Los poliamorosos

0001
Imagen: theacademynewyork

….

– Necesito saber.

– Es que hay cosas que no sabemos aún.

– Tengo miedo.

– Te ofrezco un juego. Es con fichas de colores. ¿Te gusta el rojo? ¿O preferís las azules?

– Mmm… yo quiero usar las fichas del color que me pinte en el momento. Si querés te dejo las rojas a vos y yo uso todo el resto. Ahora decíme posta: ¿Cómo es eso del juego? ¿Hay un ganador?

– No. Estaríamos ganando los dos.

– Ah, pero qué aburrido…

– Bueh! Lo mejor del juego es que tenemos que usar la creatividad. Y seguir las reglas. Cualquier ficha que incumpla una regla sale del tablero.

– ¿Y para qué sirven las reglas? Si vos decís siempre que las reglas se inventaron para romperlas. Me confundís.

– Tenés razón. No me funcionan las neuronas hoy. A ver…. Y si en vez de reglas… ¿le llamamos contrato de C y A?

– ¿Y quién escribe ese contrato?

– ¡Nosotros! Daleee. Empezá vos que yo anoto.

– Uno: No me mientas.

– Dos: No me ocultes verdades.

– Tres: Ambos podemos salir de este tablero a jugar en otros tableros.

– Cuatro: ¿te parece si seguimos después?

Patricia Lohin

Anuncios

Luna en Tauro

28279970_1597546366997766_8728530240028036514_n
© Sanna Sjöswärd

Que sea verdad el sol que se despierta y se refleja en los cristales de los edificios, en las hojas doradas del otoño, en los parabrisas de los autos que salen para la escuela o el trabajo.  Que sea verdad el sol que se extiende  como un espejismo en la continuidad de la ruta recta que cruza la Patagonia, mientras apoyo mis pies en el tablero y parloteo sobre el libro que estoy leyendo mientras suena Dylan.  Que sea verdad el sol  que acaricia mi espalda mientras corro, el que rueda sobre la línea que divide el campo del cielo hasta despegar, y que me acompaña desde el amanecer hasta el mediodía, haciendo que me olvide de mí misma.

Que sea verdad tu valija, que abrirás para sacar la remera que me pondré por la noche para deambular por la cocina, mientras busco algo para tomar y vuelvo a la cama. Que sean verdad tus promesas no dichas, tus expectativas no puestas sobre la mesa al lado de la taza del café, que sea verdad la incertidumbre y lo que no sabemos, que el no saber abra todas las puertas y ventanas. Que sea verdad el vapor que sale de nuestras bocas un domingo por la mañana al asomarnos por el balcón que mira embelesado las sierras, con la punta de la nariz congelada y  las manos tibias entrelazadas.

Que sea verdad la palabra escrita, la caricia que se demora un poco más en la mejilla, la mirada que devora, la humedad de mis ojos, otras humedades, tu abrazo que anula las distancias del tiempo y crea uno nuevo en donde no existe más nada.

Que sea verdad que estamos del mismo lado, que nos entendemos en este lenguaje mudo que sale por los poros; que sea verdad tu mirada reiterativa, cómplice y repitente sobre la mía, que sea verdad que fuimos, que somos.

Seguir leyendo

Divagaciones de mayo

ad84d9828c5754e1c78208e353c02797
Pinterest

Nos vamos midiendo a ver quién  tiene más. Más coraje, más miedo, más velocidad, más inventiva, más colores, más oportunidades, más cielo, más inicios, más constancias, más juventud, más amor, más paciencia, más tiempo, más capital de cualquier tipo: material o del otro.

El cielo del segundo día de mayo se presenta cubierto e incierto para tantas preguntas tiradas al aire, sin embargo el estado general del corazón por estos lares es soleado, y el estado general de la mente es alerta con probabilidades de tormentas pasajeras, como siempre, porque ¿qué sería de una mente sin tormentas?

Mientras las nubes se apegan al concepto de nublado para todo el día, nosotros nos apegamos a las estructuras que mueven nuestro ser y lo han movido desde siempre: el deseo, el miedo al deseo, lo cercano, lo lejano, la verdad perseguida hasta ser acallada, los poros dilatados para que salga el anhelo reprimido por los siglos de los siglos, las máscaras faciales para tapar esos poros. Matemos al deseo que nos está cagando la jornada.

Nos fundimos entre el deseo de ser y no ser, de salir o no a la luz, de decirlo o callarlo. La ambivalencia resulta otro factor meteorológico que no deja de joder: que llueva de una puta vez o que salga el sol.

Seguir leyendo

¿Y qué hacemos ahora?

tumblr_o58irhqjli1qc91i1o1_540

Imagen: Tumblr

A veces me dan ganas de esconderme.  Como hoy.

Con el tiempo estos episodios ocurren más espaciados. No me hago tiempo de buscar escondites adecuados. Abro el pecho y me pongo de frente a la situación, aunque si me da miedo, cierro y aprieto bien los ojos, como si eso pudiera suavizar cualquier eventual impacto.

No he estado escribiendo. Lo que escribo sucede, y si le doy un final escrito antes de que suceda, obviamente también sucede… el final digo.

Hace poco me acusaron de anticiparme con mis escritos a los finales anunciados. Es que siempre lo supe. No hay manera para mí de no saberlo. No es que pueda adivinar el futuro, pero de algunas cosas que  fueron aconteciendo en mi vida siempre vislumbré principios y finales.

Creo que todos siempre sabemos todo. No hay manera de no saberlo, sí podemos hacernos los distraídos, sí podemos ocuparnos todo el tiempo y llenar los silencios de prolongados batifondos existencialistas. Eso es demorar, ocultar, meter las pelusas debajo de la cama. La verdad es una pared manchada de humedad, la humedad siempre estará ahí.

¿No es acaso preciosa nuestra existencia?

El posible argumento de que todos lo sepamos todo, de que no hay manera de ocultar, de que mi gesto es en realidad bien entendido, me abruma; y certificaría que en realidad somos grandes actores –o pésimos en mi caso-, o tal vez grandes atletas sorteando obstáculos.

Si todo este delirio fuera cierto, nos miraríamos a los ojos y abreviaríamos el trámite. Yo diría ¿Y qué hacemos ahora? Y seguramente todo sería muy aburrido, sin ese juego en donde no estamos seguros de qué piensa el otro, o sin la espera deliciosa que brinda largos períodos apaciguados de una realidad que se va fraguando en el mundo de los sueños.

Tus ojos saben lo que saben mis ojos. Mi alma sabe lo que sabe la tuya. Ya está escrito, sucederá, al menos que en algún momento de cordura o de locura imprima un final que impida el desarrollo de la trama.