

Y cuando regrese el hechizo del alba

Nos despediremos extasiados

Rumbo a lo que nos queda del día

Bajo la sombra de la espera.

Patricia Lohin

 

 

Ahora

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Arte: Claire Elan

Ahora que los sueños han invadido mis horas de vigilia,

Y que adivino los acordes de tu guitarra.

Ahora que he alquilado una habitación invisible

Cerca de la tuya para escuchar murmurar tus ensueños.

Ahora que mi día amanece soleado

Con una voz que viene nadando desde el otro lado.

Ahora que el tiempo se detiene,

Y que los relojes de arena ya no son lo que eran antes.

Ahora que nuestras huellas han sido erosionadas por el viento,

Y que el mar ha sobrevivido a tantas tempestades.

Ahora que la espera ha perdido su sentido y orientación,

Y que nuestras almas juegan a encontrarse.

Ahora que mi cuerpo despierta sonidos guturales,

Placeres secretos y escondidos.

Ahora que regreso de otros amores y tierras lejanas,

Conquistando reinos despoblados de promesas

De cuestionamientos del tipo cómo, cuándo y por qué.

Ahora que adivino tu sonrisa y tus ojos tan gentiles

Que viven al norte de mi casa.

Ahora que reescribo un diario,

Y me sincero cada día a través de la tinta negra

Que se escapa por la desembocadura de mi mano derecha.

Ahora que mis tareas me desocupan,

Que sé parar,  sentir y recalcular,

Que encontré los hilos que atan

Tus sueños a los míos.

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Vuelvo hoy

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Arte: Andrzej Mazur

Vuelvo hoy

Dejando atrás travesías por desiertos de muertes cotidianas,

Y grises vacaciones en valles de versos mudos,

Con besos desmembrados y ausencias infinitas.

Retiro el polvo hecho película de mis pupilas,

Y extiendo mis dedos hacia la línea del horizonte,

Mientras con un gesto sacudo miedos ensortijados

Y dudas desgastadas.

Mis pies me conducen hacia la vuelta de esa esquina,

Donde hace un tiempo dejé enterrado

-sin mapas ni otras guías-

El sueño en el que te veía caminar hacia mí,

Cargando un bolso de certezas colgado de tu hombro izquierdo.

Los jazmines no cesan en su lucha por despertar

A pesar de esta primavera álgida y tardía,

Y con su fragancia hipnótica

Me invitan a caminar un poco más allá,

Justo al límite, donde acaba mi vida sin vos.

Y ahí estás,

Erguido y con los ojos bien abiertos,

Ofreciendo sonrisas, abrazos

Y palmas llenas de chupetines y chispas de chocolate.

Listo para invitarme subir al carrusel

Y jugar al encuentro sin finales

Montados en un caballo multicolor.

Derribo débiles fronteras

Con el más profundo de los suspiros

Y vistiéndome de sueños nuevos y azules,

Doy ese paso

En el que dejo que mi boca muera dentro de la tuya.

Al fin, he vuelto hoy.

Patricia Lohin