Moviendo el corazón

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Red Sofa II Karin Broos

 

Enviar una carta es una excelente manera de trasladarse a otra parte sin mover nada, salvo el corazón. Petronio

Querido:

Las mejores cartas que he escrito en mi vida, con las mejores palabras y los más profundos latidos, fueron para vos, y hace ya un tiempo largo.

En el intervalo hemos muerto, y me ha llevado todo este tiempo volver a desenfundar la Lettera y volver a tipear.

Cuando uno ya no está enamorado, cualquier palabra que dispare será sin consecuencias serias, pasará desapercibida, no creará sentimientos, sensaciones ni daños colaterales. Será una palabra que vivirá en el limbo, sola, desolada, gris, sin latido, inerte, sin posibilidad de irse o moverse. Será como yo hoy: no estará viva pero tampoco muerta.

Creo que ya lo sabés, en esta vida a la larga te acostumbrás a todo: al desamor, al rechazo, al destiempo.

Es un suplicio no estar enamorado y lo estoy padeciendo. En las calles gritan “apasiónense”, como si fuera algo que se consigue comprando una bebida energizante.

Me estoy secando día a día, mi sangre se espesa, no hay nada que erice mi piel, incluso he dejado de escuchar cierta música porque ya no me provoca nada.

Escribo para no morir.

Escribo para que mis dedos sangren al menos, y así sentir a través de éstos. Escribo para escarbar dentro de mis entrañas y encontrar alguna señal de vida humana o lo que fuera que se mueva. ¿Alguna célula tal vez?

Quisiera culparte, tanto como odiarte, aunque sabés que soy de la especie que no aprendió a odiar, sino más bien a odiarse en igual proporción que a culparse. Ni siquiera puedo quererte. Me lo he prohibido enfáticamente, como un acto de auto salvación: como esos suicidas que se tiran de un séptimo piso pero aún así ponen sus brazos delante para amortiguar el golpe. Plan B, voy a incendiar mi edificio pero igual activaré la alarma de incendios.

Sin embargo cuanto te pienso creo que existo. Qué ironía.

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Fuera de contexto IV

1609762_10152803338052888_3151617932689477793_nArtist: Pier Toffoletti

De modo que para mi simple punto de vista demoledor, la vida era como una bola y yo siempre estaba circulando, nunca llegando.

Hay distintas formas de irse. Así como hay distintas formas de morir o matar.

Hay momentos de la vida en los que uno simplemente deja ir todo, como si todo fuera el agua del río que desemboca invariablemente en el mar.

Estaba viva, pero no lo suficiente. Imaginaba la existencia del disfrute como quien imagina trepar el Everest descalzo.

En el fondo de mi alma yo podía aseverar que luego de un episodio sumamente bueno venía uno sumamente malo.

Cuanto más multifunción es una mujer, más rápido capta la atención de un hombre, y más pronto se desvanece el erotismo.

Hay que tener coraje y aceptación para hacer una retrospectiva. Es eso o la censura.

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Tinta china

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Arte: Katya Gridneva

Mientras hay algunos que sobreviven

Otros atinan apenas a no morir.

Ella se detiene y alaba a la muerte desconocida,

Mientras escribe versos de amores que aún respiran.

El supone que el dueto vida-muerte

Lo ha dejado fuera

Y piensa en detenerse,

Como quien piensa en dejar de respirar,

O de abastecer.

Otros se agachan esquivando los golpes.

Quietos y sin sudores observan anonadados

El vals de amor entre el mundo apenas conocido

Y un túnel famélico al final de la oración.

El muere de desamor,

Y ella de desesperanza.

Otros mueren de hambre y ansiedad.

Los niños ni piensan en morir,

Mientras matan fragmentos de tiempo

Que huyen de vuelta al espacio.

Los viejitos sueñan con retornar

De vuelta a los pechos tibios de mamá,

Y otros con escapar,

Pero a dónde?

Promesas que crean un mundo de barajas,

Prontas a derrumbarse con la primera ventisca.

No parecemos acaso hermosos

Por el simple hecho de pensarnos ajenos

Al discurrir de la humanidad?

Mientras paso papel secante a la tinta china

Que delimita el contorno de tu cara,

La servilleta de papel del café donde te escribí esta nota

Queda ahogada en un compartimiento de tu billetera.

Desertores

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Noell S. Oszvald

El mundo no es para cualquiera, “vió”.

Y si no mire la cantidad de desertores que hay a diario. Las bajas de humanos que ya no soportan lo que ven y lo que viven, es como una epidemia húmeda y silenciosa. Pocos hablan de ellos, de los desertores, de los no ungidos por Dios en el último sacramento. Las noticias los esquivan, sabiendo que éstas son la mecha que enciende la pólvora esparcida por el camino.

Pocos pueden soportar este mundo y sus avatares, lo sé en primera persona. Yo que quise desertar varias veces, y mi cobardía me ató a la cama eternos y confusos domingos de guardar, en un cuarto oscuro y lleno de fantasmas, apretando los dientes y la almohada. No hay héroes ni vencedores, sólo vencidos.

No hay un diploma al final de este lado del camino que premie la llegada luego de semejante carrera de obstáculos.  Lo que pase del otro lado sólo podemos conjeturarlo. Mejor tener fe.

Surgen preguntas, desaparecen las respuestas. El latigazo de la realidad no perdona, algunos astutos juegan a esquivarlo con poco éxito en medio de la obscuridad. Depresión es obscuridad, confusión es obscuridad. Las horas pasan narcotizadas, mientras aspiramos drogas informáticas y otras yerbas provenientes de redes intangibles. Pedimos que nos saquen del dolor, pedimos ayuda en lugares equivocados.  No nos atrevemos a mirar, congelados en una situación agobiante ni siquiera podemos movernos, y los que dan dos pasos caen al abismo.

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Noell S. Oszvald

El mundo no es para cualquiera, porque pocos pueden soportar las leyes de la mortalidad, de lo vencido, del amor y del desamor, de las guerras, las dudas, las deudas y del hambre maldito, de la violencia incontenida, del oportunismo.

Si nos parásemos en medio del mapa de la vida, ahí, justo donde está ese agujero negro, y viésemos todo, absolutamente todo, con los ojos bien abiertos y los oídos gentiles, descubriríamos que la yerba buena muere, pero luego llueve y la tierra se reconforta, que a la vida le sigue la muerte y viceversa, que el cauce del río siempre lleva a buen puerto, aunque esté contaminado, que sin lo malo lo bueno sería un suvenir de plástico, que nosotros somos buenos y malos.

Si nos parásemos en ese agujero negro, veríamos que llegamos a mitad del camino un poco caminando y otro poco rengueando, que algunos tramos los hicimos anestesiados, confundidos y adormecidos. Pero que otros despertamos y con un poco de lucidez nos hicimos cargo de lo que pudimos. Vivir despierto requiere de un gran coraje, el mismo coraje que requiere asumir la verdad.

La verdad y este mundo no son para cualquiera.

Sobre la fotógrafa:

Fuente: Página de Facebook de la Escuela de fotografía Motivarte

Noell S. Oszvald es una joven fotógrafa de 22 años proveniente de Hungría. Inició sus trabajos en el año 2012. Trabaja principalmente con autorretratos en donde construye espacios en lo cuales se sumerge. Generalmente se presenta sin mostrar el rostro. Sus imágenes transmiten soledad, calma, misterio y belleza sin pretensiones. Trabaja con fotografías en blanco y negro, utilizando composiciones bien estudiadas y una manipulación sutil de la imagen. Maneja un uso neutral de los colores en cuanto a la vestimenta para que las formas sean las protagonistas. Sus imágenes muestran una interacción con el espacio construido pero sin dejar de lado la sensación de soledad, de aislamiento. Cargadas de poesía, sus fotografías denotan el deseo de la autora de expresar la naturaleza de su cuerpo utilizando elementos tomados de la naturaleza misma.

El alma no llora

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Takahiro Hara – Lucía tumbada

 

 

Ella murió mientras pasábamos una tarde apacible recorriendo los alrededores del río, las chacras y los canales en un auto modelo 76. No hay más recuerdos de tardes gratificantes con mis padres.

Estábamos en paz y los demonios de mi madre habían sido encarcelados momentáneamente a fuerza de tomar pastillas. Seguramente yo estaría llenando los grandes espacios de silencios con palabras al por mayor.

El clima era óptimo, aunque no creo haberme bajado del auto. Los árboles estaban estáticos y era época escolar, lo sé por lo que sucedió en los días siguientes, en los que me esperaban algunas frases del momento y rostros compungidos.

Pudo haber sido otoño o primavera tal vez. No lo sé con exactitud. Los obituarios de esa época no quedaron registrados en los medios actuales, tampoco quedó registro del accidente ni de las otras siete almas que se fueron.

Fue un día soleado, y con doce años ya había aprendido que a un hecho feliz le sigue uno doloroso. Ni siquiera es un karma. Es un hecho consolidado y confirmado fehacientemente por mi experiencia. Un paso bueno, otro malo. Uno para atrás, otro para adelante. Llegar al fondo, comenzar a subir. Un año bueno, uno malo. Una hermosa tarde con mi amiga de la cuadra jugando a que teníamos una nave espacial y a la vuelta mi casa era un caos.

Nunca hubo fallas en este sistema.

Esa tarde marcó mi primera gran pérdida en la vida.

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Cinco vidas: el arte de escribir incoherencias

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 Arte: HELENA JUSCHIN

 
 

Me persigue la muerte y pisándome los talones la vida, pidiéndome ambas explicaciones de estos cinco días que quedan para terminar el mes.
Me quedan cinco vidas para que llegue abril, sin contar el 31 que estaré descansando de mí misma. Volveré a repetir en mi mente el sueño de todos los abriles antecesores: ese que se estrelló contra el piso y quedó formando una alfombra de cristales hirientes.
Dejo de pensar en lo que escribo, porque si reviso, acomodaré cada palabra para que se ajuste a un destino que no me pertenece. Dejaré fluir una a una las sílabas y que vuelen, como ya lo están haciendo algunas hojas que se desprenden de los árboles, huyendo incansablemente del destino de estar amarradas a troncos inmóviles.
Anoche soñé que había sido joven y hermosa; y que vivía en un pueblo junto al río. Me observaba mientras bailaba en sueños, elástica, etérea, en paz. Y yo que ya había olvidado que alguna vez bailé.
Dos por tres los fantasmas vienen a buscarme, me muestran quién fui y qué sueños tenía en mis vidas anteriores. A veces siento que los defraudé, que vuelven para recordarme algo.
Trato de escucharlos, otras me hago la distraída y dejo pasar los abriles. Espero como cualquier otro mortal que suene el timbre de mi puerta, aunque sé que no ocurrirá nunca, pero es una idea que reconforta -que a uno lo vengan a buscar y que no sea la policía- y ayuda a dormir más horas seguidas.
Me persigue la muerte aún en sueños, o será mi propia vida disfrazada una vez más de probables frustraciones por venir, o probables sueños por decaer. Un abril más deseando la misma ilusión que no sube a la categoría de hecho y derecho, cumplido, merecido, obtenido . . . la voz de mi madre que desde muy lejos pregunta: Qué estás buscando?
In others words, please be truth . . . canta Frankie y me río de mis gustos musicales de una mañana nublada. Me distraigo de mis propios desvaríos.
La cuenta regresiva no paró nunca de contar y aquí estoy, parada en el borde del abismo de los últimos cinco días -más el de descanso- antes de empezar a descamarme, arrancarme mis deudas, las dudas, terminar de llorar, vaciarme, cansarme, abrir los ojos y renovar los votos conmigo misma.
Y por qué no, para empezar a escribir algo con más coherencia.

Capítulo uno

Joaquín Sorolla y Bastida – Bacante

El año comienza. Es apenas cuatro de enero. Estoy decidida a escribir cueste lo que cueste. No quiero que mis heridas sangren más de lo debido, si algo habrá de sangrar será la lapicera.
Me he comprado un nuevo cuaderno, como otras tantas veces, en otros intentos vanos de dejar asentado mi paso por el mundo.
Tal vez debería hablar con mi analista de turno el hecho de que ningún cuaderno ha sobrevivido en mi vida, todo lo tiro, todo lo deshecho, todo lo destierro.
Todo lo que llega a mi lo repelo.
El primer tiempo las cosas o sucesos me producen saltos en el estómago, también los segundos y terceros tiempos.
Luego las dificultades me juegan siempre una mala pasada, me adjudico los errores que nacen aquí en el centro –o sea mi súper yo- y se esparcen a mil kilómetros a la redonda. Me culpo, me retraigo, me protejo, tacho, amputo lo que me hace daño, me anulo a mí misma, quedando sola y a la deriva.
No soy una mujer fácil, ni siquiera pretendo serlo. Soy muy difícil.

Tener no es lo mismo que desear, al igual que caminar y correr. Se parecen porque nos trasladan hacia algún lugar, pero mierda que no es lo mismo.
Pocas veces he deseado aquello que aparentemente he tenido. Se puede hablar de tener algo si hablamos de amor?
A medida que pasen los renglones surgirán otras palabras más acordes, o eso espero.
Estoy viviendo, eso lo tengo claro. Me visto por las mañanas, cuido de mi casa, salgo a mi reciente nuevo trabajo, me cultivo leyendo libros no muy trascendentales, sólo los que a mí me llegan. Esporádicamente miro series, emboto mi cabeza en las problemáticas de otra gente que ni siquiera existe, pero a veces se parece tanto a la vida real! Busco en las repeticiones mis propias repeticiones, busco desesperadamente finales felices luego de largos caminos llenos de espinas, busco poemas dolorosos que terminen en amor.
Y escribo para escapar de los fantasmas de la dependencia emocional.
Sí, soy uno de esos bichos que depende emocionalmente de otras personas, cuestión que aún ningún diván me ha respondido con alguna parábola que entienda. Si nací sola, y estuve sola más tiempo del que realmente hubiese querido en mi vida, por qué dependo de otros seres como una planta depende del agua?
Gente? Siempre hay alguien alrededor, circulando en sus propios ombligos o tal vez divagando sobre la imposibilidad de unir su ombligo al mío. Realmente tengo alguna cuestión seria que impida una conexión emocional con otra persona?

Joaquín Sorolla y Bastida – Antes del baño

La última vez que dejé un corazón emparchado me dijeron que yo era muy pasional. “Tus besos, la intensidad de tu mirada, tus gestos, todo es pasión.” Tal vez en parte sea cierto, que soy un torbellino a la deriva y sin nombre. Dejo despeinado a más de uno, y no lo digo para pavonearme. Una brisa es buena, vendaval todos los días no.
Soy un esquimal en un iglú frío y despojado, aunque en realidad lo que deseo con  toda mi alma es vivir en un meridiano más cálido, en una casa llena de pies y manos, de bocas y narices, de pelos, de cuatro patas deambulando por ahí, una casa con patio y cocina, con olor a comida en los horarios permitidos, con perfume a sándalo en las noches de verano, con risas pintando los rincones, paredes de colores, el sol y la luna peleándose todos los días por entrar, ventanales, cortinas etéreas, mis pies descalzos en el patio besando la noche.
Mis fracasos en el amor me dan frío, y en este iglú la única manta que tengo no alcanza a tapar mis pies.
No soy infeliz. Sólo respiro momentos, me inquieto demasiado por lo que vendrá. Las etapas de incertidumbre me pesan como una losa de mil kilos sobre mi espalda, no los soporto y quiero dar el salto hacia el the end. Sé que es imposible, que debo aprender. El aprendizaje es eterno y nunca llega el día de decir “confieso que he vivido”, me levanto todas las mañanas y digo “confieso que estoy viviendo”. Hay frases peores: “Hago lo que puedo”
Por eso escribo, como una manera de acallar todas mis suposiciones, es el lugar en donde rescato mis sueños y vuelvo a ser yo. Esperanzada, eternamente enamorada, alegre, atrevida, despreocupada, risueña. Nunca debería haber hecho huelga de escritura ni abandonado mi yo, que a veces es tan fuerte y tan débil, como el viento tempestuoso que arrasa con todo y luego simplemente deja de existir.

Estuve dormida muchos años y lamentablemente a veces los recuerdo como los mejores.
Años despojados de pasiones, ausente de mis sentimientos, sin sobresaltos, ni grandes emociones, ni grandes metas o sueños. Años anestesiados. Ah, qué bueno es eso, la rutina y la inercia, es como vivir tomando somníferos desde la mañana a la noche.
Una hoja era la oportunidad para anotar la lista del mercado, no más. Las charlas cotidianas eran meras conjeturas sobre la cuota del auto o los dientes bajo la almohada para el ratón Pérez.
La cama el mejor lugar del mundo para dormir y jugar al mírame y no me toques. El borde del colchón un precipicio, del otro lado una selva llena de animales peligrosos, el lugar en donde yo creía estaba mi compañero, era ocupado por un desconocido.
Y yo, cual Alicia, sin poder escapar de ese país maravilloso.
Así lo tuve todo, lo más vacío del universo……..

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